martes, 30 de noviembre de 2010

Bar à hôtesses



Giró su vaso y miró cómo la piedra de hielo daba vueltas manteniéndose a flote. Contó las burbujas que se habían formado: 27. No le gustaba; paradójicamente prefería los números pares. Le dio otra vuelta y volvió a contar: 49. El juego iba perdiendo su gracia. Levantó la vista de la copa y buscó clavarla en alguien, pero ni el barman parecía preocuparse de ella. Entonces se levantó y más seseante que zigzagueante se dirigió al aseo. Sentada, bajó su cabeza y se peinó con las manos. La levantó de golpe. Parecía una leona. Tras tirar de la cisterna, salió y se paró frente al espejo. Se vio sus dos lunares debajo de sus dos ojos y se le antojaron el par de lágrimas de un payaso. Era una simetría perfectamente triste. Ya de vuelta, observó que pegada a su butaca había otra. Se fijó que parecían un ying-yang con su blanco y negro. Se sentó no sin cierta dificultad, esperando a quien ocupase su lado derecho. Cansada de esperar, tomó su vaso y le dio una vuelta seca; luego un trago, un suspiro, un cigarrillo, una mirada al reloj...Notó un empujón. Era el barman. Barría el bar. Cerraba...




domingo, 28 de noviembre de 2010

Mourir de vieillesse



-Con un poco de cariño viviría hasta los 110 años.

El día que dijo eso era un hombre de 90 que apenas comía. Su respuesta vino provocada por cuestionar su dieta, y la receptora, su hija, no pudo más que callarse ante el reproche velado que escondían sus palabras.

Cuando el hombre volvió a quedarse solo, respiró tranquilo ante su intimidad no invadida. Mientras la hija bajaba por las escaleras, pensaba que no era capaz de querer a ese hombre.

Dora lo veía pasear mecánicamente con paso marcial. Sabía que él había sido infeliz y había provocado infelicidad. Cuando era pequeño, le pusieron corrientes para aplacar sus nervios; luego vino la guerra, luego la postguerra...Toda la fortaleza de antaño, el mal carácter y el temperamento habían dado paso a la indefensión, la soledad y la miseria.

Inevitablemente pensó en su abuela, besó el anillo que siempre la acompañaba y se sumergió en la nostalgia y el desazón.

¿Para cuánto duraría su cariño?


jueves, 25 de noviembre de 2010

Désolée



Dora era una niña de 14 años. Tenía un novio de 18 que le parecía un hombre. Cuando se iba acercando el cumpleaños número quince, su novio le dijo que tenían que hacer algo muy especial. LLegó el día y él la colmó con regalos. Es curioso cómo a los que se les presupone poco inteligentes son capaces de manipular a los que se les cree inteligentes. Salieron a dar un paseo y él la frenó frente a uno de esos portales de los barrios con solera. La puerta impresionaba: por su altura, por su porte, por su talla...Ante la aparente casualidad, se percató de una placa que colgaba de la pared: Pensión.


-Vamos.


Subieron. Ella se quedó en el descansillo de las escaleras mientras que él lo arreglaba dentro. Pasados unos minutos la hizo entrar, y ella se sentía como allanando una morada. Rápidamente la condujo a una habitación. Los techos eran altísimos y su cara ardía de pura vergüenza. No quería estar allí. No recuerda cómo pero se recuerda debajo de él. Su cara girada llorando mientras decía no. La mano de él tapando su boca...


Comienzo de la oscuridad.


Se rió de sus lágrimas cuando ella vio la manchita roja en las sábanas, cuando le habló de su abuela, cuando le dijo que no la había escuchado...


Se rió de ella cuando le pidió (él) que pagara la pensión. Le dijo que ése era su regalo de cumpleaños. El quid pro quo.


Pagar por ser mancillada.


Ese día no dejó de ser niña para pasar a ser mujer. Pasó de niña a agujero.


Quizás alguien lo sienta tierno...






domingo, 21 de noviembre de 2010

Assassine en sèrie



La sedujo con solo mirarla. No tardaron en ir a su hotel; estaba de paso. Una vez allí, le mandó sentarse y sin despojarse del tono imperativo, la invitó a cerrar los ojos. Un instante después los cubría con un retal de tacto suave que apretaba sus sienes con dureza. Sintió cómo se posaban sobre ella sus manos frías y la desnudaban. Sintió cómo penetraban en ella fríos objetos de metal, cómo ardía la lengua que le conectaba con sus adentros, cómo se llenaba y se empachaba de sus largos e interminables silencios. El placer se extremaba gimiendo gritos.

Cuando el silencio retornó y sus ojos volvieron a la realidad, se encontró con su propia imagen en la pantalla del televisor que reproducía sin fidelidad lo ocurrido, lo sentido. Él permanecía sentado en el extremo del sofá observando. Miraba la imagen, pero se miraba a sí mismo.

Con el retal todavía enredado en sus dedos, y con los dedos todavía temblando en sus manos, se levantó de un salto y se situó tras él, que ensimismado de sí mismo, no opuso resistencia al retal que se ajustaba a su cuello ahogando su solitaria perversión.

Lo mató.

Lo mató su despiadado egoismo.


sábado, 20 de noviembre de 2010

Attitude


El viento alborotaba su larga melena anidándola. Las gotas de lluvia endulzaban la sal de sus lágrimas. En las manos sus primeras zapatillas, viejas, desgastadas. Bajó la mirada y se encontró con sus pies desnudos, encallecidos, fríos. Todo en ella temblaba, trémulo. Evocó a aquélla que valiente se arrojó al mar dejándose mecer por el oleaje. Recordó el cisne que tantas veces fue. Cisne quebrado era.
La soledad de la playa de invierno acompañaba su despedida. Su cuerpo se había parado como la cuerda del reloj; el mecanismo perfecto se desmonta con la primera fisura.
Alzó sus brazos, primera posición, demi plié...El cisne negro es más hermoso aun que el blanco.

miércoles, 17 de noviembre de 2010

Pornographique?


Se pintaba negra la raya del ojo y el lápiz se astillaba tiñendo de sucio rojo sus pestañas.
El plató estaba preparado. Hoy tocaba rodar un trío, con Carolina, una colombiana despampanante, y con Marcelo, el único negro que no le producía alergia. La sensibilidad de su blanca piel llegaba al punto de que el contacto con la piel negra le producía escozor e irritación. No sabía explicar porqué, pero era así. El olor también le resultaba fuerte, pero no llegaba a provocarle esa reacción. Marcelo le contó que había conocido a otras japonesas a las que les ocurría lo mismo, pero que el escozor lo focalizaban sólo en la entrepierna. A ella con sólo darse la mano, ya se le ponía colorada.
Preparada para una sesión interracial, perfumó su cuerpo y lo cubrió con su kimono. Estaba pintado a mano y era un recuerdo traído de Tokyo, de su casa. Lo decoraban aves de largos cuellos que se entrelazaban con juncos y flores. Se envolvió en él antes de girarse para ver el atuendo preparado para el último show. Era un conjuntito de colegiala. Hasta el tanga era de cuadritos escoceses. Marcelo iba de policía y Carolina de enfermera. Coincidieron los tres mirándose y se rieron lacónicamente.
Carolina se acercó a ella para limpiar la gota de sangre coagulada que colgaba de su pestaña.
-¿Qué pasa ángel? ¿No estás animada hoy, mi niña?
-No. El director me ha llamado para decirme que es mi último trabajo.
-¿Por qué, mi ángel?
-Por japonesa. Dice que no inspiro la brutalidad que quiere en las tomas.
-Eres dulce, angelito; pero tienes la mirada más dura que he visto jamás comiendo una polla. Da igual que siempre la lleves baja y escondida tras el negro.
-Pues me ha dicho que ni disfrazándome de escocesa pierdo el Oriente.
-Ay mi ángel, hoy vas a volar con esas alas tuyas de lo mucho que te vamos a querer el negro y yo.
-Quiero volver al Norte, volando...


domingo, 14 de noviembre de 2010

Crier vengeance

Te miro con el descaro de tener la razón, con el gusto por acariciar la venganza. Te miro sin velo. Te miro y me río.
Querrías que me diera la vuelta, que agachara la mirada, que volviera sumisa a apoyar mi cara contra la almohada; que te ofreciera mi mejor cara (o espalda).
Dices que ya no reconoces mi mirada, que mi voz se ha apagado.
Respondo que tú me has matado, pero que yo he resucitado.
Y es ésa mi venganza. Y es ése mi reto.
Sácame la foto y vete.
Llévate impresa mi mirada.
Resentida...


miércoles, 10 de noviembre de 2010

Chienne de vie

Me abrazó pero yo me escapé. Me escabullí de sus brazos pegajosos y corrí por una autopista hasta pararme debajo de un puente. Miré hacia arriba e imaginé el salto. Miré para abajo y me quemaba el asfalto. A los lados no había más que una mustia vegetación que no hacía más que aumentar mi soledad. Las luces lejanas no dilataban más que mi ansiedad.
Me he perdido.

Miau.

-Miau no, Guauu.
-¿Quién dice eso?
-Un perro que te persigue desde lejos.
-Perro tenías que ser...


domingo, 7 de noviembre de 2010

L'historienne



Érase una vez una niña que tiraba botellas al mar con un mensaje dentro, y otra que miraba la luna desde su ventana todas las noches; había otra que escribía cartas y las guardaba en un cajón, y otra que gritaba al mar desde los acantilados.


Había un vez un niño que gritaba en la playa llamando a su mamá, y otro que se subía a los árboles para ver más allá; érase un vez un niño que mirando dentro de un pozo decidió saltar, y otro que partía los bichos en dos cachos.


Un día la niña de los mensajes en la botella se encontró con el niño que llamaba a su madre; los dos ya eran mayores y chocaron caminando por la playa. Se miraron y se dieron cuenta de que los dos iban buscando algo en su paseo por el arenal. Se dijeron:

-Hola, disculpa mi despiste, iba pensando en otra cosa.

-Sí, yo también. Camino mirando al suelo por si aparece algún tesoro.

-Yo miro siempre al frente por si encuentro lo que busco.

-¿Qué buscas?

-Respuestas

-Y tú, ¿qué tesoros esperas encontrar?

-Respuestas también.


Otro día la niña que de pequeña miraba la luna y ya se había convertido en una mujer, miraba por la ventana de su nuevo piso alquilado en el centro. No se veía ni un árbol; pero en la azotea de un edificio cualquiera vislumbró a un hombre tras un telescopio. Era el niño que de pequeño se subía a los árboles para ver más allá. Cuando él giró su telescopio, se encontró con la mirada de aquella niña alzándose hacia la luna llena, y cuando bajó, se clavó la mirada de la mujer en los ojos del hombre. Todas las noches se siguieron encontrando.


Un día la niña que escribía cartas que iban al cajón escribió un libro; se titulaba Escaleras para un pozo, y narraba la historia de un niño que jugando se había caído en un pozo, y cómo fue tallando en la piedra unos escalones durante años. En cada escalón escribía una palabra cuyo resultado final fue:

Guarda

Secretos

En el fondo

Que

Te llevarán

A la superficie.


Cierto día la niña que gritaba desde los acantilados al mar, decidió tirarse en acto consciente.

Aquella tarde el niño que disfrutaba abriendo bichos, convertido ya en un hombre, se enfrentó a la autopsia de una mujer bellísima que habían encontrado muerta flotando en el mar.


Y colorín colorado, el cuento de los cuatro niños ¿¿se ha acabado??


martes, 2 de noviembre de 2010

Ophelia



Sabes que no miento si te digo que me acabas de elevar; que creo en el éxtasis de la belleza, en la conmoción de la sensibilidad, en que se me retuerce el alma en un suspiro.

Sabes que no miento si te digo que creo que la unión más firme entre seres es la que podríamos tener nosotros. Luchar juntos, gozar juntos y por separado, reunirnos aunque sólo sea para contárnoslo...

Sabes que miento si te digo que iré a buscarte; pero sabes que siempre te estaré buscando.

Sabes que vivo sin ti (nunca lo he hecho contigo), pero me convierto en alguien normal si estás lejos.

No sabes quién soy, pero me dibujas como alguien que me gustaría ser.

Sabes de mis fantasías, las creas.

Sabes de mi dolor porque ahí estabas para recogerme en la caída.

Y sabes cómo me río.

Quizás nunca querrás oír lo que no sabes...o quizás quieras saberlo, curioso...

Me fumo un pitillo y te tiro el humo a la cara.

Curioso que me haya sentido La mujer con alguien que no me ha rozado más que con su alma.


En un día tan especial como hoy, me apetece escribir para ti.

Quid pro quo.