viernes, 25 de marzo de 2016

Contractura.

He subido una montaña y me pesa el oxígeno en los hombros. No consigo librarme. Allá donde vaya siempre me encuentro ese aire cargado. Arriba o abajo. Cuando decidí morir creí que levitaría levedad; no ha sido así. Ahora me hundo en profunda fosa intentando recordar que no morí pero que lo haré. He bajado la montaña y me arrepiento de no haber chillado allí arriba, porque aquí abajo la voz cae en picado, se ahoga hacia dentro y estalla en mí. Rebota hueca.