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miércoles, 10 de noviembre de 2010

Chienne de vie

Me abrazó pero yo me escapé. Me escabullí de sus brazos pegajosos y corrí por una autopista hasta pararme debajo de un puente. Miré hacia arriba e imaginé el salto. Miré para abajo y me quemaba el asfalto. A los lados no había más que una mustia vegetación que no hacía más que aumentar mi soledad. Las luces lejanas no dilataban más que mi ansiedad.
Me he perdido.

Miau.

-Miau no, Guauu.
-¿Quién dice eso?
-Un perro que te persigue desde lejos.
-Perro tenías que ser...


domingo, 7 de noviembre de 2010

L'historienne



Érase una vez una niña que tiraba botellas al mar con un mensaje dentro, y otra que miraba la luna desde su ventana todas las noches; había otra que escribía cartas y las guardaba en un cajón, y otra que gritaba al mar desde los acantilados.


Había un vez un niño que gritaba en la playa llamando a su mamá, y otro que se subía a los árboles para ver más allá; érase un vez un niño que mirando dentro de un pozo decidió saltar, y otro que partía los bichos en dos cachos.


Un día la niña de los mensajes en la botella se encontró con el niño que llamaba a su madre; los dos ya eran mayores y chocaron caminando por la playa. Se miraron y se dieron cuenta de que los dos iban buscando algo en su paseo por el arenal. Se dijeron:

-Hola, disculpa mi despiste, iba pensando en otra cosa.

-Sí, yo también. Camino mirando al suelo por si aparece algún tesoro.

-Yo miro siempre al frente por si encuentro lo que busco.

-¿Qué buscas?

-Respuestas

-Y tú, ¿qué tesoros esperas encontrar?

-Respuestas también.


Otro día la niña que de pequeña miraba la luna y ya se había convertido en una mujer, miraba por la ventana de su nuevo piso alquilado en el centro. No se veía ni un árbol; pero en la azotea de un edificio cualquiera vislumbró a un hombre tras un telescopio. Era el niño que de pequeño se subía a los árboles para ver más allá. Cuando él giró su telescopio, se encontró con la mirada de aquella niña alzándose hacia la luna llena, y cuando bajó, se clavó la mirada de la mujer en los ojos del hombre. Todas las noches se siguieron encontrando.


Un día la niña que escribía cartas que iban al cajón escribió un libro; se titulaba Escaleras para un pozo, y narraba la historia de un niño que jugando se había caído en un pozo, y cómo fue tallando en la piedra unos escalones durante años. En cada escalón escribía una palabra cuyo resultado final fue:

Guarda

Secretos

En el fondo

Que

Te llevarán

A la superficie.


Cierto día la niña que gritaba desde los acantilados al mar, decidió tirarse en acto consciente.

Aquella tarde el niño que disfrutaba abriendo bichos, convertido ya en un hombre, se enfrentó a la autopsia de una mujer bellísima que habían encontrado muerta flotando en el mar.


Y colorín colorado, el cuento de los cuatro niños ¿¿se ha acabado??


martes, 2 de noviembre de 2010

Ophelia



Sabes que no miento si te digo que me acabas de elevar; que creo en el éxtasis de la belleza, en la conmoción de la sensibilidad, en que se me retuerce el alma en un suspiro.

Sabes que no miento si te digo que creo que la unión más firme entre seres es la que podríamos tener nosotros. Luchar juntos, gozar juntos y por separado, reunirnos aunque sólo sea para contárnoslo...

Sabes que miento si te digo que iré a buscarte; pero sabes que siempre te estaré buscando.

Sabes que vivo sin ti (nunca lo he hecho contigo), pero me convierto en alguien normal si estás lejos.

No sabes quién soy, pero me dibujas como alguien que me gustaría ser.

Sabes de mis fantasías, las creas.

Sabes de mi dolor porque ahí estabas para recogerme en la caída.

Y sabes cómo me río.

Quizás nunca querrás oír lo que no sabes...o quizás quieras saberlo, curioso...

Me fumo un pitillo y te tiro el humo a la cara.

Curioso que me haya sentido La mujer con alguien que no me ha rozado más que con su alma.


En un día tan especial como hoy, me apetece escribir para ti.

Quid pro quo.

domingo, 31 de octubre de 2010

Réciproque




Cuando la profundidad del beso hubo terminado y sus labios comenzaban a separarse, abrió los ojos. Lo hizo lentamente, como quien se despierta de un dulce sueño. Clavó su mirada en sus pupilas y quiso entrar en ellas.



Cuando después de hacer el amor se fundieron en un largo abrazo para perpetuar la unión habida, quiso dejar de apretar para sentirse apretada, pero no podía aflojar la tensión. Quiso amarle con los brazos.



Cuando aquella caricia se posó en su pecho, quiso ser dulce como la caricia, pero despertó su instinto más salvaje. Reaccionó como si lo recibido fuese un bofetón. Le mordió la boca. Quiso que también corriera su sangre como lo hacía la de ella.



Cuando queriendo sorprenderla tapó sus ojos y rozó los labios con su cuello, sintió que querían asfixiarla. Volvió el rostro. Quiso darle la espalda y se encontró con su cara.



Quizás entenderse no era cosa de dos. Quizás primero debía entenderse a sí misma.



viernes, 29 de octubre de 2010

Rompre le silence



Se hizo amiga de un niño autista. Ella sabe que es imposible una amistad convencional, pero sabe que son amigos. Siempre eligió sus amistades. Personas de amplia sonrisa, personas de lengua afilada, personas incombustibles para la marcha, personas de mirada limpia, personas con vida vivida, personas que saben escuchar, que quieren oír...Él cuando lo conoció era como una cría de pájaro; un niño que parecía vivir asustado y andaba de puntillas y de lado (con cuidado de no chocar con nadie ni de hacer ruido). De vez en cuando salmodiaba una canción, y de esa manera era la única de que asomara una sonrisa en su cara. Al reirse parecía una caricatura hermosa: su boca grande llena de dientes, sus ojos bizqueando, los mocos cayéndose. Decidió desde esa primera sonrisa, que ella se encargaría de provocarle más. Vio tantas cosas apretadas, escondidas pero cómodas, sin querer salir de ese cuerpo y de esa cabecita que no paraba de girar sobre sí misma con la misma canción.Deseaba ser conocedora de todo lo que pensaba, pero sobretodo deseaba saber lo que sentía.

El niño fue creciendo. Al principio de su amistad le tocó hacer de poli mala, preocuparse por sus estudios, que hiciera los deberes...Él le hacía el caso justo ( a veces ninguno). Después fue dejando que se preocupasen tanto otros, y ella pudo intentar ser más cómplice. Entonces empezó a tocarle; consiguió que "chocaran" como los americanos y comenzó a llamarle George. Él iba a buscarla todos los días. Se acercaba a ella y la saludaba mirando siempre al suelo, ella le preguntaba cualquier cosa´, él rápidamente respondía y ya se alejaba pero no mucho. Se mantenía cerca, y si alguien se acercaba a ella a preguntarle cualquier cosa o demandaba su atención, entonces George aparecía en un segundo plano; luego quería saber qué le habían dicho.

Llegó a la adolescencia y Dora lloró pensando en él, pero pudo ver cómo su vida se iba normalizando, cómo salía con algunos chicos,cómo algunas chicas lo cuidaban, cómo seguía canturreando.

Después de unos meses sin verse, donde supo que George había sido feliz viajando a Londres, llegó el reencuentro. Él apareció sigilosamente y acercándose con el mismo sigilo le dio dos besos.

Esos dos besos quedarán para siempre grabados en su alma. Son la expresión de la expresión. Son la prueba de su amistad junto con esa mirada que sabe que a veces le busca.

Querría poder evitarle todo el sufrimiento del mundo. Le gustaría que hubiera sido capaz de gritar cuando sus padres se separaron, que hubiese mandado a la mierda a aquéllos imbéciles que un día se metieron y se meterán con él, que aquella niña a la que un día hacía rabiar, le hubiera sonreido, que se fume su primercigarro con ella.

George va a ser un genio

pero George ya es genial.



miércoles, 27 de octubre de 2010

Rouge à lèvre



De la importancia de los gestos.

Si hay uno que le produce fascinación es correrse todo el carmín de los labios a la cara con la fuerza arrebatada y cerrando los ojos de pura concentración.

¿Por qué?



domingo, 24 de octubre de 2010

Étiquettes.

Mala suerte.
Es lo que le dicen que tiene.

Ella al principio también lo creía, pero ahora ya cree que hay algo en ella que falla; es algo así como un imán invertido: al principio atrae fuertemente, pero una vez superado ese primer momento, provoca el efecto contrario (repulsión?).

Me estuvo contando historias, romances, relaciones...Se le ocurrió que podía etiquetarlas y clasificarlas como las entradas de los blogs. Había un grupo que le daba especialmente por el...

y es el grupo de los de "¿Puedo llamarte? te dicen una noche, y todavía estás esperando a que te llamen". Una vez que tienes claro que les gustas (porque eso se nota) ya te puedes empezar a romper la cabeza. Me hace gracia su orden de ideas:


  1. Anoté mal mi número de teléfono.

  2. Perdió el teléfono.

  3. Le ha ocurrido algo.

  4. Tenía novia y con la luz del nuevo día lo recordó.

  5. ¿Asusto?

Acumula varias historias de éstas y cuando nos las cuenta, hay gente que se ríe. Realmente ella lo cuenta con gracia, pero se nota que le jode. Por lo demás, ¿dónde está la gracia en que te generen una expectativa que no demandas y no la cumplan?


Cuando conoce a un chico, puede que al principio no se sienta fuertemente atraída hacia él, pero si él muestra interés, consigue que el de ella crezca. Siente una ilusión. Y esa noche o madrugada, cuando se acuesta sola, hace planes románticos.


Conoció a un inglés: alto, rubio, fuerte, joven...Fue dulce con ella, y al mismo tiempo supo aplicar la fuerza suficiente como para conseguir engancharla. Recuerda cómo la besó en la frente con ternura, y cómo la empotraba contra la pared con la fuerza de su pelvis. Se despidió preguntándole si podía llamarla. Ella marcó su número en su teléfono para que él lo guardara, él escribió su nombre y eso es lo último que recuerda. Esa madrugada, tumbada en la cama, se vio cruzando la campiña inglesa en un coche. Imaginó la mejor luna de miel: kilómetros y kilómetros viajados en coche, atravesando bellos parajes, escuchando viejas y nuevas melodías, cantando, charlando, jugando, deslumbrándose ante todo lo nuevo que aparecía ante sus ojos, aprendiendo inglés, haciendo paradas obligatorias para satisfacerse, durmiendo en viejos moteles de carretera, disfrutando de la única compañía del otro...


Se pasó siete noches pensando en la luna de miel en carretera.


La octava se fue acompañada a otra cama. El problema es que de ésa, sí se llevó un número de teléfono que ella no pidió. Se llevó un número y ninguna ilusión.


miércoles, 20 de octubre de 2010

La Femme



No tuvo conciencia de femenina hasta la adolescencia, pero tuvo conciencia feminista desde pequeña. Por épocas potencia su femineidad, y hay momentos en los que no la siente como suya. Parece vivir siempre en la transición de niña a mujer, y no encuentra su sitio.

Tiene sonrisa de niña y mirada de mujer.

Siente como una niña y vive como una mujer.

Me contaba que tenía la regla, y que no necesitaba ni una compresa, que con un salvaslip le servía. Le dije que eso era una suerte, y que muchas mujeres la envidiarían por ello. Me contestó que ella quería sentirse mujer, y que con tan poca regla se sentía medio mujer. Una tercera persona se rió, y la llamó dramática y exagerada. Yo le dije que me contara por qué...

-Sara, me vino la regla a los 13 años y fue una fiesta. Me moría de ganas de tenerla y ser como las demás. Quería tener algo que contar como:" a quién se lo había dicho primero". Me inventé una historia ante las chicas del colegio. Les dije que se lo había contado a mi padre porque tenía más confianza con él que con mi madre. Una mentira más. Se lo dije a un padre que me miró y me dijo "eh?". Tardó tres meses en volverme, y cuando lo hizo era la víspera de un viaje a la montaña con campamento incluído. Bajamos un río en piragua. Gané, pero perdí mi regla por tres meses más. Luego empezaron las relaciones sexuales y los embarazos psicológicos. Entonces apareció la píldora. Con ella llegó la regularidad a mi vida. Aparecía la regla y desaparecía el sexo. La historia se repite durante años hasta que tras mi última ruptura decido dejar la píldora. No es que sea una suicida camicace, pero lo parezco. Aparecen los tests de embarazo y las pruebas médicas. Necesito explicar porqué soy una mujer sin regla. Estoy sana (por lo menos de eso, ¿qué es eso?), pero no sangro por ahí.

Quizás es que yo sea una mujer que sangre por otro sitio, Sara.


lunes, 18 de octubre de 2010

Escalier en colimaçon


Dora subió las escaleras sin mirar atrás. Se contoneaba a sabiendas de que aquellos ojos, y sobretodo aquella mirada, se habían posado en su culo desde el mismo momento en que la dejó pasar. Cuando llegó arriba, movió ligeramente el cuello amagando volverlo, pero como arrepentida, sólo tocó su pelo, colocándolo tras su pequeña oreja.


Cuando ya había decidido renunciar al coqueteo, sintió que él estaba tras ella. Era una presencia mayor que la de una sombra. Invadía su espalda, y abarcaba el espacio. Debió subir rápido aquellas escaleras, porque notaba su repiración sofocada. Disimuló su quietud mirando el mural imponente que coronaba la escalinata, y disfrutó pensando en ese hombre ahí parado; un hombre que podía cubrirla sólo con acercarse un poco más, un hombre al que darle la espalda para que respirara sobre su nuca, un hombre-manta para abrigarse, para resguardarse, para escondidos, pasar calor juntos.


Aguardaba el tacto de su mano. La pensaba sobre su hombro, fuerte; como la invitación callada a un irse juntos. Sin querer, o sin poder evitarlo, levantó el mentón alzando levementela cabeza y entrecerrando los ojos. Acompasó su respiración una, dos, tres...


- Se te ha caído el pañuelo- Le dijo con su voz ronca.


Dora entonces se volvió y el rubor subió a su cara.


-Ah, muchas gracias, soy un desasatre y siempre ando perdiendo cosas- Le contestó.


-Es precioso. A punto estuve de no decirte nada. No pude evitar olerlo y desear quedármelo.


-Ah, será mi perfume...


-Sí. Y ahora tengo la necesidad de olerlo sobre tu piel.


Sin mediar más palabra, Dora le ofreció la palma de su mano. Su dedo corazón en la mitad de su nariz, y la palma apretándole levemente los labios. Él hundió su cara en ella y la deslizó hasta la muñeca. Ahí posó la nariz y la punta de la lengua, provocándole un ligero escalofrío. Respiró profundamente. Dora alejó la mano y buscó su mirada.


-Me encanta.


-Gracias.


-Ha sido un placer.


El perfume embriaga los sentidos y provoca a las sensaciones.


Querría volver a olerte.


-Mejor quédate con mi pañuelo. Adiós.


Y así se fue, con el paso acelerado, sin el pañuelo y muy excitada.





domingo, 17 de octubre de 2010

C'est dégoûtant


Llevo días queriendo escribir algo bello, y no puedo. Me siento, me tumbo, cierro los ojos, miro por la ventana...y sólo hay una palabra que se me viene a la cabeza: "asco". Cuando una quiere escribir algo bello, y la única palabra que la envuelve es "asco", mejor no escribir.


Hubo una tentativa:

"Asco. Le confesó que había deseado que ella fuera la madre de sus hijos sabiendo que su mujer ya estaba embarazada. Asco. Pensó que era lo que ella sentía hacia él cuando le dijo que no quería tener sexo. Asco. Por aquél que no entiende nada, y que lo lía todo. Asco. Por no cuidarla, por asustarla, por perderla".


Me gustan las historias bonitas aunque sean tristes, pero destesto todo aquello que se convierte feo de puro real.

Nadie tiene derecho a apagar sonrisas

a generar muecas

a cortar alas

a llenar de sombras días de luz

a encerrar pasiones, a manchar inocencias, a sembrar desconfianzas.

Nadie debe engendrar sus demonios en el otro.


Encontré a Dora temerosa, hundida, angustiada...queriendo encerrarse para aislarse de los peligros que ella misma sentía provocar. Me dijo que sentía asco de sí misma y de su vanidad. Asco de necesitar la adulación.

Y yo, sin poder evitarlo, me he contagiado de asco.

Y no sé qué decirle...

domingo, 10 de octubre de 2010

Le mythe de la caverne



Un día cualquiera de otoño...


-Quítate las botas.

-No.

-Por favor, quítate las botas.

-No. Y luego, ¿qué querrás que me quite?

-Los pantalones.

-¿Y luego?

-Las bragas.


Una semana después en otro paisaje otoñal...


-¿Qué quieres que me quite?

-Los zapatos.

-¿Y luego?

-Los pantalones y las bragas.


No me voy a quitar nunca las botas, Sara, ni los zapatos. No voy a despejar el camino hacia su placer, mientras no encuentren las palabras que como las de AliBaba lograron abrir la cueva del tesoro. Las botas son como el escudo del guerrero que llevo en esos momentos, y que me protege de la agresión que me puede suponer un cuerpo extraño con palabras manidas.

Y eso es lo peor, lo que hace que no te llegues a sentir especial ni única; unas palabras formuladas, un texto aprendido, una receta, un salmo, una blasfemia contra la magia.

Qué graciosos los fetichistas del zapato, los adoradores nocturnos del pie, los amigos del ritual...

No creo que existan, Sara.

Son fetichistas de lo fácil, hedonistas de su pene y no son amigos míos...







martes, 5 de octubre de 2010

Squelette



En el cuerpo a cuerpo se sentía como una destripadora. Diseccionaba visual y mentalmente todas las partes de su cuerpo y las del otro.

Focalizaba la atención en los genitales y a veces perdía la concentración.

Un torso peludo en el que se pierde adivinando canas.

Unos hombros objeto del fetichismo.

Un ombligo en el que indagar intimidades.

Unas caderas en las que dibujar ángulos.

Unos muslos a los que retar en fuerza.

Unos pies para comparar.

Unas manos que atar.

Unos párpados para besar.

Una nariz en la que hurgar.

Y un perfil por el que pasear.

Unas ingles que acariciar.

Unas nalgas a prueba de confortabilidad.

Una espalda y a traición.

Unas rodillas casi siempre frías.

La vista panorámica y cenital de una cabeza entre sus piernas.

Unos ojos que se fijan en una mirada.

Unas uñas dispuestas para una garra.

Un costado que ofrece bienestar.

Un cuello que se ofrece dilatado.

Bocas hambrientas, sedientas, secas, tristes...

Dientes que escarban

Lenguas que buscan


Pensaba que pocas veces había encontrado poesía en el sexo, pese a lo desnudo de los cuerpos.


Pensaba que su voz no sonaba poética.







domingo, 3 de octubre de 2010

Curiosité



Se despertó con una sonrisa. Hacía tiempo que no le pasaba, y eso que la noche anterior había tenido un escarceo; que lejos de sacarle una sonrisa le colocó una mueca. Ya lo contará cuando lo encuentre gracioso.

Había soñado con el nacimiento de su hijo. Curiosamente el parto había sido asistido dentro de un coche por su padre (de ella que no de la criatura que obviamente sería hijo de madre soltera). Un parto que curiosamente no dolió; al recordarlo, lo rememora como si de tirar un pedo se hubiese tratado. Que su padre fuera la comadrona, que el parto no doliera , que hubiera parido a un niño con nombre propio y que pariera en un coche (escenario último del escarceo) le sorprendía poderosamente. Se alejaba de todo lo previsible.

Pero lo que hizo que se enganchara al sueño y que evitara despertarse fue que Antonio (nombre propio del niño) era un niño-koala. Un bebé pelón que se abrazó a ella desde que nació y que permació así durante todo el sueño, despertándole una sensación preciosa. Curiosamente no le molestaba, ni le pesaba, ni le impedía ir a ningún sitio. Fue en ese sueño donde se compró su primera moto, en la que montaba para ir a la playa con su madre y el niño-koala. Recuerda decir "ves mamá cómo me la tenía que haber comprado antes". También fue a un circo sin carpa, al aire libre, donde se sentía muy ágil con Antonio pegado a ella, pero sobre todo donde se sentía feliz. Recuerda también marcharse de vacaciones con unas amigas en furgoneta y su niño enganchado a ella como el koala al tronco.

No cree que sea la primera vez que sueñe con un parto, o con un hijo, o con su padre...pero sí es la primera vez que lo hace con un koala de nombre Antonio.

Fue un sueño lleno de ternura donde sintió el tacto como el sentido primordial y la unión y la fusión y la protección y el aferrarse en vez de abrazarse...




viernes, 1 de octubre de 2010

Lexique


¡Cuánto trabajo tienen los profesores de Lengua!

El desuso, el mal uso, el abuso...

¡Qué poco se aprovechan sus clases cuando se tiene oportunidad y cuánto se extrañan luego, cuando faltan!

Con qué desprecio se habla de las lenguas muertas (a excepción del griego).

Y qué poco se valoran las minoritarias.

Arduo trabajo el del profesor de Lengua.

Ella hacía tiempo que no utilizaba la suya para otra cosa que no fuera lamer sus propios labios, casi siempre resecos. También hurgaba en las oquedades que oradaban sus muelas. En su lengua, cuando alguien apretaba los dientes al dormir, le decían "rucar los dientes". Pues ella rucaba los dientes. No se enteró porque se lo dijera ningún amante; se lo dijo el dentista. La solución pasaba por disfrazarse de boxeadora para dormir apretando un molde. Vería inexorablemente ir menguando su dentadura día tras día.

No hacía mucho tiempo alguien le había dicho que le parecía que había crecido. Ella se sorprendió porque entendía que ya estaba en edad de empezar a menguar. En una muestra de lo relativo de la vida, no hacía mucho tiempo también alguien le había dicho que últimamente la veía como encogida sobre sí misma. Finalmente acusó a los tacones y a su potente efecto óptico.
Y precisamente escogió unos altísimos para ir a cenar con aquel profesor de Lengua que también debía saber latín.


Quizás esa noche se usara, se abusara...











miércoles, 29 de septiembre de 2010

Impulsion



Su corazón acelerado le recordaba las pulsiones de la vida.

Luchaba contra la velocidad cardiaca con la farmacología, pero como si de la lucha entre la
medicina occidental contra la tradicional china se tratara, no había remedio válido que calmara su ritmo.


Transitaba entre el placer las de las emociones y la angustia de las sensaciones.


Me envió un mensaje a mi teléfono avisándome de la emisión de una de sus películas favoritas. Me escribía: "Estoy sentada frente a la tele pero ya comienzo a elevarme. Empieza 2046"


Cuando hablamos, se apreciaba torpeza en su discurso; ella se disculpó por la emoción. Me decía que quería volver a ver la peli pero esta vez sin sonido, sólo las imágenes. Que después la volvería a ver quitando la imagen, que vería a través del sonido. Y que después la volvería a ver como la vio por vez primera; con la única compañía de su emoción.

Tras decirme esto, se disculpó avergonzada por su discurso apasionado; pero yo la invité a que siguiera porque me estaba contagiando.

Me dijo que cuando me había enviado el mensaje ya se tapaba con la manta la boca para no gritar del gusto que le daba, y que se le llenaron los ojos de lágrimas ante el fotograma del pintalabios corrido en la boca, que todo su cuerpo se ponía en tensión con cada una de las canciones y que al principio le costó concentrarse en los diálogos porque se colgó de las imágenes. También me contó que no pudo evitar recordar a aquél que le había descubierto 2046, aunque nunca hubiesen pisado juntos la habitación de un hotel. Que quería renovar todo su vestuario para llenarlo de quimonos de seda, y que nunca más ansiaría estar negra; empezaría a bendecir su palidez. Que Singapur le sonó la palabra más bonita de la geografía y que no quería estar en casa en navidad. Que había asistido a un espectáculo poético con el corazón sonándole en la boca y palpitándole en la barriga. Que le costó conciliar el sueño, pero que una vez más se había conmovido profundamente ante la belleza.



Sonreí ante su vehemencia.




domingo, 26 de septiembre de 2010

Quelle coïncidence




LLoraba cuando pensaba que no volvería a ver a aquel hombre que había amado.

Dando una vuelta en autobús se encontró frente a aquel edificio en el que había gozado haciendo el amor cuando a los 17 años ya pensaba que los placeres carnales no habían sido creados para ella.

Ya en aquellos tiempos se imaginaba que sólo podría llegar a enamorarse de aquél que la hiciera disfrutar de amor.

Encontró sin quererlo un denominador común entre aquel chico de sus 17 que tanto la hizo llorar y aquél último de sus 30 que ídem de lo mismo. Con ellos se había reconciliado con el sexo.

Desde la ventana del autobús miraba aquella ventana de una casa que distaba apenas 15 minutos de la suya y recordó aquélla otra en la que también había amado a 1000 kilómetros.

No volvería a ver a aquél del que le separaba tierra por el medio igual que no había vuelto a ver a aquél que había sido su vecino.

Si Dora fuese una persona positiva y optimista vería en la no visión una ventaja para ayudar al olvido. Pero Dora no sólo no es así sino que además es romántica y sentimental, y siente dolor al pensar en no volver a cruzarse nunca con la cara y la mirada de aquél que un día la hizo sentir mujer entre sus brazos mientras ella sollozaba tras haber explotado de placer.

Las casualidades no existen para ella, y no se volverá a encontrar con ellos porque aunque son distancias diferentes vuelven a tener un denominador común que los iguala: ambos se distanciaron de ella para siempre alejándose hasta desaparecer.

Y si en un arranque de infantilismo mira la lista de chicos, de hombres...que pasaron por su lado, se dará cuenta de que sólo lamenta no volver a ver a aquéllos con los que disfrutó del sexo, es decir, aquéllos a quien amó. Verá entonces cómo esa lista empequeñece hasta lo mínimo y no sabrá si alegrarse o apenarse por no saber lo que es amar.

miércoles, 22 de septiembre de 2010

Révolution et guillotine




Detrás de "paz y amor" hay un infierno.

Tras "haz el amor y no la guerra" hay aburrimiento.

LLegado el momento, escuchado lo que hay que oír, visto todo lo que se ha tenido que ver y aguantado más de lo estrictamente necesario, toca dar con el puño sobre la mesa y dejar de cagarse para empezar quizás a cagarla, pero a hacer algo.

En el jardín de Dora no crecen " flowers power", se asemeja más a un jardín japonés lleno de piedras que tiraría sobre quien ose querernos hacer pasar por gilipollas.

Se tapa la nariz para no respirar "Love is in the air" porque hasta las mismas narices está de olerse la que nos quieren armar.

Sabe que "All you need is love" se lo puede cantar la tuna a quien le sobre, porque a los que les falta se conforman con salud y trabajo (por dinero, no por amor al arte).

Quizás se disfrace de hippie en el entierro por los derechos y el respeto del ser humano.


domingo, 19 de septiembre de 2010

Chien policier



Un día le pregunté qué era lo peor y lo mejor de ser hija única.

Sabía que era para ella un estigma que había marcado fuertemente su personalidad.

Respondió como suele hacerlo, con naturalidad y contundencia:

-Lo mejor y lo peor es sentirte única.

Estuvo un buen rato contándome cómo los celos habían aparecido en su vida y habían devastado su autoestima.

Sorprende ver a una mujer así flaqueando de inseguridad, convirtiéndose en una niña que teme que la abandonen.

Recuerda la escena en la que le pidió a aquel novio, recién llegados a una fiesta, que no la dejara sola, y como al poco rato, ella había desaparecido con sus nuevas amigas. Cuando la encontró, él le reprochó su ausencia, y ella enfadada le pidió su próximo regalo de cumpleaños: una correa de perro de esas extensibles.

Sabe de sobra que si hubiera ocurrido al revés ella se habría enfadado mucho con él, pero no le permite a él ese enfado.

A partir de aquel día se empezaron a tener miedo: él a que ella lo dejara, y ella a que él la conociera.

Los vaticinios se cumplieron y la dejó él.

Hay vergüenza en sus palabras recordando su historia, aunque no puede evitar una risilla de malicia.

Siente celos pero no deja que los sientan por ella.

Siente celos sistemáticamente cuando nota que el cariño o la atención que atesora se desvía. Y también siente envidia del nuevo foco de atención.

Le ocurre con su familia, con sus amigos, con sus compañeros y con sus novios.

Me dice que está segura de que también le ocurrirá conmigo en cuanto le cuente que he conocido a alguien que tiene muchas cosas que contar. Ahí le rebato que puede que se canse ella primero. Y con la naturalidad y la contundencia que la caracteriza, se ríe y me dice:

-Tienes razón.


Yo la entiendo y la quiero.




jueves, 16 de septiembre de 2010

Abstinence



¿Qué tendrán los colegios de monjas de donde salen las niñas más putas pero más finas?

Cuando Dora era pequeña quería ser monja. Pensaba que era la única manera posible de ayudar a aquéllos que no tenían nada. Además era buena. Y además su abuela, cuando le dolía la barriga, le hacía la señal de la cruz sobre la tripa hasta que se le pasaba; también le hacía una manzanilla. En Semana Santa lloraba viendo a un hombre al que clavaban en una cruz después de someterle a vejaciones e injusticias. Además era un hombre muy guapo; flaco y con el pelo largo, como le siguen gustando. Hizo la comunión, y para ella significó una de sus primeras incursiones en el mundo artístico, ya que la ceremonia fue un auténtico musical. Cantaba todas las canciones con la boca bien abierta, a pleno pulmón, disfrutando. No le daba más sentido a todo aquello. Le gustaba Jesús por flaco, por melenudo, pero sobre todo por atormentado.

Su inocencia fue cediendo, y con ello las creencias desapareciendo.

La Literatura, los indígenas y la realidad hicieron que ya no quisiera ni ser monja, ni creer en dios. También la ciencia, que le explicó que si funcionaba lo de la señal de la cruz en la barriga es porque le ayudaba a expulsar gases.

Tampoco sabe exactamente cuándo dejó de ser buena, pese a que prometió en la puerta de una iglesia que lo iba a ser. Menos mal que lo hizo a la puerta y con los dedos cruzados.

En lo que más se parece a una monja es en su vida sexual, y eso pese a haber estudiado en un colegio de monjas.


viernes, 10 de septiembre de 2010

Histoire ¿naturelle?

¿Qué significa descubrir que tenemos una historia?
Abrir los ojos como atentos espectadores de nuestro pasado. Espectadores que buscan respuestas en lo que han sido y vivido para explicar lo que son y lo que viven.
Haciendo limpieza en su cuarto encontró sus diarios de niña. Comienzan a los once años y perduran hasta los veintidós. Para una mujer amante de las letras es emocionante ver la evolución de su letra. Una caligrafía que cambia como cambió su cuerpo, se va estilizando con el tiempo con trazos firmes y líneas sinuosas. También emociona la inseguridad ortográfica y un vocabulario sin salpicar de picardía. Llama la atención cómo en cada época (bien diferenciada por episodios cronológicos y pausas) se percibe una aparente seguridad de haber llegado a la meta. Cómo se plasman desengaños prematuros como huellas fijas que han de marcar su camino. Cómo se intuyen los amores incipientes y se retratan amores infinitos. Leyendo sus diarios se imaginó como si de su propia nieta se tratara y estuviera descubriendo los secretos de familia. Derramó alguna lágrima ante la evocación de sentimientos olvidados, de personas traspasadas y de ridículos transcritos. Soltó alguna carcajada ante su imagen de niña chica. Bailó sentada al ritmo de la discoteca antes transitada...
y se envolvió de nostalgia, de ternura, de pena...
y pensó si eso es la Historia.
Se horrorizó repitiendo pautas que parecen sorprenderla mucho en sus primeras veces, y que ahora ha interiorizado como movimiento natural.
Se encontró escribiendo sobre la muerte cuando apenas comienza su vida.
Se ve corriendo tras el Amor. Persiguiendo quimeras.
Su vida se juega en los tiempos de una partida de ajedrez. Ella mueve ficha y espera mientras que el tiempo corre viendo cómo se consume con la ansiedad de ejecutar el próximo movimiento.
Dora se ha dejado envolver por los recuerdos y ha disfrutado hurgando en su propia historia.
Ha utilizado la llave que con tanto mimo un día guardó alejándola de curiosidades ajenas.
Ha sucumbido a su curiosidad, y ha caído en su propia trampa.


miércoles, 8 de septiembre de 2010

Cinéma d'auteur



Nunca iba al cine, pero fantaseaba con hacer el amor en uno.

No quería que fuese el aburrimiento el que impulsara la pasión. Prefería que surgiese de la inspiración provocada por una escena, o de la emoción contenida tras un diálogo definitivo, o de la sugestión de un primer plano, o de la banda sonora que acompaña toda una vida.

Viendo sola una película en casa, se imaginó ese momento; cuando aparecen los créditos finales de la película y el tema principal. Cuando por primera vez cruzan sus miradas después de haber cruzado respiraciones durante la cinta. Ese momento de encuentro de emociones y de sensaciones, embriagados por el arte y conmocionados por la belleza. Impactados por la interpretación y tocados en la sensibilidad. Descubrir eso en el primer cruce de miradas y lempezar a hacer el amor con los ojos. Volver a conectar la respiración sin dejar de descubrir la mirada y alzar una mano para posar una caricia. Notar una piel ligeramente sobresaltada todavía, y unos labios fríos que saben a calor. Besarse al ritmo de la banda sonora, con los ojos cerrados creando fotogramas de final feliz. Buscar el abrazo en la incomodidad de una butaca que se antoja pequeña para dos pero donde se encuentra el bienestar de estar bien. Querer rodar por un suelo enmoquetado y encajar en un sitio recogido de miradas indiscretas, mientras la música sigue sonando al compás de la respiración jadeante de los amantes.

Derramar una lágrima cuando se presiente el final.

Dejar de un lado el tempo cinematográfico y volver al real para subirse las bragas e intentar pasar lo más desapercibida posible a la salida de la sala con la cara llena de rubor y el ánimo muy alterado.

Quizás si se pudiera fumar en las salas iría más al cine.



domingo, 5 de septiembre de 2010

Folie


Hablando de genes...¿Por qué los malos tienen tanta fuerza que perduran generación tras generación haciéndose incluso la marca de la casa, la denominación de origen?

Cuando se dice que todo se hereda menos la hermosura, Dora supone que se refieren a eso.

¿Qué hace que lo malo se traspase con tanta facilidad y toque a casi todos los implicados, y lo bueno sea sólo la fortuna de unos pocos elegidos?

Contra ese tipo de determinismo, ¿se puede hacer algo?

En su familia paterna había un mal y desgraciadamente lo sigue habiendo. Pocos eran los que perteneciendo a esa rama no estaban tocados, y ella creía que lo que pasaba es que lo disimulaban, no que no lo padecieran; porque mientras uno es joven se disimula todo mejor.

Y porque la locura en un joven incluso es atractiva.

El problema se acentúa cuando nos vamos haciendo mayores.

Y además no es sólo el problema de uno, sino de todos los que lo rodean.

Cuando mira los ojos de su abuelo, o los de su padre, no teme su locura; teme su propio interior palpitante.

La palabra "control" se torna obsesión, y sólo se permite perderlo por rachas.

Se autoimpone un control sobre su cuerpo y mente digno de un asceta o de un espartano.

Las barreras de contención están a punto de ceder.

Y tiene miedo, porque le asusta mucho de dónde viene y a dónde puede llegar.

Por suerte no cree demasiado en los determinismos, pero por desgracia sí en la fatalidad.




sábado, 4 de septiembre de 2010

Mirage


Inspirar o ser inspirada.
Activa o pasiva.

Observar o ser observada.
Paciente o impaciente.

Conmover o ser conmovido.
Femenino y masculino.

Piano o arpa.
Tacto u oído.

Mares u océanos.
Bien o mal.
Ser o estar.

Ni le gustaban las disyuntivas ni las parejas. Aunque prefería los números pares sin gustarle nada los números.
Se entretenía con estos pensamientos y los escribía en servilletas de papel cuyo destino final era el fondo de su bolso o entre las páginas de algún libro.
Se aburría cuando no había nadie a quien mirar, cuando no había nadie a quien admirar.
Se descubrió a sí misma mirando su reflejo en el cristal de la cafetería. Se guiñó el ojo y se le escapó la risa. Debían de ser las reminiscencias de los solitarios juegos infantiles frente a un espejo.
Esa tarde se sintió un espejismo de sí misma.



martes, 31 de agosto de 2010

Âme soer



Descubrió dónde residía la elegancia de aquella mujer. La estuvo observando largo rato mientras tomaba un café sentada en aquella terraza. Aquella terraza era como su campamento base para el espionaje. Se parapetaba tras sus enormes gafas de sol, la prensa diaria y el libro de rigor. Desplegaba todo un arsenal sobre la mesa; en la silla de al lado posaba su bolso y cual Mary Poppins iba sacando el tabaco, cerillas, abanico, teléfono móvil (silenciado siempre), cartera, monedero, un prendedor para el pelo, la funda de las gafas...Tras servirle un enorme café, se quitaba también el reloj. Algún día incluso dejaba el neceser sobre la mesa; lo hacía en días de mucho sol, porque necesitaba renovar el bálsamo para sus labios.

Una vez creada la atmósfera de comodidad, tras beber un sorbo de café y sacar un cigarrillo, levantaba la vista al encenderlo y era cuando oteaba el panorama.

Le fascinaba espiar a las parejas, a los solitarios, a los hombres, a los niños con sus padres y a los padres con sus niños, a los camareros, a las damas, a las jovencitas tontas y a las listas...

Ese día, topó con ella. Una dama sin duda. Una mujer de mirada brillante y halo oscuro. Una fumadora compulsiva y una bebedora ansiosa. Tomaba wisky con agua. Consumió dos botellines de agua para cuatro wiskis. Fumaba tabaco negro y nunca le encendía el mechero a la primera. Se desesperaba en ese primer intento. Movía la cabeza negando y cerraba los ojos suspirando. Vestía con un claro estilo masculino: camisa de seda negra y pantalones de pinzas grises. LLevaba un fino cinturón de piel marrón que ceñía su estrecha figura. Su pelo era corto, a lo garçon, y su cuello largo y fino. No llevaba pendientes ni anillos ni collares, pero sí un gran reloj de esfera negra y aires antiguos que no miró ni una sola vez. Si usaba ropa interior, no se notaba. Sus ojos eran oscuros y contrastaban con el claro color de su piel. Siguió escrutándola y repentinamente llegó a ese lugar que llamó tan poderosamente su atención. Iba descalza y descubrió los empeines más maravillosos que nunca antes hubiera visto. Enseguida se imaginó que era bailarina clásica. Una bailarina rebelde que se cortaba el pelo como un hombre y que se concedía excesos etílicos. Una bailarina solitaria que posaba sus pies desnudos en el sucio asfalto de la ciudad. Se la imaginó como a un faquir pisando las brasas. Se entretuvo tanto mirando aquellos empeines y aquellos pies, que cuando volvió a su cara, la estaba mirando. Dora sonrió, y ella respondió a su gesto. Cuando Dora volvió a bajar la mirada, aquellos pies estaban dentro de unos zapatos de salón de color beige y de alto tacón. Sus empeines lucían incluso mejor allí dentro. La mujer se levantó al servicio y Dora vio que sobre la mesa había una carta. El sobre estaba roto, de haberlo abierto con prisa o emoción, y el folio contrastaba con él porque estaba perfectamente doblado a su lado. Volvió a la mesa y alzando su copa le hizo un brindis a Dora; antes de que le diera tiempo a volver a sonreír, la mujer le dijo:

- Tómate una copa conmigo, quiero brindar con alguien. Yo invito.

-Claro, dijo Dora asintiendo.

La mujer se levantó hacia la barra mientras Dora recogía un poco su mesa para hacerle sitio.

Desde la barra le dijo:

-¿Qué te apetece?

Dora le contestó que un gin tonic.

Lo pidió y de la que volvía pasó por su mesa, guardó la carta en el sobre y cogió su bolso.

Cuando se sentó frente a Dora sus ojos brillaban aún más.

-Me llamo Isabel

-Dora

-Encantada

-Igualmente

El camarero le trajo la copa.

-Salud

-Salud.

-¿Qué celebramos?, preguntó Dora directamente

-Que ya tengo quien me escriba


Y mirándose a los ojos volvieron a sonreirse.




lunes, 30 de agosto de 2010

Retour nerveux




Siempre había creído en las teorías telúricas. Sentía un fuerte apego a la tierra, a su tierra. Había nacido en un pueblo con mar, y esas aguas la bañaron hasta que se mudó.

Cuando probó nuevas aguas, se sintió extraña; como cuando vas a un cuarto de baño ajeno.

Su mar era como su casa.

Cuando regresó, nadie la esperaba.

Lejos de sentir su cama como si de su tierra se tratara, no sintió ningún apego cuando en ella se acostó; de hecho la invadió un desasosiego por reencontrarse sola en su lugar de origen. Decidió ir a la playa a la mañana siguiente. Necesitaba bañarse en su mar, sentir que pertenecía a aquel sitio, y verificar las teorías telúricas en las que siempre había creído y que habían servido para explicar porqué no encajaba en ningún otro lugar.



Cuando se despertó , el sol entraba por las rendijas de la persiana, y pensó que el día era ideal para ir a la playa. Desayunó rápidamente, se duchó, metió un libro en su bolsa y se dirigió a su playa favorita.



Cuando el frío volvió a posarse en su piel, se encontró por fin en casa.





Éstos son los fragmentos subrayados del libro que se llevó a la playa aque día:



-(...) cargaba con un pesado equipaje lleno de emociones y se aferraba a las penas pasadas, desempeñando a menudo el papel de chica mona a merced de sus súbitos cambios de humor.

-(...) Las manos de su marido, que ya nunca posaba en su cuerpo, estaban ocupadas alzando un muro.

-(...)Quizá me hay vuelto loca, pero no creo que haya hecho nada malo. Se lo merecía. Quiero pensar que ha preferido irse a algún lugar antes de volver a casa. (tras asesinarlo)

-(...) temía que el autocontrol que se había impuesto hasta ese momento incrementara la violencia de la explosión, pero no podía hacer nada para detenerla.

-(...) De pronto entendió por qué había querido castigarse manteniendo su estómago vacío: para reprimir su deseo de querer ser libre.

-(...) Era libre. Y el mero hecho de pensarlo la hacía aún más libre.

-(...) Los perfumes fuertes se pegaban a la ropa de los clientes y causaban problemas.

-(...) A decir verdad, subestimaba a los hombres. La mayoría no eran más que bestias crueles y despiadadas.

-(...) Te he dicho que me dejes!-exclamó-. No quiero que me mates en un lugar así.

-(...) ¿estar solo es lo mismo que ser libre?

-(...)Adiós- respondió como si ésa fuera la palabra más triste del mundo.

-(...)Lo único que ella experimentó fue pena por un hombre que necesitaba ser odiado para poder sentir placer.


martes, 24 de agosto de 2010

Bon anniversaire



Hoy es el trigésimo segundo cumpleaños de Sara, y por primera vez voy a ser yo quien escriba. No sé si escribir sobre ella o si seguir haciéndolo sobre mí, pero he pensado que le gustaría este detalle. Normalmente no leo lo que escribe porque ya se encarga ella misma de contármelo con profusión de detalles. Además me asusta leer algo que no me guste. Espero que con sus textos aparezca una sonrisa, ya que en mi vida hay momentos muy cómicos. Supongo que otras veces aparecerá una mueca de tristeza o de hartazgo (como la vida misma).
Compartimos muchas cosas. Ella quiere practicar su francés, y le viene genial que yo no pare de hablarle de todo. Supongo que lo que más nos une es nuestra sensibilidad extrema que nos hace disfrutar y sufrir con casi todo. Seguro que hoy que es su cumpleaños estará hecha polvo, y no sólo por lo del inexorable paso del tiempo sino porque también se le hará interminable el día de hoy(esperará llamadas que no llegan, llegarán otras que la incomoden, compromisos difíciles de eludir, compromisos eludidos con facilidad, ausencias que hoy se le clavarán en la barriga, presencias que ausentarán su buen humor...)
Luego habla de mí, pero somos tal para cual.
También ella me contó un día que hace tiempo tenía una amiga, de ésas que se quedan por el camino, que le decía que era su otro yo. A Sara eso le fascinaba. Yo creo que era porque al no tener hermanos nunca tuvo un reflejo de sí misma en nadie. No voy a decir que yo la sienta así, como mi alter ego, pero diré algo que ella recibirá como un regalo, y es que la siento como a una hermana. Cuando hablamos, es como si compartiéramos habitación, cama con cama, liberándonos de cualquier incomodidad. Me encanta cómo fija su mirada en mí, intentando entrar dentro de mis pupilas, cómo me pregunta sin tregua, y cómo me escucha con tal atención que no se le escapa ni el más mínimo detalle.
Sé que al escribir, mezcla cosas suyas y mías, pero también yo al comprender lo que me cuenta uso ese mecanismo: primero lo paso por mi experiencia y visión de las cosas.
Seguiremos conociéndonos a través de todo lo que hagamos, digamos, leamos, escuchemos, toquemos, soñemos...
No quiero descubrir más de ella, que sé que le aterra. Qué tonta! pero teme que eso la haga vulnerable (más) y yo la entiendo.
Mejor que se me conozca a mí, que tengo residencia en París y como seguro que ya sabéis, no me prodigo mucho.

Quid pro quo
Dora.





Porque sé que te gusta, que te enerva...

sábado, 21 de agosto de 2010

Embrasser



Le gustaban los boleros.

Era una antigua; no obstante se había criado con su abuela.

Se acordó aquella mañana de uno que se preguntaba al comenzar que a dónde irán los besos que no damos.

Cuando murió su abuela dejó de besar.

Cuando todavía vivía, Dora ya se lo había preguntado. Ya había pensado qué haría con todos esos besos que fabricaba para su abuela. Era una necesidad para ella besarla y crear esos besos especiales llenos de amor del de verdad; besos que siguió dándole hasta cuando yacía muerta. Le costó contarme esto, porque la emoción aún podía con ella. También a mí me cuesta escribirlo, y espero que a vosotros no lo haga leerlo. Me contó cómo ella estaba a su lado cuando comprendió lo del último suspiro. Me contó cómo la muerte se alejó de la idea que tenía preconcebida, y como gracias a ello le perdió un poco de miedo. Dijo que entendió lo de "llegar la hora", y no como expresión de venganza, sino como de justicia. Cuando comprendió que su abuela había muerto, la acostó en la cama y siguió besándola hasta que la obligaron a separarse de ella.

Desde ese día comenzó a tragarse los besos. No supo muy bien si le había ocurrido como a las madres parturientas cuando se les retira la leche y dejan de producirla, o si de una forma consciente había decidido terminar con esa producción, como cuando los adolescentes dejan de hablar para encerrarse. No lo sabía, pero se preguntaba dónde estaban esos besos que no daba, y si serían como las aguas contenidas tras los diques. Temía que le pasara como a un chico que conoció y al que conquistó. LLegado el momento de besarle, le miró fijamente a los ojos, soltó una media sonrisa y se aproximó imparable a su boca; cuál no fue su sorpresa cuando descubrió que él besaba hacia dentro. Parecía que hacía con la boca lo mismo que cuando se dobla un calcetín. Le dijo que besaba para dentro, que se tragaba el beso. Indagando, descubrió que había dejado de besar repentinamente a la persona que él quería; ella le había abandonado de un día para otro y por otro. Aquella cita ni que decir tiene que acabó siendo una sesión de terapia. Pero volvía a su mente para hacerle pensar que es cuando se precipitan los finales de los besos cuando empiezan a tragarse.

Y lo triste es que esos besos tragados nunca van a salir.

Sin ponerme escatológica creo que Dora intentaba explicarme que es como cuando comes algo delicioso y luego lo expulsas de alguna forma, (nunca la sensación es la misma, aunque haya algo evocador).

Se terminaron los besos de güelita.

Y justo en ese momento comprendió lo que había ocurrido con ellos: se habían convertido en lágrimas. Vertió una y la atrajo hacia la boca con la lengua. Cerró los ojos, y notó cómo se inundaban de esos besoslágrima que le hicieron sonreír recordando a la persona que más había querido en el mundo y con toda su alma.


A mi abuela también le encantaban los boleros.







jueves, 19 de agosto de 2010

Il y a des nuages



Tumbada boca arriba desvió la lectura de su libro hacia el cielo. Pasaban entonces veloces nubes que se iban cruzando con sus pensamientos hasta fundirse en deseos.

Deseó ir montada sobre una de ellas, como en la secuencia de La Historia Interminable lo hacía Atreyu sobre aquella mezcla de perro y nube.

Deseó que la llevara a sobrevolar todos aquellos lugares a los que no se atrevía a ir y también que le permitiera ver todas aquellas escenas que ocurrían puertas adentro pero que a ella le apetecía conocer.

Le apetecía entrar en alguna alcoba para admirar, para aprender, para ruborizarse, para envidiar, para reírse, para comparar...

Sabía que era un deseo inapropiado; que era más propio desear sobrevolar el Taj Majal controlando la velocidad de la nube con sus propias manos; tirando de ella como si de crines se tratara.

Siguió pensando que le gustaba más vivir la vida a través de las vidas de los demás.

Apartó la vista del cielo y se fue hacia la parejita que tenía a su lado izquierdo. Tumbada ella sobre él, se frotaba y restregaba con más picardía que con entrega. El afán de Dora era ver el paquete del tío; sólo por comprobar si disfrutaba con el momento o si era más de su estilo y lo que hacía era molestarle con el calor que hacía.

Entonces siguió pensando, y ya no sólo se vio como una mujer que vive casi tan intensamente la vida de los demás como la suya, sino también como una insoportable a la que le molestaría tener a un tío encima en la playa, sudándole con crema y arena.

A todo esto siguió pensando cuando apartó la vista hacia la derecha ,y entonces vio a un morenazo de casi dos metros, con un cuerpo visto sólo en las revistas, y unos andares que hicieron que sólo pensara en tenerlo encima en ese justo momento. Un hombre bello. Un maromo, un tiazo, un monumento con el que quitarse todos los remilgos y dejarse llevar por el animalismo que emanaba no sólo al andar sino también al mirar.

Llegada a ese punto ya no podía pensar mucho. Se tiró al mar que es el eufemismo de ducha fría en verano y haciéndose la muerta siguió viendo las nubes pasar

(La historia interminable...)



lunes, 16 de agosto de 2010

Attitude



Postureo.

Una palabra realmente evocadora, esa de "posturas".

Ocurre como con tantas otras donde la polisemia obra su milagro, y donde el lenguaje connotativo cobra su dimensión más real y divertida.

Un día llegó al trabajo y dijo que le dolía el cuello. Al ser preguntada respondió que seguramente habría sido de una mala postura. Las sonrisitas malpensantes fueron de su más absoluto agrado.

Otro día fuera del trabajo, una amiga le dijo que ella era su favorita, porque pasaba del postureo de otras. Provocó también su agrado al imaginarse al resto como maniquíes de escaparate.

Pasó por delante de un quiosco y no quiso evitar ojear las portadas de las revistas. Se fijó en aquélla que la había acompañado durante toda su adolescencia, y recordó también cuánto daño le había hecho. Destacaba un titular "Elige la postura que más LE va".

También la famosa frase de su abuela cuando veía esos vaqueros que tan ajustados le quedaban recién lavados, tirados al cesto de la ropa sucia. Le decía "Pero si sólo tienen una postura".

Y odiaba cuando le preguntaban que cuál era la postura que iba a adoptar ante tal o cual cuestión. Y lo odiaba porque normalmente se descubría diciendo la verdad( y cuando esta narradora utiliza "descubría" lo hace aludiendo al sentido completo de la palabra).

Sería para analizar la clasificación alfanumérica que reciben las posturas; pero es capítulo aparte.

Dora se queda con la postura horizontal para descansar, con la lateral para disfrutar del otro y se pone boca abajo para contar confidencias.


sábado, 14 de agosto de 2010

Naufrages

Se fijó en aquella pareja que sentados frente a frente, mientras ella hacía girar su taza removiendo el contenido de la misma; él se dedicaba a apurarla tragándose hasta la última gota.
Parecía que quisiese ella encontrar respuestas en el reposo del café, y que quisiera él terminar rápido con aquellas preguntas de forma líquida.
Se descubrió a sí misma girando la cucharilla de forma rítmica y monótona mientras espiaba el comportamiento de aquella pareja. Bebió un sorbo de té y también comenzó a girar la taza como queriendo marearlo o como queriendo imprimirle ritmo. Le habían echado canela en polvo y no conseguía diluirla; la prefería en rama. Ver cómo flotaba le recordaba a los troncos naúfragos en las corrientes.
Cuando levantó la mirada, la extraña pareja se había marchado. Giró rápidamente la mirada, y llegó a tiempo de verlos en la calle. Parecían discutir. La cara de ella era de profunda decepción, de hastío. La de él emanaba tristeza. Pero el movimiento de sus manos y la actitud de sus cuerpos indicaban la discusión. A los pocos segundos se separaron y cada uno tomó una dirección.
Dora abrió el periódico al azar por una pág ina cualquiera; pasó la vista por los aciagos titulares y recaló en una fotografía. En ella aparecía la extraña pareja. Enterraban a su hija de cuatro años, muerta en el accidente de coche que tuvieron días antes. La noticia narraba todo tipo de detalles sobre el accidente y el funeral. Lo que no decía es que no sólo habían enterrado a su hija, sino que también el amor yacía bajo aquella tierra.
Dora quiso salir corriendo del café y llegar a la esquina donde confluyesen los caminos que tomaron, donde podían chocar el uno con la otra, de tal manera que tuviesen que abrazarse para no caerse; donde se tuviesen que volver a mirar a los ojos para ver que la unión la hace la fuerza contra la caída.
A Dora le invadió una profunda tristeza y cuando volvió a tomar un sorbo del té, no sólo se había quedado helado sino que también el polvo de la canela se había sumergido.

jueves, 12 de agosto de 2010

La mariée cadavérique




Buscó en el baúl de los recuerdos que era el sótano de su casa. Era un lujo para los sentidos y para las emociones encontrar viejos tesoros que pertenecían a tiempos mejores.


En una raída bolsa por los ratones creyó encontrar viejos cortinones que antaño colgaron de la casa de su abuela, de su casa. Con miedo a que un ratón apareciera repentinamente, sacó el contenido de la bolsa, y no eran viejas cortinas,no. Era un viejo vestido de novia. El vestido de novia de su madre. El vestido con el que la había visto preciosa en esas fotos del álbum.


Se quitó los pantalones y la camiseta, y se puso el vestido.


Pensó que lo bello nunca pasa de moda, que la belleza sobrevive a todo.


Se miró en un espejo acoplado a la puerta de un armario; un espejo que apenas podía reflejar nada, ya que había ganado en opacidad con el paso del tiempo. Pero se vio como nunca se había visto antes. Cuando era pequeña, le encantaba disfrazarse, y el de novia junto con el de hawaiana habían sido un clásico en su show. Verse así dibujó una simbólica línea que separaba la niña de la mujer. Pudo haber sido un rito de iniciación en la edad adulta ( o del adulterio), porque sintió que estaba preparada para vivir algo que hasta entonces sólo se imaginaba actuar. Si de pequeña jugaba a disfrazarse, de mayor siguió jugando a ser mujer. ¿Había llegado el momento de dejar de jugar y empezar a vivir como tal? ¿Había llegado el momento de pasar del pantalón corto al largo; del vestido al vestido de novia?


Definitivamente NO.

Recordó entonces que lo que a ella le gustaba era disfrazarse, vestirse, ponerse guapa, bucear en la memoria, emocionarse, arrebatarse...

Estaba guapa con el vestido blanco, pero ella seguía prefiriendo el negro.

(y el rojo, claro)




miércoles, 4 de agosto de 2010

Fièvre rouge

Hoy con el delirio de la fiebre no distingo bien el límite entre Dora y Sara.
A estas alturas supongo que a alguno le pase como a mí: que la odie y que la quiera.
Pienso mucho en su muerte, en su asesinato; y curiosamente no tengo valor para matarla yo misma. Será como dice alguno de mis detractores que nunca le doy la cara a los problemas.
Alguna vez oigo o leo lo que no os gusta de Dora, y he de deciros que precisamente por ser imperfecta me gusta a mí. Claro que me toca los cojones su falta de iniciativa, que no aproveche las oportunidades, que diga siempre que no, que viva hacia dentro...pero la siento humana y la siento bella.
Dora llegó a mi vida por casualidad, quizás portase una linterna roja, el color que siempre la acompaña. Decidí pasear un ratito con ella, incluso saltamos franjas-zanjas juntas. También imaginamos atardecederes extremeños y nos reímos de todo el mundo. Conocimos gente Clara y bilingüe. Compartimos momentos y me erigí en su narradora. Hemos sido cómplices y puede que volvamos a serlo de asesinato algún día.
Imagino una lucha donde sobrevive y yo, malherida, escribo con sangre en las manos, el honor que supone luchar con digno rival.
Dora y Sara.
Sara y Dora.
Un quiasmo poético, un paralelismo real...


lunes, 2 de agosto de 2010

Macédoine



Se sentó frente a la ventana y se quedó mirando el paisaje.

Veía árboles frutales; se fijó en un melocotón verde que colgaba de una rama, y pareció sentir de repente el roce de su piel. Una piel peluda pero suave.

Desvió entonces su mirada hacia el limonar, y vio cómo un racimo resistía los envites del viento.

También pensó en él, que como el limón, refresca y amarga.



Caían a montones las manzanas del árbol. Deseó morder una como alguna vez hincó sus dientes en él.



Las ciruelas maduras se agolpaban en una caja junto al árbol; pegadas y rojas como estuvieron sus bocas un día.


Persistían las flores de las enredaderas. Se abrazaban a la pared como cual clavo ardiendo lo intentó ella con él.



Él le decía:- Me encanta cómo me abrazas

Ella le respondía:- No te abrazo, me aferro


Y así,igual que las frutas lo hacían a las ramas así lo había hecho ella; e igual que las frutas que se aferraban a las ramas, se había caído violentamente también.


Su cabeza debió golpear el suelo, porque le duró la conmoción; sus piernas se dañaron también, porque perdieron soltura a la hora de abrirse; algo se le debió de meter en los ojos, porque no veía con claridad; y sus brazos perdieron la fuerza para alguna vez volver a aferrarse.