
Sinosuke es medio india medio japonesa. La piel de su rostro es india, la de su cuerpo, japonesa. Se mueve entre la blancura más absoluta y el dorado amarillento, lo que le confiere perpetuo aspecto enfermizo en la cara y lozanía inmaculada en el cuerpo. Sinosuke tiene pelo de india, ojos japoneses. El brillo de su mirada proviene de la mezcla; de la de razas y de la de alcohol. Sinosuke bebe para alegrarse, para estimularse, para evadirse, para llorar. Bebe para justificarse; para poder hacer lo que realmente desea y no se atrevería de otra forma. Sinosuke no sabe si quiere ser Sinosuke, no sabe ni siquiera si se conoce. Cuando bebe sale una parte de sí misma adorable y siempre reprobable. Su parte de india salvaje. Su génesis y origen. Subyace su barbarie bajo la dermis japonesa que siempre disimula. Sonríe sin perder el equilibrio. Ha cambiado la ceremonia del té por rituales etílicos que cumple con la rigurosidad aprendida. Sinosuke bebe rápido, es elegante al servir las copas, no le tiembla el pulso mientras. Al beber tiende a cerrar sus ojos japoneses, que rápidamente abre al paso del licor por la garganta. Sinosuke debe beber sola; hacerlo en compañía supone peligro: para ella y para ellos. El alcohol se convierte en el disfraz perfecto bajo el que esconderse para ser otra. Lo que no sabe es si como cuando nos disfrazamos lo que hacemos es elegir identidades soñadas. La bella Sinosuke lo es más cuando se embriaga: se llena de picardía, afila la mirada, sonríe y ríe, deviene la melancolía, humo de tristeza, lágrimas, soledad...
Sinosuke se perfila los ojos, bucea en el vestidor buscando la prenda que la haga brillar sentada en la barra del bar al que irá para beber sola y encontrar a alguien que brinde luego con ella en su casa. Aunque quiera ocultarlo bajo su disfraz Sinosuke sólo busca caricias que reconforten su soledad. Es una buena chica.










































