En un intento por conocerse a sí misma, se pone triste.
Pobre Sinossuke, incapaz de definirse.
viernes, 27 de mayo de 2011
martes, 24 de mayo de 2011
Remember

Rescato estos dos textos de mi baúl de los recuerdos. El primero es del 22 de septiembre de 2010 y el segundo del 9 de febrero de este año.
No sé si necesitan un rescate, ni siquiera una relectura...
Revolución y guillotina
Detrás de "paz y amor" hay un infierno. Tras "haz el amor y no la guerra" hay aburrimiento. Llegado el momento, escuchado lo que hay que oír, visto todo lo que se ha tenido que ver y aguantado más de lo estrictamente necesario, toca dar con el puño sobre la mesa y dejar de cagarse para empezar quizás a cagarla, pero a hacer algo. En el jardín de Dora no crecen " flowers power", se asemeja más a un jardín japonés lleno de piedras que tiraría sobre quien ose querernos hacer pasar por gilipollas. Se tapa la nariz para no respirar "Love is in the air" porque hasta las mismas narices está de olerse la que nos quieren armar. Sabe que esa serenata de "All you need is love" se lo puede cantar la tuna a quien le sobre ese amor, porque a los que les falta se deben conformar con salud y trabajo (por dinero, que no por amor al arte).Quizás se disfrace de hippie en el entierro por los derechos y el respeto del ser humano.
Aujourd'hui
Hoy me preguntaron qué es "anarquista" y eché de menos el sexo. Hoy me visitaron mis jefes y eché de menos ser anarquista.Hoy fui a ponerme guapa y eché de menos ser simpática.Hoy expliqué el pretérito perfecto compuesto y creo que no lo he entendido, profe.Hoy termina siendo hoy, lo de siempre:poco sexo, poca anarquía, poca diversión y nula compresión.
Hoy me preguntaron qué es "anarquista" y eché de menos el sexo. Hoy me visitaron mis jefes y eché de menos ser anarquista.Hoy fui a ponerme guapa y eché de menos ser simpática.Hoy expliqué el pretérito perfecto compuesto y creo que no lo he entendido, profe.Hoy termina siendo hoy, lo de siempre:poco sexo, poca anarquía, poca diversión y nula compresión.
sábado, 21 de mayo de 2011
Expiación

Experta en autocompasión aficionada al melodrama busca historias complejas sin final feliz.
Mucho le debe de gustar el sabor de sus lágrimas, porque siempre termina llorando. Una vez tras otra tropieza con el mismo bache de siempre, y todavía no ha aprendido a caer bien, sin dañarse más de lo estrictamente necesario. Como suele pasar, lo que más le duele al caerse es su propio amor propio; siempre hay alguien viendo el desplome inexorable. Se duele de vergüenza y le duele volver a machacar su zona más delicada. La parte íntima, la emocional no sale tan resquebrajada como la parte cerebral. Ella misma se insulta al comportarse como una torpe; se empeña en humillarse, en obsesionarse.
No se da cuenta que pierde el control porque no tiene equilibrio.
Ciertamente el alcohol contribuye a su inestabilidad y caída, pero también hace de ello algo divertido, patético, expiatorio. Caerse sobria no tiene perdón. Caerse ebria es casi una necesidad; porque necesita descender al suelo para volver a apegarse a la realidad. Despertar de sus ensoñaciones etílicas y concentrarse en el camino de vuelta a casa. Ha de recorrerlo digna, dejando que fluyan las lágrimas que en ella, es como achicar el agua de la barca a punto de hundirse. Porque muchas veces ha estado al borde, a punto de escorar contra sí misma, y nunca ha vuelto a tierra más tarde de lo que podría esperarse de una mujer como ella. Cuando llega ya no parece naúfraga, parece sirena con las pestañas llenas de sal de tanto llorar. Pero llega sonriendo porque sabe andar y desandar el camino pese a la cola de pez que tantas veces la hace caer.
viernes, 20 de mayo de 2011
(Des)espérer

Esperaba vestida a su amante. Mucho más cómodo hubiera sido hacerlo despojada de ropas, pero no quería estar cómoda para él, quería estar guapa. Le obsesionaba la idea de que la viera vestida, arreglada...ya que siempre la veía desnuda o con la ropa sencilla de andar por casa. Tal era su obsesión que cada vez que la visitaba, ella le sacaba todos los trapitos de su armario; le pedía consejo sobre qué ponerse en su próxima salida y cómo combinarlo. A él no le importaba nada de eso, pero a ella sí. Le esperaba, por tanto, vestida, con el pelo suelto y sin desmaquillarse. Sus actos reflejos al entrar en casa eran: descalzarse, desvestirse, enmoñarse y despintarse. De esa guisa se tumbó en el sofá, con los vaqueros puestos y la raya en el ojo; pensaba que peor había sido el día del vestido de encaje. Se fumó un pitillo, se sirvió un vino. Abrió una botella, un regalo de una amiga, algo especial. Apuró la copa y se sirvió otra. Notó el pronto brillo de la mirada alegre. Miró el reloj. Pensó en cenar algo, no quería que le entrara el hambre estando él. El cigarrillo y el vino la habían llenado, cenaría después. Puso una película pero era de chicas, de mujeres; se dijo que la quitaría en cuanto él entrara e intentó memorizar el canal de noticias a todas horas o el de deportes. La peli iba de chicas, de mujeres. Típico rollo argentino sobre la soledad de unas casi treintañeras, soledad compartida, soledad sin hijos, soledades de todo tipo.
Cuando se dio cuenta había oscurecido. La había dormido el acento argentino o el vino...
Era su soledad, la soledad de la que espera maquillada, vestida y ya despeinada a un amante que no llegará.
lunes, 16 de mayo de 2011
Ars poetica

Sale una prosa de mí que a veces parece tener la métrica de un verso libre.
Es como mi sonrisa, cuando sale natural desarma, pero su impostura casi tiene el mismo efecto.
Ensayo, pruebo, juego...a escribir, a sonreír y a vivir.
Utilizo la primera persona para esconderme tras ella, y me quedo con la tercera como álter ego.
Creo personajes con los que siento, porque siento como si yo misma fuera un personaje. Estiro las sensaciones, me hundo en los sentimientos y lo veo todo con la imprudente perspectiva de la lectora voraz.
Creo finales inciertos que me provocan risa porque el drama está en el planteamiento, a lo largo del nudo.
Son las imágenes de cuerpos las que me muestran el alma, las de miradas las que muestran mi intención y las de mujeres las que habitan en mí.
Encuentro en el Surrealismo la esencia
en Oriente, la belleza
en el Francés, el estilo
en el Latín, el germen
en el Cine, la magia
el sexo, el complemento ideal a la Literatura
los hombres, el complemento ideal a una historia que vivo a través de mujeres que son todas yo.
Espero que te guste.
Y suena la música, siempre.
domingo, 15 de mayo de 2011
Cannes

No para de preguntarle si es su amante. Pregunta ¿retórica? que ella debería saber contestar, pues amante es quien ama. No le ha preguntado nunca si es su querida, porque intuye que si sólo la besa en la boca, mucho es que no la quiere. Concubina, la otra, la puta, la zorra...
Se extraña porque ella sólo quiere ser su amiga. Una amiga con quien tumbarse abrazado, ante quien pasearse desnudo, con quien reirse y llorar a gusto; una amiga a muerte.
Sabe de los caprichos y sabe de los empachos. De los romances, de las aventuras y de las historias para dormir y para no hacerlo. Sabe que no debe enamorarse, pero lo que es peor, sabe que no puede aunque quiera. Sabe que va a seguir sola y tiene la certeza de que un poco más herida, porque le gusta el sabor a sangre que desprende su piel y el olor a melancolía. Seguirá esperando por los besos con ternura; esos besos ricos en los párpados, suaves en las mejillas, protectores en la sien. Mientras tanto, seguirá gozando de besos sensuales, marcando su ritmo, mordiendo sus labios; porque si va a ser amante, quiere serlo como las mujeres de antes y no como las niñas de ahora.
martes, 10 de mayo de 2011
Ma patrie

Mujer bandera es aquella que se niega a portar una sólo porque se lo pidan.
Le contaba su abuela, que cuando la guerra la querían como estandarte para una bandera; se lo exigieron. Al negarse, metieron a su madre en la cárcel, y la siguiente vez que la vio, tenía el pelo rapado. Odiaba las banderas, y más las que eran de color rojo sangre. Odiaba el pelo corto, y por eso todos llevaron siempre largas melenas rebeldes en su casa. Mientras que otras madres retiraban el pelo de los rostros de los niños, la abuela te obligaba a quitarte la coleta. Mientras que en colegio los niños se aplicaban con las banderas y sus atlas, la abuela les leía el retorno de Ulises a Itaca.
Era una mujer bandera por más que le jodiese.
Creció como la melena de Penélope mientras tejía. Nunca tuvo una tentación patriótica, pese a Ulises y su Itaca. Se sentía apátrida salvo en su casa; en el porche sentada junto a su abuela. Era el lugar donde se sucedía la Historia, la verdadera y la vivida. Los libros decían cosas que la abuela no contaba, y por supuesto que ella contaba cosas que no incluían los libros. Cosas que eran cuestionadas hasta por algunos maestros en la escuela. Ella creía en la verdadera historia y se esforzaba por revelársela al mundo. Un día la abuela le dijo que no se peleara por defender una historia, porque es como los cuentos; hay a quien le interesa creérselos y a quien no. Hay quien los ve como ejercicios de fantasía e imaginación o como simples productos infantiles. Hay quien piensa que el lobo no es malo, que sólo tiene hambre e intenta sobrevivir, y que los que para unos son malos, buenos son para otros, y "que sea la última vez que andas contando por ahí lo que se dice en casa". Le respondió a su abuela que ya no era una niña, que había cambiado los cuentos por la Historia, y que el lobo seguía siendo malo. La abuela sonrió ante la inocencia todavía no interrumpida.
Se puso el sol, seguían en el porche. Ahora se cogían de la mano, en silencio, viviendo la historia que más marcaba, la suya, la propia; la historia de un amor puro y revelador.
domingo, 8 de mayo de 2011
Des amies

Las dos amigas paseaban cogidas del brazo. No eran ni sus andares ni sus melenas alborotadas por el viento lo que llamaba la atención de ellas. Sorprendía a todos los que se las cruzaban el brillo que desprendían sus miradas. Sincronizaban sus pasos al compás de los latidos del corazón. Caminaban emocionadas, rápidas. Varios se volvieron a mirarlas; tal era su juventud e ímpetu. Las dos amigas no se sabían observadas pero sí se creían centro de todo universo. Una de ellas vio el cordón desatado del zapato de la otra. Se paró, se agachó y le hizo una lazada de doble nudo. Alzó la vista para recibir la sonrisa agradecida. La devolvió sincera. Siguieron cogidas del brazo, uniendo sus manos. Transitados unos metros, una de ellas comenzó a reirse. Era su risa escandalosa, pegadiza. La otra no pudo mantener el paso. Se paró para reirse con gusto, arqueando su espalda y cerrando unos ojos de los que ya salía agua. Al verla llorar, su amiga paró. Llevó la mano hacia su mejilla y barrió con ella las lágrimas que luego tragó. Volvieron sus ojos a refulgir.
Continuaron su largo camino recíproco de sonrisas, lágrimas y brillo en la mirada.
miércoles, 4 de mayo de 2011
Allumer
Las llamas se le subieron a la cabeza, le inflamaron las sienes, ardieron las pestañas, estallaron las ideas y sus emociones quedaron diseminadas, esparcidas por la alfombra. Lo usual es que sea la vagina o los genitales los que ardan, pero a ella le ardía la cabeza. Maldito terrorismo intelectual. Él se había agachado a recorrer con su tacto los libros de su biblioteca, y ella sintió aquellas caricias como suyas. La devoción, la pasión, el culto...Cuando se incorporó, sus miradas coincidieron, y eran también flamígeras. No pudo más que alabarle el gusto por la selección literaria, lo que era una declaración en toda regla. Ella le gustaba pues le gustaban sus libros; pero no sólo eso: le gustaba cómo los había ido colocando, por la relación entre los autores. Ella le explicó que no estaban por autores sino por la relación que los ligaba. Y así comenzó a desentrañarle historias de amor, pasión, familia, odios, envidias o admiración. También convivían obras dentro de obras. Le contaba, emocionada, qué placer le suponía que un libro le llevara a otro. Y así los colocaba, unos dentro de otros, y si no podía por su tamaño, los unía, uno al lado del otro...
Se sentaron juntos, como si fueran dos libros en la estantería. Ella le preguntó cuál elegía: uno de filosofía, dijo él, sacando Así habló Zaratustra. ¿Y tú?, interrogó curioso...
Yo, una tragedia griega con estilo japonés, tipo Kafka en la orilla, o un novelón ruso, o unos poemas chilenos, o un tratado de arte...
Qué arte.
sábado, 30 de abril de 2011
La fête des méres

No tenía el padre más motivos para enfadarse con la hija, que la hija con el padre. Una vez crecida ella se miraban con ojos de hombre y mujer; había crítica en la mirada. No le gustaba a ella que no hubiese dejado de ser niño, que se permitiera y se le hubiera permitido no crecer. No le gustaba a él que ella pensara en todas las mujeres y sintiera sus agravios. No le gustaba a él que no le gustasen los hombres, porque tampoco le gustaría él.
Disgusto tras disgusto se soportaban padre e hija, mucho más iguales de lo que ninguno de los dos desearía.
Y es que todo se hereda menos la hermosura, le decía la madre bella, y tú eres igual que tu padre...
Ya.
jueves, 28 de abril de 2011
Tie-break

Estaba condenada a muerte y ni siquiera le concedió un vis a vis. Sólo lo iba a utilizar para hablar: y podía jurarlo. Hablar quizás gritando, quizás llorando, escupiendo, pataleando, mordiendo o arañando; pero hablar. Era una condenada sin piedad; ni cristiana, ni musulmana ni catalana. Y entonces decidió morir sin honra, sin orgullo. Las paredes de su prisión aguantaron los golpes de su cabeza y las embestidas de su cuerpo. En ellas volcó su vómito, clavó sus uñas. A ellas miró sin ver, presa de rabia.
Comprendió con el paso de los días y de los años que su condena a muerte consistía en la privación de decirle lo que sentía. Podría seguir increpando a aquellos muros, pero a nunca a más a él, que se había encargado de levantarlos para ella.
Sabía de gobernadores que intercederían, de asociaciones que la sindicarían y de presos que como ella, estarían dispuestos a tirar los muros; pero había aceptado morir sin honra, porque muriendo ella, lo mataba a él.
martes, 26 de abril de 2011
Désir

Y sabes lo que le faltó siempre: deseo.
Y entendió que no se trata de amor. Solía pensar, la pequeña Carmencita Palermo, que el primer hombre que la hiciera sentir un orgasmo como los que ella se procuraba, sería el amor de su vida. Casi acierta, porque todavía recuerda su primer orgasmo junto a alguien. Sólo lograba decir: Ahí, ahí, ahí. Por fin alguien parecía haberlo encontrado...y creyó enamorarse. Las noches empezaron a repetirse y los insomnes sabrán de la dura repetición de las noches. Los orgasmos se volvieron noche. Rutina carente de deseo.
Carmen ya Palermo se enfrió tanto que arrastraba un enorme pañuelo crónico para sonar sus mocos helados. No bromeaba al pensar en su media frigidez. Se regalaba por si alguien llegara a sorprenderla. Reflexionando sobre su poca dedicación al coito, apareció la palabra 'deseo'. Y no pudo evitar evocar a Cernuda. Quizás fuese demasiado intelectual para el sexo. Realmente Carmencita Palermo despreciaba a las personas que se dedicaban con avidez a ello, pero no a las promiscuas, sino a las fieles. Una vez más no pudo evitar pensar en su simpleza.
Y ahora lo reducía todo al deseo. Porque estaba ardiendo y porque al arder le llegaba el orgasmo solo. Porque Carmen Palermo se sorprendió recordando el olor a polla, se estremeció al sentirla en su boca, al pensarla llenando su vacío.
Se sentía una italiana de pecho desbordado; desbordado de deseo.
lunes, 25 de abril de 2011
Elle ne se regrette pas?
Ada Cuerpo se calza sus botas; están sucias. Sabe que ha vuelto a equivocarse e intenta solucionarlo con una mueca de sonrisa. El día va a ser muy largo para Ada Cuerpo, lleno de remordimientos en sus minutos. Quiere que pasen las horas y ni siquiera desayuna en un intento de hacerlas correr. La cama apenas hecha. Evita mirarla, olerla. Una nausea súbita la hace correr al baño: es bilis. Recordaba la conversación de unos chicos que al estrenar casa se preguntaban unos a otros si ya la "habían estrenado" en su clara connotación sexual. Le provocó risa su simpleza, pero al verse vomitando, temblando con la cabeza entre sus manos, se dijo a sí misma que ella sí que ya había estrenado su nueva casa. Casa vomitada, casa estrenada.
Ada Cuerpo arrastraba fama de bulímica.
Sus nervios se instalan en la barriga y desde allí la dominan. No le será fácil disimular hoy. Busca el tabaco y las llaves y sale rápida cerrando la puerta tras de sí.
Baja por las escaleras con el miedo de cruzarse con alguien. Sus botas siguen estando sucias. En la calle busca su coche, pero no lo encuentra. Echa a andar, cruza los prados, sube el puente, se adentra en una autovía. Los coches pitan, algunos la insultan. Trepa por una valla y se adentra en una huerta. Pisa tomates, se hunde en la tierra. Continúa y coge una manzana de un árbol. Un perro la persigue ladrando. Sale de la finca y para un autobús. Se sube y no se sienta, se baja en la siguiente parada. Camina por un parque esquivando niños, llega a la plaza de toros. Se para.
Realmente no sabe cómo lidiar con lo que se le viene encima.
Ada Cuerpo, torera con botas sucias.
viernes, 22 de abril de 2011
Cocktail

Sinosuke es medio india medio japonesa. La piel de su rostro es india, la de su cuerpo, japonesa. Se mueve entre la blancura más absoluta y el dorado amarillento, lo que le confiere perpetuo aspecto enfermizo en la cara y lozanía inmaculada en el cuerpo. Sinosuke tiene pelo de india, ojos japoneses. El brillo de su mirada proviene de la mezcla; de la de razas y de la de alcohol. Sinosuke bebe para alegrarse, para estimularse, para evadirse, para llorar. Bebe para justificarse; para poder hacer lo que realmente desea y no se atrevería de otra forma. Sinosuke no sabe si quiere ser Sinosuke, no sabe ni siquiera si se conoce. Cuando bebe sale una parte de sí misma adorable y siempre reprobable. Su parte de india salvaje. Su génesis y origen. Subyace su barbarie bajo la dermis japonesa que siempre disimula. Sonríe sin perder el equilibrio. Ha cambiado la ceremonia del té por rituales etílicos que cumple con la rigurosidad aprendida. Sinosuke bebe rápido, es elegante al servir las copas, no le tiembla el pulso mientras. Al beber tiende a cerrar sus ojos japoneses, que rápidamente abre al paso del licor por la garganta. Sinosuke debe beber sola; hacerlo en compañía supone peligro: para ella y para ellos. El alcohol se convierte en el disfraz perfecto bajo el que esconderse para ser otra. Lo que no sabe es si como cuando nos disfrazamos lo que hacemos es elegir identidades soñadas. La bella Sinosuke lo es más cuando se embriaga: se llena de picardía, afila la mirada, sonríe y ríe, deviene la melancolía, humo de tristeza, lágrimas, soledad...
Sinosuke se perfila los ojos, bucea en el vestidor buscando la prenda que la haga brillar sentada en la barra del bar al que irá para beber sola y encontrar a alguien que brinde luego con ella en su casa. Aunque quiera ocultarlo bajo su disfraz Sinosuke sólo busca caricias que reconforten su soledad. Es una buena chica.
martes, 19 de abril de 2011
Hérédité

Las dos hermanas vuelven a encontrarse tras meses de desencuentro. La hermana mayor le ha tendido la mano; es su obligación, es la mayor-piensa. Lo ha hecho por responsabilidad y por conciencia. Ha renunciado a su orgullo, como siempre. La hermana pequeña mantiene el papel de hermana pequeña: caprichosa, consentida, tirana. La pequeña ha estudiado, es lista, independiente. La mayor los ha cuidado a todos, es abnegada, humilde, resignada.
Quedan para comer en territorio no neutral. La que invita elige campo. La mayor cocina sin ser navidad: entradas, pescado, carne...que todos puedan ser complacidos. La pequeña lleva ricos postres de rica pastelería. Comen, todos menos la mayor que sirve y apenas come. Hablan, banalidades siempre polemizables. No ríen, tensiones no resueltas. Sobremesa y se quedan solas. No hay momento para homenajes a los que ya no están. Hay que hablar de negocios. Porque la herencia es un negocio y la culpa no es del capitalismo. La culpa es del egoísmo. Piensan los padres en dejar como herencia la educación de sus hijos, los principios por los regirán su vida, los buenos sentimientos. Se preocupan y se ocupan para que sus hijos se desarrollen, se formen, encuentren algo sobre lo que poder sustentarse. Y llegan las hijas y parece que se aferran al recuerdo paterno en forma de billetes. Los principios se convierten en dinero. Y eso sí parece capitalismo. Son hijas de la postguerra, nietas de una guerra y no aceptan el armisticio. Vergüenza siente la mayor, sinvergüenza ha llamado a la pequeña.
Nunca creyeron que les pasaría a ellas, y seguro que hoy alguien se remueve en su tumba.
Dioses y héroes clásicos intervendrían en estos conflictos; pero no hay dios ni hay héroes. Hay villanos enfermos de dinero y de envidias.
Las dos hermanas se alejan tras el reencuentro. Llora la mayor de pena, de rabia la pequeña.
sábado, 16 de abril de 2011
Autobiographie
Cuando le mostré a mi madre mis textos recientes me dijo que sólo los disfrutarían las personas sensibles, porque los que no tuviesen sensibilidad no los entenderían. Me dio que pensar. Mi padre nunca me dijo una palabra de ellos...A lo sumo, cuando yo le preguntaba y no encontraba escapatoria posible, respondía reproduciendo parte de los textos a modo de interpretación y queriendo luego llevarlo todo a mis experiencias personales: "ahí quieres expresar tu independencia", "ahí describes la ansiedad"...Me enfadaba. No es autobiografía. Un día mi madre me dijo que todos los textos se parecían entre sí; le contesté airada que yo tenía mi estilo, pero que si ella quería escribiría uno sobre lo bello que es vivir. El problema, le dije, es que no creía que me saliera. A mi madre le gustan y a mi padre no. Supongo que eso resume perfectamente lo que soy yo y lo que somos todos; las dos mitades que tenemos pese a que no nos hayamos criado con ellos o que sólo hayamos vivido con uno o que sólo queramos parecernos a uno...Otro día, mi madre me dijo que no iba a estar siempre diciéndome que le encantaba lo que escribía, y yo le contesté, otra vez airada que por qué. Si he de privarme de alguna pasión que no sea de la de madre...Curiosas son las percepciones. Un amigo me preguntaba hace meses que por qué el 90% de lo que escribía versaba sobre sexo. Me quedé medio muerta, e intenté comenzar muchos escritos así: "el 90% es sexo"; los tiré todos. Mi estupor en ese momento vino porque yo pensaba que el 90% de lo que describía eran sentimientos. Y hablando de sexo:
"Ella se encongió, dobló sus rodillas, plegó las brazos y escondió su cara entre ellos. Tenía el vestido doblado en la cintura y la visión de su culo, sin bragas, en perfecto ángulo con su muslos, le transtornó. Quería cubrirla, tapar con su cuerpo el de ella, tendida en aquella cama. El vestido le había parecido precioso al verla, pero ahora que se posaba arrugado en su vientre, mostrando la mitad del pubis, sus caderas y nalgas; mostrando los muslos y aquellas piernas...ahora, ahora le parecía turbador. En ese momento deja de sentirla tierna, adorable, querible. En ese momento la descubre cruel, despiadada, fría. Entiende que ella está posando para él, que quiere volverle loco. Finge estar dormida, va girándose separando su piernas hasta abrirlas ante su cara. A él entonces le alcanza la muerte, o eso cree. No se va a dejar matar por muy bella que sea. Se abalanza sobre ella que abre rápidamente los ojos clavándoselos en el alma. Lo desarma; eyacula repentinamente. Avergonzado, se aleja de ella, mientras ve que vuelve a replegarse sobre sí misma."
martes, 12 de abril de 2011
Hard Rock
Quizás ya no necesite escribirle. Ya se lo ha dicho todo y también le ha dicho de todo intentando provocar una reacción que no llega. Sabe que él la ha leído, pero intuye que no lo ha interiorizado. Él hará suyo aquello de que la ficción supera la realidad.
El fracaso es incluso peor que el desamor. El desamor dignifica mientras que el fracaso es tan mundano y mediocre. Un fracaso es una experiencia deseable para todo mortal; es bueno sentirse perdedor alguna vez y ayuda a comprender el movimiento del mundo.
Pero acumular fracasos es para ella envejecer.
Y envejecer con toda su carga peyorativa.
Quizás ya no necesite escribirle, pero lo seguirá haciendo. Igual que le seguirá llamando cada vez que se emborrache e igual que tocará su cabeza pensando en cómo él la acariciaba. Quizás ya no necesita escribirle, pero lo seguirá haciendo porque no fue ella quien decidió sacarlo de su vida, así que no lo ha sacado. El camino es unidireccional y es mejor: no hay choques. Seguirá escribiéndole porque le da la gana, porque quedan cosas por decir, por gritar. Y nunca volverá a leer palabras de amor porque sigue doliendo el fracaso. Y espera volver a sentir amor cuando sele quite el miedo al fracaso. Y espera que sigan alegrándose algunos cuando vean nocturnas llamadas con brillo etílico...
Porque los viejos roqueros nunca mueren...aunque acumulen fracasos.
domingo, 10 de abril de 2011
Au revoir
Había una vez un hombre que le había servido de inspiración. Lejos de tocarse se comunicaban a través de los otros sentidos y muy especialmente estaban conectados por un terrible sentimiento de superioridad. Los dos se sentían elegidos, demasiado inteligentes y tocados de una sensibilidad y personalidad no apta para compartir convivencia con otro. Sentían una fuerte atracción mutua y una pulsión sexual difícil de contener. Jugaban a excitarse. Se escribían apasionados textos poblados de un léxico rico y llenos de referencias literarias. Los ensuciaban con palabras malsonantes cargadas de pasión que atravesaban sus entrañas como flechas. Utilizaban el arte como potente afodisiaco para sublimar sus emociones.
Se volvían locos comentando los detalles de una pintura, intercambiando versos, escuchando música mientras se imaginaban bailando, soñando leerse pasajes, tocarse, olerse, probarse...
Él le servía de inspiración porque la provocaba, y salía así lo mejor de ella misma. Pinchaba su modesto talento que se inflamaba pareciendo entonces mayor. Nunca quiso enamorarse de ella, pero no pudo evitarlo. Y al enamorarse, comenzó a despreciarla. Sólo él sabe porqué quiso apartarla de su lado. Comenzó su estrategia de manera despiadada: celos. Le hablaba de otras mujeres con tono admirativo. Antes, gozaban haciéndolo. Él las ponderaba pero siempre les encontraba algún defecto al compararlas con ella; nuncan era tan mujeres. Observó cómo los celos lejos de alejarla, la habían atraído más hacia él; se mostraba más entregada. Por un momento sintió que quizás fuese una mujer normal, un animalito más, pero recordó su naturaleza exaltada, nacida para la lucha. No podía evitar sentir aquella simpatía hacia ella. Decidió entonces olvidarla. Mostrar la más absoluta indiferencia, volver a sus rutinas antes practicadas, frecuentar a esas mujeres antes citadas. Pronto alguna le tendría suficientemente ocupado como para no sentirse tentado a buscarla; y no por ganas, sino por agotamiento.
Ella, por su parte, sólo lamentaba haber perdido la inspiración.
miércoles, 6 de abril de 2011
Poésie
Se le ocurren tantas metáforas mientras mira la taza llena de café...
Vive en la metáfora mientras sueña, piensa y actúa...
Cree en la metáfora como forma de relacionarse...
Y dice: "si la metáfora es un recurso, por qué no se usa más?
Quiere un mundo gobernado por la poesía, y si no gobernado que sea regido, que suena mejor.
Todas aquellas almas, cuerpos y voces poéticas deberían alzarse ante tamaño mundo prosaico.
La rebelión de la inteligencia, de la ocurrencia, de la creación. La vanguardia de la mente dormida.
Lo dice ella que es prosa y lija pero que siente con la métrica libre.
Lo ha dicho ella que vive en la sinestesia.
Música descubierta a través de José Luis Moreno Ruiz.
domingo, 3 de abril de 2011
Parfum
¿Conoces a alguien a quien le desagrade el olor de su madre?
Parece algo contranatural, tipo aberración. Si le damos la vuelta, sería tipo monstruoso: una madre a quien desagrade el olor de su criatura...
Cuando su novio le dijo que no le gustaba su perfume, sabía que la iba a dejar. Tardaría más o menos, pero llegaría ese momento.
Tenía experiencias previas, con otras personas, donde el principio odorífero marcaba el principio del final. Le pasó con unas compañeras de piso malavenidas: cuando empezaron a desagradarse por los olores (corporales, artificiales, gastronómicos o de ambiente) descubrieron lo deteriorado de la relación.
También le pasó en algún trabajo que al principio olía a gloria y en su final a mierda.
Ella misma se atufaba en algunos momentos.
Volviendo al olor materno, le gusta pensar que es una herencia matriarcal. Las abuelas lo atesoran durante toda una vida y cuando ésta termina se lo pasan a las madres, no sólo para que lo conserven y retengan, sino también para que lo amplíen y personalicen. Así se conforma una esencia que raro es a quien no enganche.
A veces el olor de la criatura recién nacida o en sus primeros años evoca al de la abuela en sus últimos. Teorías de los círculos que se van cerrando a la vez que se abren.
Quizás a las otras personas se las huela sólo por partes: genital a la pareja, posible o real; axilar al compañero, dérmico al otro sexo, doméstico a las familias...
A todos nos gusta oler bien y todos difrutamos oliendo. Cuando el gozo se torna tortura, salta la alarma fragante.
¿La hueles?
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