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lunes, 28 de febrero de 2011

Armes



Golpean los sentientos y las sensaciones en la boca del estómago. ¿Puedes sentir pena de un niño violento? ¿Puedes empatizar más con él o con sus víctimas? En la mujer la violencia es sexy, dicen aquéllos que ansían, ignorantes, a la femme fatale. En el hombre la violencia es instintiva, dicen aquellos primitivos que defienden las teorías animalistas. En los ancianos es histórica..Pero, en los niños...No en los niños que patean llamando la atención, ni en las niñas que tiran de pelos más largos que los suyos. Niños de quince años reafirmando su insegura hombría a base de golpes, repitiendo patrones, jugando a dar pena a niñas que creerán poder redimirlos con amor, por amor. La violencia me hunde, me pesa dentro. No puedo ser juez, no puedo ser parte. Leía el dibujo de un niño, de los pequeños, que decía " En la guerra no hay nada de belleza". Me reí, incrédula. Pero a mí me gustan las guerras de causas nobles, la lucha entre iguales, el reto por superarse e incluso la propia defensa personal. No me gustan los ataques por la espalda, las guerras sucias, los disparos a traición. Incurriré en contradicciones pero es que me golpean los sentimientos y las sensaciones en la boca del estómago. Yo debo de ser una de esas niñas que piensan en redimir a través del amor. Creo ser una mujer que no ha conseguido nada.


domingo, 27 de febrero de 2011

Médecine



“El animal que soy lejos de volverse manso siente correr la sangre por sus venas acelerando el ritmo de su corazón. He sido violenta y eso me convierte en bárbara. No encuentro descanso; violencia entraña violencia y yo soy fruto de esas entrañas. No sé respirar, no sé disfrutar. No ahogo los gritos que debería ahogar y me ahogo en su solo eco.
Corro desesperadamente en un metro cuadrado en el que todo rebota pese a no ver las paredes. Me lesiono, me golpeo, sangro y no reacciono. Sé del peligro de llegar hasta el fondo y aun así salto al vacío. No me gusto. Ya no fluyo, mano. Nada se precipita pero yo me impaciento.

Siento la falta de caricias como golpes certeros.

Me tumbaré para no descansar mirando al techo esperando encontrar una luciérnaga que me alegre el día.”


Sus confesiones dejaron abatida a la Doctora Psiquis. No hay muchas mujeres que reconozcan su violencia y menos que suene tan bien que no puedas ni reprobarla. Una mujer presa de su temperamento descontrolado y angustiada por su permanente control. No está loca, sólo pasa una temporada intentando olvidar que pueda estarlo. El internamiento fue voluntario. Volvió a su casa fijando la mirada en la carretera y pensando cómo la presión puede hacer mella en nosotros:el trabajo, los jefes, los compañeros, el dinero, las relaciones, los sentimientos...Somos pequeñas armas de autodestrucción a merced de las circunstancias. Su paciente no era tan distinta de sí misma. Quizás la doctora se había tratado con razones mientras que a ella no le habían funcionado. Ahora debía engañarla con argumentos menos contundentes pero más eficaces a base de ansiolíticos y antidepresivos. Su familia le preguntaba si no iba a recetarle también terapia, pero ella temía que si seguía reflexionando empeorara. Aquella mujer era preclara; llevaba la vida que le habían impulsado a llevar: familia, trabajo, éxito social...pero se sentía infeliz por el ajustado corsé que sujetaba y envaraba todas esas cosas.


Aquella mujer no era más que su propia conciencia.

Llegó a casa, vaso de leche con pastilla y a dormir que mañana será otro día.

sábado, 26 de febrero de 2011

Samedi



De piropos, halagos y elogios.


Todoterreno.


De transporte, paseo y disfrute.



jueves, 24 de febrero de 2011

Magie



Cirano no se enfrentaba a su nariz y la recordaba aunque no se la recordaran. Ella, pese a tener una nariz perfecta, veía la obra acordándose de sí misma. El miedo la paralizó y doblegó muchas veces en su vida. Sus inseguridades iban más allá de barreras físicas porque llegaban hasta los límites emocionales. Flaqueaba al dar los pasos y por eso repetía mecánicamente los caminos de ida y vuelta.

Sentada en la butaca del teatro no se sintió público; voló sobre las tablas y entró dentro de los personajes para poseerlos una y otra vez. No se sabe si fue por su empatía o por su ansia de protagonismo pero logró emocionarse con la inseguridad de Cirano que fraternizaba con la de su rival en el amor, sonrió con la compleja frivolidad de su amada, asintió ante el final siempre infeliz...

El teatro se quedó vacío para que ella saltara por encima de las butacas, corriera hasta el escenario y le diera tiempo a agradecer la ovación final con ceremoniosa reverencia y lágrimas en los ojos. Agradecida al teatro, caja de magia.

miércoles, 23 de febrero de 2011

Si



Si escribiera mi verdad estaría llena de palabras que ofenderían a oídos finos y a vastas conciencias. Sería una verdad que yo creería absoluta y demoledora, y que chocaría frontalmente con otra verdad; la que me rodea y me asfixia. Si todo es relativo y yo no soy capaz de verlo, quizás esté ciega pero no soy necia. Tampoco soy pragmática, ni dogmática. Soy una mujer que quiere gritar a los que no están sordos pero sí son necios.



lunes, 21 de febrero de 2011

Rancune

Sara Holbert.



Su larga melena escondía mechones de desencanto. Él la acariciaba intentando dormir a la fiera que en ella palpitaba. Era bálsamo, era pomada, era... mentira...


Un fraude de caricias. Así como las cosas nuevas se estropean en el momento que vence la garantía, sus caricias terminaron en cuanto venció la realidad. Ella tuvo que conformarse con noches semillenas de su propio tacto, evocando las manos de aquél que quiso ser sanador y que se convirtió en mal menor. Extrañaba los largos dedos enredados en su vello, enredando con su vello; ahora eran dedos que hurgaban en la herida. Dedos que provocaban nauseas ante el asco de la deslealtad. Y seguía vomitando tiempo después todas las palabras que no la dejó decirle, escupiendo toda la rabia y la impotencia, purgándose de desamor.


Su larga melena se había vuelto opaca tras el roce de aquellas manos.



jueves, 17 de febrero de 2011

Surnaturel(elle)


Se quiso quedar con su olor. Compró su perfume para llevarlo consigo, pero no era lo mismo.

No era el olor de un hombre amado; era el olor de una mujer envidiada. Y no soportaba que dijeran que las mujeres eran malas entre ellas, que se ponían zancadillas, que se destrozaban...Ella sólo quería su olor. A las otras mujeres, guapas, inteligentes, esbeltas o estilosas, las admiraba, porque normalmente todo eso se conseguía con trabajo. Sólo podía envidiar aquello que se tenía sin esfuerzo alguno. Y quería su olor.

Comenzó por observarla. Apreció un movimiento quizás para otros desapercibido: cada cierto tiempo se llevaba la muñeca derecha a la nariz para olérsela; cerraba los ojos cuando lo hacía.

Pronto empezó a seguirla; su fragancia era la huella que la guiaba.


Un día, y siempre llevada por su olor, entró al mar. Se sumergió bañada por una ola y allí la vio. Una sirena que plácida se movía ajena a su mirada. Salió del mar empujada por otra ola y se quedó tumbada sobre la arena, en la orilla. Turbada, la esperó. Con la caída del sol, la vio pasear por la bahía, llevándose la muñeca a la nariz y cerrando los ojos.


Sobrenatural


La brisa marina cedió ante el olor de la sirena.


lunes, 14 de febrero de 2011

Ironie





Nací romántica y sonrío al ver a una pareja besarse.


Crecí inocente y me sonrojo ante una declaración de amor.


Pronto me abrí al amor y me río de quienes lo proclaman de dos en dos.


Maduraré ¿sintiendo por fin?


Dora hablaba así con Valentina mientras intentaba seducirla recogiendo su larga cabellera en un moño lateral...
(Irónico y cruel)





miércoles, 9 de febrero de 2011

Aujourd'hui



Hoy me preguntaron qué es "anarquista" y eché de menos el sexo.

Hoy me visitaron mis jefes y eché de menos ser anarquista.

Hoy fui a ponerme guapa y eché de menos ser simpática.

Hoy expliqué el pretérito perfecto compuesto y creo que no lo he entendido, profe.


Hoy termina siendo hoy, lo de siempre:

poco sexo, poca anarquía, poca diversión y nula compresión.



viernes, 4 de febrero de 2011

Dédicace





Hoy celebro que no he abandonado la carrera. Como en las metas volantes del ciclismo atravieso levantando los brazos para continuar. El amarillo no me sienta bien, compite con mi piel, así que no sufro por no llevar el maillot. El mío es un deporte individual, y la mía, una vida solitaria; así que cruzo la línea de meta sabiendo que mañana la competición continúa más dura, más sola. Con un poco de suerte me topo en el campamento base con alguien que quiera festejar esta noche conmigo; si está en esta carrera, seguro que me interesa. Hace tiempo que nadie me regala un poema y languidezco sin lírica. Los días mecánicos de esta cadena de producción se tornan grises sin un verso que llevarse a la boca. Si de mí saliera poesía me gustaría regalarla. Mis regalos significan lo mismo que yo.


Hoy celebro el cumpleaños de mi abuela y por primera vez se me ha pasado por la cabeza ir al cementerio para volver a preguntarle si está orgullosa de mí; pero no puedo. Ella me ha hecho un regalo hoy en su primer cumpleaños sin ella y por eso he ganado esta etapa; para ella. Quid pro quo siempre.


Te regalo todas mis palabras.


martes, 1 de febrero de 2011

Tours



No puedo ponerme en la piel de un hombre ni aunque éste sea aquél que un día vi limpiando la Torre Eiffel y del que supe, me podía enamorar.

No sé si se tratará de otro hombre perfecto, pero lo imagino recogiéndome cada vez que me quisiera tirar de la torre abajo, suicidio imposible por lo que tengo entendido y suicidio pensable por ende. LLamarle el de mantenimiento de la torre me parece injusto, inventarle un nombre francés, vulgar; ponerle camisa a rayas y pipa en la boca sería convertirle en Chanquete. Así que contaré la verdad que nunca toda la verdad.

De origen paquistaní, sus ojos se clavaron en mi mirada.

De tránsito francés su acento ronco.

Destino desconocido perseguido por días monótonos.

Decoro sobre un minúsculo arnés.


Y es que dicen que es mejor intuir...


domingo, 30 de enero de 2011

Démiurge



Es una historia muy triste. Quizás al final logre darle la vuelta o lo logres tú, pero es una historia muy triste. La protagonizan el abandono, la dejadez y la ignorancia. La padecen personas a las que un día se apartó de la circulación por pequeñas taras que les hacían subnormales.
Entrar en su mundo le dio una bofetada en la mejilla izquierda y un beso en la derecha.
Mongolia bien podía ser un paraíso.
Aquellos hombres y mujeres que un día fueron niños, bebés, se afanaban en sus tareas con ahínco; concentraban su atención en el trabajo que desarrollaban eficientemente. Un grupo arreglaba una suerte de jardín japonés colocando las piedras con un mimo digno de quien manipula porcelanas. Diseñaban un caminito de líneas quebradas que terminaban en un seto recortado como salido de un cuento. Le sorprendió que no hablaran mientras lo hacían, tal era su concentración. Se sentó en un banco al sol mientras los observaba y entonces se dio cuenta de la historia de amor que se vivía y que daba sentido al jardín japonés. Cada vez que él colocaba la última piedra de una serie, se producía un ritual. Él empleaba más tiempo para esa piedra que para las demás, y tras colocarla la miraba. Ella respondía a esa mirada con una sonrisa limpia e ilusionada, y una vez que él volvía al montón para proseguir con el diseño, ella se acercaba a la última piedra colocada de la serie. Se agachaba, la levantaba y encontraba el tesoro. Iba dejando para ella pequeñas letras que conformaban un mensaje. Se enteró que no hacía mucho que habían aprendido a leer, y que el método utilizado fue ir juntando letras que primero recortaban de periódicos y revistas. Él no se conformó sólo con aprender a leer,
sino que también quiso escribir para ella. Todos sabían de sus mensajes porque luego se leían en el taller, y suponían un motivo de arrobo para todos. Los colgaban de un corcho en la pared que te recibía al entrar. Casi todos eran mensajes cursis de amor, pero uno le llamó especialmente la atención: “tendremos un hijo”.
Se quedó helada en ese momento. Se había dejado llevar por el momento romántico que le había colgado una tonta sonrisa en la boca. Todo le parecía inocente, casi infantil. No se había percatado de que los protagonistas de esa historia no eran niños, sino personas con pulsiones adultas. Pronto se enteró de que aquella historia de amor como toda buena historia de amor que se precie suscitaba polémica y todo el mundo opinaba sobre ella. Había quienes se oponían frontalmente a que fueran padres argumentando la vida tan perra que le podía esperar a esa descendencia: una más que segura discapacidad, una orfandad temprana, limitaciones...Otros, por el contrario, defendían ese posible embarazo como movimiento natural de aquella relación. Le volvió a parecer una historia muy triste. Se giró para encontrarse de nuevo con la sonrisa de ella, con la mirada de él.
Ya no estaba tan segura de que Mongolia fuese un paraíso.
Ahora lo que veía era cómo sus vidas estaba en manos de los demás, personas que podían decidir sobre su voluntad y que quizás debían.
Se apenó aún más cuando se enteró de que los protagonistas de esta historia de amor fueron hijos abandonados, niños aislados, jóvenes apenas educados y siempre marginados por intuírseles una diferencia a la hora de percibir y de entender la realidad.
El mensaje sepultado bajo las piedras era la expresión más sencilla y pura del amor: “Te quiero”.
Se fue de allí sin saber si había estado en el infierno o en el paraíso.
Un lugar más o menos igual al mundo en el que ella vivía.


martes, 25 de enero de 2011

Sombre

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El animal que soy lejos de volverse manso siente correr la sangre por sus venas acelerando el ritmo de su corazón. He sido violenta y eso me convierte en bárbara. No encuentro descanso; violencia entraña violencia y yo soy fruto de esas entrañas. No sé respirar, no sé disfrutar. No ahogo los gritos que debería ahogar y me ahogo en su solo eco.
Corro desperadamente en un metro cuadrado en el que todo rebota pese a no ver las paredes. Me lesiono, me golpeo, sangro y no reacciono. Sé del peligro de llegar hasta el fondo y aun así salto al vacío. No me gusto. Ya no fluyo, mano. Nada se precipita pero yo me impaciento.

Siento la falta de caricias como golpes certeros.

Me tumbaré para no descansar mirando al techo esperando encontrar una luciérnaga que me alegre el día.


jueves, 20 de enero de 2011

Átame



Si la dictadura de los sentidos dominaba sus impulsos comprendía que debía exiliarse a otro cuerpo donde el regente no se dejara dominar por su pasión.
“-Es fácil que se nos vaya de las manos este juego”, le decía arrodillado.
Ella, como el dictador, no sabía cuándo el juego perdía la gracia, o cuándo dejaba de divertirle.
Dominar cobró sentido para ella como la venganza que se disfraza de justicia. Muchos eran los que suplicaban sufrirla. ¿Qué tenía? ¿Qué hacía que imploraran sus golpes más violentos? No le interesaban aquéllos que se querían redimir. Bajo su desamparo sólo quería a aquéllos que la elevaran a una altura donde le fuera imposible atisbar el barro en el que tantas veces hubo de luchar. Se había convertido en una salvaje cegada por el odio. Alimentaba a todos los sumisos que en su puerta hacían cola de la esperanza de pasar hambre. Consagraba su existencia a hacer crecer su poder y anhelaba un mundo mayor donde poder clavar más lindes.
-“Déjate llevar, cariño. Lo hacemos para divertirnos...” le dijo clavándole el tacón en el pecho.
-”Estoy preparado; empieza cuando gustes”
-”Lo haré cuando quiera, pedazo de mierda”
Le tapó los ojos con la misma venda que oprimía su estómago, y mientras él consumía su tiempo tumbado en aquella tosca estera, ella abrió un periódico donde leyó la caída de una dictadura lejana.
No pudo más que congratularse en tremenda paradoja por sentirse miembro de una especie en extinción aunque no por ello poco poblada.
“_¿Qué haces?
-”Leer”
-Compártelo conmigo, por favor.
-Nunca ¿Cómo un sumiso como tú osa optar a la lectura?
Él se calló porque la venda tapó también su boca.


No era la primera vez que le pedían que les leyera algo durante las sesiones. Incluso alguno llegó sacar algún libro en la sala; creyó verle la Filosofía del tocador a un joven aspirante a actor en su bolsa. También el viejo profesor la sorprendió con La crucifixión rosa de Miller un día nada más entrar. Ante esos casos, debía ser implacable. Nada de libros. Nada de lecturas. Cualquier amateur de la dominación lo sabe. Aquí no se viene, aquí se ve uno obligado a venir.
Túnez sólo le gustaba para vivir una pasión turca o una pasión tunecina, lo mismo daba.
Ella vivía lejos de allí, en una sociedad que a priori nada tenía que ver con aquéllas donde dictadores, amigos y amantes campaban a sus anchas. Vivía lejos de lugares donde “cultura” es pecado, donde “mujer” es demonio, donde “moneda” es paraíso, donde se limpian con esmero altares y donde “libertad” es quimera.
Vivía alejada de todo aquello, pero vivía en una casa al que iba todo aquél que mirando las páginas de contactos del periódico la había encontrado bajo su nombre artístico: Ama Profesional.


El juego de la perversión frente a la perversa realidad.


martes, 18 de enero de 2011

Roman



Era una tienda de ésas de toda la vida. La poblaban maniquíes inexpresivos y mobiliario industrial. También en los últimos tiempos colgaban de sus perchas indumentarias aptas para fantasías cutres. Era una tienda de un barrio lejano al suyo, por el que pasaba siempre en coche y no muy a menudo, pero siempre que lo hacía se veía obligada a parar frente a ella; tal era el tráfico y las señales siempre respetadas (no obstante, en ese lejano barrio se ubicaba una de las autoescuelas más populares). Y sí, se respetaban las señales. Y sí, ella no sólo lo hacía con el ceda al paso. Aquel escaparate era una señal. En su época más fantasiosa, soñaba con ser escritora. La poesía fue al principio, la prosa fue definitiva. Una novela era el novamás de la creación literaria; el ejercicio perfecto. Dos fueron sus ideas: el maniquí viviente y la mentirosa patológica. Mirando el escaparate descubrió la autobiografía. Lejos estaba del ejercicio perfecto...



Y siguiendo con el recuerdo nostálgico, evocó a aquél que como herencia le dejó una grabadora confiando en la buena idea de sus dos únicas ideas. Ella nunca la utilizó porque no hizo falta para que aquello quedara grabado en su vida como una historia romántica más con final.


sábado, 15 de enero de 2011

C'est la vie



Llega el primer aniversario, el cabo de año. Ensombrece un día soleado la figura de la iglesia. Los recuerdos no son sombras pero se diluyen como bruma; algunos se quedan fijos, inamovibles: la imagen de la muerte, las miserias de la vejez, los ruidos de la enfermedad...Son los sentimientos los que no se alteran inmutables: la ternura mayor conocida, el amor sin remilgos, la identificación plena y el arraigo.

Pasa un año que cunde por una vida, porque aunque parezca que nada ha cambiado, ha sido el primer año de una nueva vida, huérfana de referente y carente de sentido.

La cocina funciona a pleno rendimiento esperando a los invitados que rindan comiendo homenaje.

Yo no arranco a funcionar. Me voy encogiendo por momentos sintiéndome la niña que lo hacía en su regazo; una niña de 30 años que la triplicaba en kilos y que sin considerarlo buscaba sus mimos, su aliento, su mirada.

Ha pasado un año y sigo durmiendo a su lado.

sábado, 8 de enero de 2011

Je suis fan



Cuando la abandonó ella se olvidó de la música. En su casa reinó el silencio durante los días, y sólo se permitió acompañar sus noches acompañadas por aquella música que había venido con él. No deja de ser cruel para con ella y no deja de ser un homenaje a la memoria el que sonase aquella sinfonía siempre en su cama. Era absolutamente evocador y absurdo. Sus fugaces acompañantes no entendían su emoción ante aquellos acordes, pero sentían cómo se alejaba con el transcurrir de la melodía. Se entregaba a la música y no a ellos.
Se torturaba pensando que lo hacía como un acto más de amor empecinado y necio hacia a él, pero cuando acudió a aquella sala y escuchó en directo a aquél que sonaba en sus noches, entendió que lo que realmente amaba era aquella música que la hacía estremecer.


Reapareció la música en sus días
(Y los músicos...)

martes, 4 de enero de 2011

Théâtre



Y llegó el momento de subir al escenario. Sentía una fuerte emoción. Su corazón palpitaba muy acelerado y notaba sus latidos en la sien y en la barriga. Era pura adrenalina. Subía a recoger un premio y se había vestido para la ocasión; eligió un traje de pantalón negro, estilo esmoquin, y bajo la chaqueta un cuerpo de encaje. Se sentía segura para subir las empinadas escaleras que la llevarían hasta la esquina izquierda del escenario. Le quedaba un largo trecho que recorrer donde todas las miradas se posarían sobre ella. Sabía de la expectación que provocaba su premio y por eso lo del pantalón. Siguiendo su impulso, se habría puesto un vestido de un género noble sin mucho escote, quizás mostrando los hombros, la espalda o de manga francesa...pero no era muy buena caminando con tacones, y tampoco era plan de subir con sus botas militares o moteras. Por eso lo del pantalón: le permitía calzarse unos buenos zapatos de tacón con cordones, de estilo también masculino como el traje, que le permitirían pisar con garbo. Esos zapatos no favorecían especialmente con vestido. Su melena caía suelta y natural. Sus labios rojos apenas maquillados, la raya negra del ojo, bien marcada definiendo aun más su fina seguridad y perfumada con rosas para la ocasión.

Apenas probó bocado durante la cena pero apuró todas las copas de vino blanco hasta llegar al cava. Era el toque de brillo final que necesitaban sus ojos.

El resto de los comensales le preguntaban que porqué no comía más, que si era para mantener su esbelta figura, pero ella contestaba que era porque prefería hablar. Y sí, habló.

En su mesa se sentaban miembros del jurado, algún que otro premiado e invitados al sarao. Empezó interesándose por ellos y alabando el gusto por sus trajes, luego siguió comentando la música ambiente, los últimos movimientos políticos regionales, nacionales e internacionales, algún cotilleo sobre los otros premiados, sobre el vino, sobre las viandas, de cine, de su barrio, de la juventud y de los bares de no moda.

Comenzó la entrega de premios y entonces se calló. Echó de menos tener a alguien suyo a su lado, pero eso era parte del premio. Cuando comenzaron con su presentación lo señalaron: por acudir sola con su soledad, por acompañarse sólo de su fantasía, por divertirse y divertirnos con sus presencias y ausencias y por inventarse historias, romances y amigas invisibles...el premio a la Reiteración de Pautas Hechas Costumbre (tanto en su vida como en su obra) es para...

Se levantó, pisó firme, sonrió y sin levantar la mirada del suelo llegó hasta el escenario que preparado para la magia se abrió en dos mitades y se la tragó.

Primera ovación de la noche.





lunes, 3 de enero de 2011

Une jungle



Siempre tiene los pies helados. Frota uno contra otro o contra la pantorrilla de la pierna contraria. También, si está tumbada se contorsiona hasta meter el pie bajo el culo. Los mulos suelen ser un horno. Cuando el frío se hace cortante, se los agarra con las manos. Sus pies son muy suaves y pequeños pero fríos como el hielo. A veces, de fríos parecen húmedos.

Con el dedo gordo tocó la punta de Su nariz y de un respingo llegó hasta el centro de Su boca. Desde allí un calor encendido recorrió su empeine, subió por su pantorrilla, rodeó sus muslos e inhundó su entrepierna.

Cuando con Su lengua lamió sus dedos dejó de ser hielo para convertirse en llama. Todas las aguas se tornaron termales y el deshielo formó un paisaje natural bellísimo.

Naturaleza embriagadora.


viernes, 31 de diciembre de 2010

Prostitution de Noël


Dentro del prostíbulo de Los Lugares Comunes se hallaba el consuelo de los mediocres.
Hombres y mujeres camuflaban sus complejos bajo falsos disfraces de poder, y muchos eran los que escondían su necesidad aparentando frialdad.
No recuerda bien qué le llevó allí, aunque piensa que fue la desesperación. Harta de perder en la batalla contra la desilusión y harta de ganar la batalla del cuerpo a cuerpo, entró en aquel lugar de nombre hecho a medida. Hombres y mujeres bailaban torpemente en la pista todo tipo de músicas. Hombres y mujeres se besaban, sudaban, se tocaban, se despojaban de sus ropas sin pudor y se trataban como desiguales. Se mantuvo alejada del bullicio tomando una copa apoyada contra la pared y espiando los comportamientos de aquéllos más animales que humanos. Rodeando la pista se encontraban las habitaciones. Fue acercándose hacia aquella zona de camino al servicio y se dio cuenta de que era una romántica inevitablemente. Una romántica y una dinamitera porque de camino al servicio se iba muriendo del asco que le producían esos tipos mediocres que se llevaban a espectaculares mujeronas al cuarto. Asco de la falsa sumisión y de la falsa dominación.
Asco de los lugares comunes; como hoy.