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martes, 31 de enero de 2012

Hace tiempo que no vomita pero cree que sigue siendo bulímica.

jueves, 26 de enero de 2012

Algo se muere en el alma...

Es tiempo de cierres.




Todo mi agradecimiento y cariño a esta publicación. Espero que todos los trabajadores se repongan sin muchas dificultades de este atropello que se excusa, como tantos, en la palabra crisis.
He sido muy feliz pensando que mi abuela podría haber leído alguno de mis textos allí publicados: Átame fue el primero.
Gracies



Átame
Si la dictadura de los sentíos apoderaba los sos impulsos  comprendía que tenía que s’exiliar a otru cuerpu onde’l rexente nun se dexara dominar pola pasión.
–Ye fácil que se nos vaiga de les manes –dicía-y arrodiyáu.
        Dominar garró sentíu pa ella como la venganza que s’amazcara de  xusticia. Munchos yeren los que suplicaben sufrila. ¿Qué facía  qu’imploraren los sos golpes más gafos?
        Nun-y interesaben aquéllos que se queríen redimir. Baxo’l so   desamparu namás quería a los que la xubieren a un altor onde-y   resultara imposible endilgar la llamuerga onde tantes veces tuvo        que bregar. Convirtiérase nuna salvaxe cegada pol odiu.
        Alimentaba a tolos sumisos qu’a la so puerta facíen una filera  enfotaos en pasar fame.
–Toi preparáu; empieza cuando quieras.
–Fadrélo cuando quiera, pedazu de mierda.
        Tapó-y los güeyos cola mesma venda que-y apretaba l’estómagu y,  mentes consumía’l tiempu echáu naquella estera tan probe, ella   abrió un periódicu onde lleó la cayida d’una dictadura    d’allalantrones. Nun pudo más que felicitase en tremenda   paradoxa por sentise miembru d’una especie en desaniciu non poco  poblada.
–¿Qué faes?
–Lleo.
–Compártilo conmigo, por favor.
–Nunca.
        Él calló porque la venda tapó-y tamién la boca.
        Nun yera la primer vez que-y pidíen que lleera daqué nes   sesiones. Hasta dalgún llegó a sacar dalgún llibro na sala;  pareció-y ve-y la Filosofía del salonín a un rapaz aspirante a   actor. Tamién el vieyu profesor sorprendióla con La crucifixón  rosa de Miller. Tenía que ser implacable. Nada de llectures. Cualquier amateur de la dominación lo sabe.
        Ella vivía nuna sociedá qu’a priori nada tenía que ver con   aquélles onde dictadores, amigos y amantes facíen lo que   queríen. Vivía lloñe de sitios onde cultura ye pecáu, onde muyer   ye demoniu, onde moneda ye paraísu, onde se llimpien con procuru  altares y onde llibertá ye quimera.
        Vivía lloñe d’aquello, pero vivía nuna casa a la que diba  cualquiera que, mirando les páxines de contactos del periódicu, la alcontrara baxo’l so nome artísticu: Ama Profesional.
        El xuegu de la perversión frente a la perversa realidá.

sábado, 21 de enero de 2012

¿Tienes hora?


No me siento el pulso.
Es como cuando escribía probando todas las sensaciones; sólo que entonces lo hacía con lápices.
Ahora es diferente pero es lo mismo. Sólo que tengo que mirar dos veces  la tecla; antes tenía que mirar dos veces, tres, cuatro...se me nubla, bloqueo, no sé lo que digo. Hoy tengo opciones, formatos, fuentes... la de dios; pero sigue siendo lo mismo. Nebulosa, niebla, confusión... Vuelta  a atrás y cada vez más difícil: Has tocado la tecla que no era y cómo lo deshaces, no has puesto una Hache o una tilde, te has colado y te la han colado...una mierda...pero siempre lo mismo. Los que me entienden, me entienden,aunque no escriba bien ni tenga talento. Porque, por desgracia, tengo sentimientos; aunque sean las 3 y doce.

miércoles, 18 de enero de 2012

Botella vacía de mensajes.


Ya sé quién es.
Es guapo, rubio, con barbucia, culto, un poco pedante, elegante, polémico, risueño, valiente y osado. Es pijo, pero bueno, me mirará con altivez y me dará por el culo, pero yo le sacaré de quicio y me vengaré. Ya sé que un día dije que no quería volver a luchar, pero...me divierte.
Yo sé quién es y él no me conoce ni me conocerá.
Nunca nos sentaremos en una terraza en invierno sólo porque yo quiero fumar, ni pelearemos por conducir, ni competiremos por ver quién termina primero un libro, ni nos daremos largos besos mirando el mar. Nunca sabrá de mis miedos ni yo me podré reír de los suyos. Nunca me mirará con ternura ni con deseo ni con desdén...Nunca conocerá a los míos, ni sentirá mi tierra, ni velará mis sueños...Nunca escribirá para mí ni me pedirá que me ponga un vestido. Nunca le quitaré el sueño ni le dejaré el aroma de mi piel. Nunca respiraremos juntos porque nunca es nunca.
No sé quién es aunque le escribo.

sábado, 14 de enero de 2012

Concisa


Ser la chica que a todos gusta no es empresa sencilla. Regalar sonrisas no supone un esfuerzo pero cansa, escuchar historias e historietas enriquece pero aburre, participar con opiniones ocurrentes se agradece pero irrita, dejarse querer pero no tocar excita pero sobreexcita, dejarse tocar pero no querer es la consecuencia de ser la chica que a todos gusta...

domingo, 8 de enero de 2012

Intento de...


Yo también lo intento.
ser musa de lo decadente
amiga de mí misma
compañera de la ansiedad
azote de la violencia
ser yo mi mismo límite, mientras te busco
diciéndote: eres el tío más guapo de este bar
y me vuelvo sola
mi vulva sola
ya no palpita
sólo tiembla
ante el miedo;
bendito movimiento.

Mierda

sábado, 7 de enero de 2012

De amor y definición.


Lo que se hace cuando se quiere, es lo que nos define.

Se preguntaba a cuántas personas había querido y cómo se había comportado con ellas. Se hacía esa pregunta en un intento por conocerse más. Pensaba también en sus conocidos o cercanos, sobre todo en aquellos a los que creía buenas personas; pasándolos por el tamiz de esa frase, podría darse cuenta de si estaba en lo cierto o no.

Pensaba por ejemplo en una mujer fuerte, valiosa, superviviente. Ella se creía enamorada, locamente enamorada. En su delirio cayó en una espiral de humillaciones, broncas constantes, dardos que tiran si no a matar, si a herir...Todo eso en nombre del amor verdadero y de la frustración por no poder retenerlo. Ella dice querer y yo la creo. Hace cosas horribles en nombre de ese querer, pero esas cosas la definen como lo que es: fuerte, valiosa y superviviente. También podría cambiar el objetivo de su amor y quererse un poco a más a ella misma.

Otro ejemplo, otra mujer. En este caso el amor por su madre la convirtió en una persona entregada, desinteresada, sensible al dolor ajeno y sabia. Sabia por aprender a su lado que la vida, con su paso inexorable, es dura. Cuidar a una madre no es sólo la reacción de un quid pro quo, es también el movimiento natural de personas que quieren como ella: de manera entregada, desinteresada, sensible al dolor ajeno y sabia.

Dos ejemplos que no sé si serán suficientes para ilustrar la afirmación que encabeza, porque también piensa en otras personas que quieren mucho pero sólo a unos. Una especie de selección natural a lo humano. Madres que sólo adoran a sus hijas olvidándose de padres, hermanos o amigos. Hombres que conocen a una mujer después de toda una vida vivida y se olvidan de querer a todos los que lo siguen queriendo tras esa vida vivida, amigos que desconocen la lealtad y se deslumbran con el último que llega...

Queda claro que lo que hacemos cuando queremos nos define tanto para bien como para mal. Podemos ser obsesivos, generosos, caprichosos, buenos o malos. También podemos aprender a querer si nos damos cuenta de que no lo estamos haciendo bien.

jueves, 29 de diciembre de 2011

Los clavos de Cristo


Un año, no hace mucho, pidió a los Reyes Magos un clavo. La razón tenía que ver con el refranero popular, con uno que reza que "un clavo saca a otro clavo". Aquel año los Reyes hicieron caso omiso y creo que le dejaron un par de libros cuyo efecto se asemejó al de los clavos de cristo. Mucho lloró aquellas navidades; como casi todas.
 Qué tendrán estas fechas que son como una fase premenstrual o una crisis de los 40 o una depresión postparto...

viernes, 23 de diciembre de 2011

Más difícil todavía


Más difícil todavía.
Ir al circo en navidad es una tradición. Pasen y vean:
La familia que cena silenciosa y más rápido que nunca un menú diferente al del resto del año, pero que cada veinticuatro o veinticinco sabe siempre igual.
La casa y la mesa en la que van faltando los pilares que la sustentaban y que daban sentido a ese festín gastronómico.
En otra casa, un viejo cena solo. No permite que un día así altere su rutina. Entiende que los jóvenes quieran ver su rutina alterada: distintos horarios, más comensales a la mesa, ropa de domingo, sonrisa impostada...Él no. Toma el postre viendo el telediario, asomándose así a una realidad a la que había cerrado la puerta.
Una vivienda de nueva construcción estrena navidad oliendo todavía a ilusión. Están recién casados y por primera vez no cocinará su madre. Se celebra más esto que nada.
Son muchas historias diferentes las que confluyen un día así, las que se sientan a la mesa una noche como ésa.
En una isla de Indonesia ha erupcionado un volcán, en Rumanía las nevadas también decoran el paisaje, son las lluvias en Australia las que dan el ambiente, fuertes borrascas en el norte producen olas que inundan los sueños y en México, en el estado de Guerrero, un terremoto casi hace variar la posición del eje de la Tierra.
Cambiará la fisonomía, pero nunca las tradiciones.
Y así los que están solos se sentirán más solos que nunca, los que están enfadados lo tendrán más presente ese día, las enfermedades dolerán aún más, los ausentes se echarán más de menos, los pobres se sentirán más desgraciados, las mujeres maltratadas tendrán que esmerarse con el maquillaje... Sólo serán felices los que adoren las tradiciones y los niños a los que se les empieza a enseñar a cumplirlas.
Ir al circo en navidad es una tradición. Se llenará la pista de malabaristas, de trapecistas y de payasos. Sorpresa, riesgo, precisión, poesía...todo eso es el circo.
Así que pasen y vean, déjense llevar por la ilusión y cuidado con el consumo; pese a que sea no sólo toda una tradición sino el motor que permite que brillen las luces de la navidad.
Cada año es más difícil todavía...

lunes, 19 de diciembre de 2011

El fantasma de la promiscuidad


Mientras sus coetáneas y menos se quedan embarazadas, ella atesora enfermedades de transmisión sexual. Qué triste historia, una vez más. Y no lo es por su carencia reproductiva, lo es por su inexistente vida sexual que sólo asoma en forma de hongos, virus y escozores varios. Le dice una experta, doctora para más señas, que es lo que tiene la promiscuidad. Ella, asustada por la palabra, cuestiona la cifra que eleva dicha palabra. El número dado es 8. La verdad, piensa, es que sí que son muchos. 8 míseros polvos son suficientes para acabar prefiriendo la masturbación sin riesgos. Algunas mujeres cercanas se embarazan mientras  un hombre-amigo le cuenta que ha estado con unas dos mil mujeres en su vida. No puede evitar verlo como un transmisor en vez de como un fantasma.

jueves, 15 de diciembre de 2011

Puxa Asturies


Ruge el Cantábrico. Su tierra es mar y su mar es ella. Paisaje salvaje nunca yermo, siempre agitado y bello. Ruge el Cantábrico y como con ella, todos se limitan a mirar desde las atalayas; saben del peligro los que son de la tierra por eso sólo se acercan los extranjeros. De niña vio ahogarse a dos personas por acercarse atraídos por la belleza. Siendo mujer, algunos naufragaron intentando llegar a ella. Sus novios, siempre de fuera, nunca consiguieron llevársela; quizás por eso se fueran.
Ruge el Cantábrico y suena a la furia de una tierra que es sangre corriendo por las venas.

martes, 6 de diciembre de 2011

Ni Dickens ni Galeano


Llegan las lucecitas y se apaga algo dentro de ella. Le encanta ver la ciudad iluminada; pero de noche, porque las lucecitas por el día parecen esqueletos de carne pegada. Y así va por las calles durante el período navideño: con visiones atroces. Quizás sea por eso que es la única época del año en la que ansía ir acompañada por un hombre. Se llama Gina Asturias, es uruguaya, tiene los ojos muy verdes y la certeza de conocer su destino. Sabe que el destino se explica con el psicoanálisis y por eso sabe que le toca caminar sola. Gina pasea por un Montevideo iluminado y de sus ojos muy verdes brotan dos flores que van a parar a una esquina de su boca; la tuna ha llegado a Uruguay y unos mozos le cantan Clavelitos. No se paran, siguen cantando a todas mientras Gina sigue caminando sola. Se detiene ante una tienda de bragas camufladas bajo las figuras del belén. Se ríe y ve su reflejo en el cristal del escaparate. Gina Asturias sigue siendo guapa, pero no tanto. Se entristece de golpe. Vuelve a casa y van desapareciendo las luces. Sólo iluminan el Centro. El barrio está tan oscuro como su ánimo. Sus ojos sólo fueron verdes por un momento; puro reflejo de las luces. De ellos ahora sólo brotan lágrimas sin color.

viernes, 2 de diciembre de 2011

Adiós tristeza



Eternamente ilusionado.

Le rebate la afirmación porque se cuestiona la sensación. Es difícil, piensa, retener los instantes de inicio, mantener las ansias del no saber, reinventar día a día propósitos y no tener vulnerabilidad de ánimo.

Dice vivir siempre ilusionado, y ella se lamenta de la falta de contagio. Quizás si lo viera más, si compartieran más momentos juntos, algo se le pegaría. Pero el destino es caprichoso y ha querido separarlos, o quizás no fuera el destino y sólo fuese eso mismo: la ilusión eterna de él y falta de la misma de ella. Dicen que los distintos se complementan, pero hay incompatibilidades que bien justifican separaciones ( o eso dicen).

Ella mecaniza sus movimientos al cabo de repetirlos unas cuantas veces: es de las que toma siempre la misma ruta, cuenta siempre las mismas anécdotas, escribe siempre igual.

Él no sufre por ir a trabajar, quiere ir a cenar cada noche a un restaurante distinto, dice incluso no tener un estilo y gustarle además todo tipo de Literatura.

Ella se exaspera; le dice que hay buena Literatura y mala, y que no le pueden gustar ambas. Él también se exaspera, le dice que antes le gustaba salir a cenar. Ella responde que prefiere que cocine él. Él le dice que puede hacerlo ella en vez de estar leyendo. Ella grita que ya no le ilusiona ir a nuevos sitios que en el fondo son todos lo mismo. Él grita que lo que no la ilusiona es él. Ella quiere que la acepte, que la conozca, que no le ciegue su ilusión por haber creído encontrar el Amor. Él se propone luchar porque en ella reaparezca la ilusión por ese amor.

Para ella las ilusiones de él son espejismos y para ambos la desilusión es ella es realidad. Porque han dejado que pese más el plomo que el aire. No los separa el destino, se separan sus ilusiones.

Pasa el tiempo; él que creía en la eterna ilusión, vuelve a estar enamorado. Ella sigue enamorada de él. Sigue tomando las mismas rutas, contando las mismas anécdotas y escribiendo con un poco más de amargura. Ella sabe que la tristeza es bella pero que el abandono es terrible. La ha dejado para irse corriendo tras un espejismo.

miércoles, 30 de noviembre de 2011

Pequeñeces


Quiero hablaros de lo que pasa cuando los nombres se convierten en diminutivos y las personas se convierten pequeñas. Sé de un caso, una mujer. Ella se llama Sara. Cuando a Sara la llamaban Sarita, había un punto de picardía en quien se lo llamaba, y en cómo la percibían. Podía tratarse también de cierta ironía en el nombrarla, pero el Sarita era siempre divertido.

Sari, era el nombre de las amigas.

Sarina es la clave y de lo que quiero hablaros. Ese nombre se reservaba a la familia, por lo que era el nombre del querer. Ella tenía hasta hace bien poco una teoría con respecto a los hombres y su forma de nombrarla. Teniendo en cuenta que el primer impacto que les producía era el de distancia, pocos fueron los atrevidos a minimizar su nombre. Cuando alguno osaba a llamarla Sarina, creía ella que ése estaba rendido (ya que era el nombre del querer o de los quereres). Aguantó tiempo con la teoría llegando a elevarla a la categoría de dogma. Y como suele ocurrir, un día se fue todo a la mierda.

Sara conoció a Alguien, y Alguien pareció caer a sus pies. Tras una serie de confesiones en el lecho (pueden ser las más auténticas o las más perversas) y tras una sesión de sexo oral unilateral, él acariciándola la llamó Sarina. Todas sus alarmas saltaron, creyó que Alguien se había quedado prendado. Pasaron los días, los meses y ese tal Alguien parecía haberse esfumado. Hizo por encontrarse y se dio cuenta de que faltaba calle para que Alguien corriera huyendo de ella. Cierto día, pasado un tiempo prudencial, se lo encontró sin darse ella cuenta. Sacaba libros del coche intentando no perder su equilibrio corporal y entonces lo oyó: Sarina. Ahí se fue el dogma, la teoría y el orgullo a la mierda. Sonó condescendiente. Horrible. Sonó incluso a falta de respeto. Mancilló su nombre diminutivo y con él la hizo pequeña. No pudo siquiera decirle adiós, ni vete a la misma mierda donde habitan las teorías.

No pudo más que pensar que nunca más hará sexo oral unilateral.


jueves, 24 de noviembre de 2011

Animalismo


Seres vivos, animales, personas. El científico se empeña en clasificar quizás en un intento por facilitarle la comprensión de este totum revolutum donde convivimos seres pensantes, sintientes, seres impulsivos, reflexivos, deshumanizados, organizados, tiburones, pirañas y cervatillos.
Su laboratorio es frío, está desangelado. No hay más libros que un vademécum. Ninguna foto personal o profesional; sólo organigramas. Ella los observa con la curiosidad del niño y con el mismo asombro de ellos, observa que en lo más alto de esas pirámides y gráficos está el tiburón.
Le dirige una mirada interrogante al científico y él comienza su fábula. La ciencia se vuelve literatura y el mundo se convierte más mundano. Quería entender por qué mandan quienes mandan, en qué consiste sobrevivir y si todavía se estudia la selección natural. El científico le dice que él sólo es un trabajador de ese laboratorio, que no lo llegará a dirigir jamás porque todavía le quedan escrúpulos como para tener una foto sobre la mesa. A los tiburones no les gustan las fotos, se las comen. Pero eso sería explicarle la alimentación de los depredadores y ella no tiene cuerpo para eso, o sí? como en las fábulas, al final la curiosidad la mató  o como en el mundo mundano "el que no corre, vuela" (y parecía tonto el buen científico).

lunes, 21 de noviembre de 2011

Ni puto caso. Volumen II.


Escucha en la radio una canción de Shakira que dice "rabiosa" y se le pone una sonrisa en la cara. No puede evitar la relación y se acuerda de Mercedes Sosa y su "maza". Todo está mal para ella. Acostumbrada a sus desastres sentimentales (provocados a menudo por ella misma) y a sus bandazos emocionales, el trabajo siempre había sido ese remanso de rutina donde todo está controlado. Un giro empresarial supuso el primer tambaleo, pero aún así, todo seguía bien para ella porque su prestigio permanecía intocable. Segundo tambaleo, puede que definitivo: se siente cuestionada... Era su clavo ardiendo cuando todo iba mal: "seré muy mala, muy odiosa, muy rara pero soy buena en lo mío, me reconocen, me quieren..."Puede que en esto si se sobreestimase o puede que se estén confabulando los astros contra ella. Para colmo de males, lee en el horóscopo que tiene a Marte encima. Por qué será que no le sorprende que él siempre esté encima. Si pudiera reírse de todo, si supiera cómo no obsesionarse, cómo no hundirse...qué cosa fuera...
Supone que le toca ponerse las pilas, mover el culo que probablemente estuviera acomodado y empezar a hacer las cosas bien (porque sabe, claro que sabe). Podría empezar por escribir algo bueno que no le haga avergonzarse luego cuando lo lea.

jueves, 17 de noviembre de 2011

Ophelias


Ya sé que todos estamos solos, pero los hay que están más solos. Yo soy una de ésas, de las que además rechazan la protección. Te tiran al mundo, te protegen de pequeña mintiéndote y piensan que te dan las armas educándote; pero no. No es sólo eso. Hace falta más. Hace falta que te quieras más de lo que te quieren, que aprendas a preocuparte de ti más que de los demás, que tu frialdad no sea sólo imagen y que tu sensibilidad lo sea sólo para el arte, porque si no es pura fragilidad o lo que es peor fragilidad pura.
Te ven llorar y te creen débil. Ten ven llorar porque no te escondes, o quizás por esconderte tanto acabas llorando. Es el único desahogo sano que me permito y siento que se censura más que los insanos. Todavía me sorprendo cuando me dicen que cómo no me gusto. No me conocen. No hay nadie que me soporte, ni los que me quieren. Porque al final, todo el mundo se protege de las personas como yo. La paradoja es que sobrestiman al que se subestima. La putada es que abandonan al que creen que no solamente sobrevive sino que también gana.
Ya sé que todos estamos solos, pero los hay que estamos más solos.
No puedo prometer que esté novelando, pero seguro que estaré exagerando.

miércoles, 16 de noviembre de 2011

Mal humor


Hace tiempo que quiero escribir sobre mí, pero sólo me sale escribir sobre ellas. Hace tiempo que deseo tener una aventura, pero no me conformo con vivirlas a través de ellas. Es insuficiente y poco satisfactorio. Si no puedo escribir sobre mí ni puedo tener aventuras satisfactorias, ¿qué coño hago intentando dejar de fumar?

martes, 15 de noviembre de 2011

Guerra.




Necesita hacerse fuerte, conseguir el temple de una monja, la serenidad de una sirena y el cinismo de un jeta; por eso lleva días viendo películas de época donde las mujeres ricas usan corsés y las pobres se los aprietan a la vez que aprietan también todas los dientes.
 Recupera para la ocasión frases antaño guardadas de Las amistades peligrosas:
  • Dime, querida ¿Cómo te vas adaptando al mundo?
  • Educación conventual
  • Lo principal es la virtud
  • Amor y venganza, lo que vos preferís.
  • Me parece degradante tener un marido como rival
  • Creí que traición es vuestra palabra favorita; no, no, es crueldad, siempre me ha parecido mucho más noble
  • Veremos si el chantaje surge más efecto que el soborno.
  • La clave de la paradoja es una cierta debilidad de carácter.
  • Os amo, os adoro.
  • Sólo había sentido deseo, amor, jamás
  • No es que quiera poseeros, sólo deseo mereceros
  • Pasar de la exaltación al agotamiento una y otra vez
  • A veces me pregunto como habéis conseguido inventaros a vos misma: no me ha quedado otro remedio, soy mujer
  • Siempre he sabido que había nacido para dominar a vuestro sexo y vengar al mío
  • Escuchar aquello que querían ocultar. Aprendí a sonreír mientras que me clavaba un tenedor por debajo de la mesa
  • Vencer o morir
  • Pedisteis obstáculos...
  • Si hay algo que no puedo soportar es el disimulo.
  • Cómo puedo rebajarme a ocupar la tibia posición de amigo
  • La vergüenza es como el dolor; sólo se siente una vez
  • Creo que está a un paso de la derrota: ya cierra los ojos
  • Esperar que nos haga felices el amor, es causa segura de sufrimiento.
Y decide que pese a que se sienta derrotada...

viernes, 11 de noviembre de 2011

On y va.



Este texto trata sobre una mujer que idealiza los lugares efímeros y de paso. Sueña con vivir en un hotel y pasa largas tardes en el aeropuerto.

No sabe cuándo empezó esta afición ni porqué, pero recuerda un día que aburrida de todo decidió entrar en un hotel de preciosas vistas frente a la playa. Se dirigió a recepción y solicitó una habitación con vistas. Notó cómo el recepcionista buscaba su equipaje, y ella resolvió: “sólo me quedaré esta noche, estoy de paso”. Tras subir a su habitación, recorrerla con la mirada y con el tacto y darse una placentera ducha, bajó al restaurante y descubrió el piano bar. Pasó buena parte de la noche allí, imaginándose las vidas de todos aquellos que como ella vivieran la metáfora de la vida en un hotel. El pianista se le acercó para decirle que iban a cerrar, y ella sin poder evitarlo se echó a llorar. Es lo que tienen los lugares de paso.

Cierto día conducía su coche cuando se fijó en una bandada de pájaros que volaban lentos y formaban preciosas figuras en el cielo, gris aquel día. Sintiéndose parte de la bandada, dejó que fueran ellos quienes le marcasen el camino a seguir y cuando se dio cuenta, se hallaba cerca del aeropuerto. Aviones que llegaban y que se iban rompían la imagen de conjunto; inevitablemente habría alguna víctima entre la bandada: la ley de la selva subida al cielo. Entró en el aeropuerto y enseguida se sintió cómoda en aquel lugar de paso. Se sentó en una sala de espera y pasó largo rato mirando a aquellos que llegaban de destinos previamente anunciados. Se imaginó a sí misma portando un gran cartel que anunciara el nombre de aquello que esperaba y comenzó a impacientarse. Allí todo el mundo parecía saber a dónde iba y de dónde venía. Las preguntas filosóficas no tenían cabida en el aeropuerto. Decidió entonces seguir yendo hasta que supiera responder a las suyas. Y sentada allí, en aquel lugar de paso, se echó a llorar porque no sabía lo que esperaba.

Hoteles y aeropuertos eran la misma cara de una moneda. La cruz era la monotonía de los días transcurridos sin preguntas. Lugares de paso frente a lugares comunes.