domingo, 16 de octubre de 2011

Aguamarinas


Intentar ver el fondo del mar desde un acantilado le produjo un vértigo casi suicida. Pasear circunvalando las rocas de ese acantilado le provocó un mareo antipeninsular. Probar el jugo de una planta salvaje la envenenó; pero no lo suficiente como para mutar en otra, sólo lo justo para cambiar el color de su piel.
Si se pintan los paisajes con el ánimo, hoy tendría que haber dibujado un tríptico y colgarse luego de él.


4 comentarios:

Noelplebeyo dijo...

lo bueno es q se pinta y se puede retratar al día siguiente, después

El Joven llamado Cuervo dijo...

Pintarlo todo a nuestro antojo.

Anónimo dijo...

Me sabes a gloria, nena. Ahora sé cómo estamos el resto de jugadores.

Andressa C. dijo...

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