viernes, 31 de diciembre de 2010

Prostitution de Noël


Dentro del prostíbulo de Los Lugares Comunes se hallaba el consuelo de los mediocres.
Hombres y mujeres camuflaban sus complejos bajo falsos disfraces de poder, y muchos eran los que escondían su necesidad aparentando frialdad.
No recuerda bien qué le llevó allí, aunque piensa que fue la desesperación. Harta de perder en la batalla contra la desilusión y harta de ganar la batalla del cuerpo a cuerpo, entró en aquel lugar de nombre hecho a medida. Hombres y mujeres bailaban torpemente en la pista todo tipo de músicas. Hombres y mujeres se besaban, sudaban, se tocaban, se despojaban de sus ropas sin pudor y se trataban como desiguales. Se mantuvo alejada del bullicio tomando una copa apoyada contra la pared y espiando los comportamientos de aquéllos más animales que humanos. Rodeando la pista se encontraban las habitaciones. Fue acercándose hacia aquella zona de camino al servicio y se dio cuenta de que era una romántica inevitablemente. Una romántica y una dinamitera porque de camino al servicio se iba muriendo del asco que le producían esos tipos mediocres que se llevaban a espectaculares mujeronas al cuarto. Asco de la falsa sumisión y de la falsa dominación.
Asco de los lugares comunes; como hoy.

martes, 28 de diciembre de 2010

Ego



¿Quién brinda conmigo?

¿Habrá alguien que me desee salud, que quiera celebrar bebiendo, que me mire a los ojos y sonría, que se rompa la cabeza buscando causas para el brindis o que me invite a tomar una copa?

Podríais decirme que me vaya con Dora, que hace mucho que no me cuenta nada; pero anda ocupada. Su última andanza es el colmo del egocentrismo: paseando por la ciudad y curioseando escaparates, descubrió una galería muy pequeña. Se fijó en el escaparate pero le supo a poco y metió sus ojos dentro. Encontró unos cuadros que pronto le llegaron y al lado un cartel: "Se hacen retratos por encargo". Los que estaban expuestos le encantaron, eran especiales; y rápido acudió la idea luminosa a su mente: uno suyo. Se fue dándole vueltas. Pronto estrenaría casa y ya pensaba en cómo decorarla. Se intentaba mentalizar de que menos es más, que no iba a recargar las pequeñas estancias, que sólo quería libros y flores y una gran fotografía en blanco, negro y gris de un cielo nublado como cabecera de su cama. También le rondaba la idea de colgar pequeños capiteles en la pared, pero acto seguido seguía soñando con un vestidor lleno de barras de ballet donde colgar vestidos y abrigos y seguía soñando con alguien que portase la herramienta para ayudarla...

En la casa familiar había muchas fotos suyas; siempre bromeaba con su madre sobre aquel mausoleo. Que en su casa hubiese un retrato, era más in, pero no dejaba de ser más de lo mismo. ¿Realmente se gustaba tanto? ¿Prefería un retrato a mirarse en los espejos?


Me gustaría saber qué brindis se inventaría para mí.

Yo brindo contigo por las hijas únicas y por el matriarcado.

Y Quid pro quo, Dora.

domingo, 26 de diciembre de 2010

L'inspiration



La llamó musa, le dijo que su belleza era digna de ser exhibida, que nada en ella era casual, pero que todo parecía serlo. Le creó poemas, la dibujó, la elevó a los altares. La hizo diosa, sacrificó horas para ella, cortó flores, hizo ramos. Sufrió desvelos, se le cerró el apetito, tembló incluso de emoción. Nunca fue capaz de reír al verla, sentía la parálisis, la hemiplejia, la eyaculación interrumpida. Soñó con su rostro, con su gesto. Se ilusionó con su imagen, fantaseó con su deseo.
Padeció de idolatría; no se trató con el desdén de su mirada. Quiso contagiarla, inocularla, sólo tocarla. Alcanzó el roce de su piel, el fugaz perfume tras su paso, la leve brisa de sus andares.

Pequeños tesoros para el buscador.


jueves, 23 de diciembre de 2010

Le tunnel



Cuando ella abrió sus piernas, él entró en el túnel. Se sintió atrapado y entendió que no había ni posible vuelta atrás ni escapatoria posible. A veces había fantaseado con morir así, entre sus piernas, pero ahora que estaba allí sintió por vez primera la certeza de la muerte. Esa misma tarde la vio cruzar las piernas y la fascinación le perseguía desde ese momento. Ella no se percató del profundo impacto que le provocó. Se pasó el resto de la tarde sumido en el silencio y trastornado de pasión. Una y otra vez se le repetían esas piernas entreabriéndose; intuía el calor que desprenderían los muslos, la suavidad de la piel, el gusto delicioso...No sabía cómo la conseguiría y su mente estaba nublada de deseo. Los minutos corrían, y se acercaba la hora de salida. LLevaban dos semanas trabajando juntos en la biblioteca. Desde que la vio aparecer le turbó su figura, tan esbelta y elegante. Realmente parecía una bailarina rusa. Era también su frialdad disfrazada de timidez la que hacía crecer esa percepción. Se solía perder por los pasillos y cuando él iba en su busca, la encontraba sentada en uno de los ventales con algún libro de poemas entre las manos y los ojos brillando de emoción. Cuando ella lo veía, ni se inmutaba; levantaba la vista del libro y volvía a él con la tranquilidad que no mostraban sus ojos. Con los lectores era distante, apenas palabras. Con él era igual de silenciosa, hermosa. No se le ocurrió otra cosa que citarla en su casa a través de una nota escrita en su marcapáginas: venga, por favor, se lo suplico...(así terminaba). LLegó puntual y entró como brisa gélida. Tomaron una copa de vino tinto y cuando la terminó, pidió uno blanco. Su voz estaba rasgada. No se relajó en ningún momento. Después del blanco quiso volver al tinto. No le preguntó nada en ningún momento. Terminadas las dos botellas se permitió una sonrisa mientras muy lentamente iba bajando sus finas medias de cristal.

Cuando abrió las piernas, él entró en el tunel que llevaba a la auténtica muerte dulce y dolorosa a un tiempo, la del placer.




domingo, 19 de diciembre de 2010

Final


Los encuentros se sucedían todos los días a la misma hora y en la misma esquina. Una farola iluminaba sus aristas y nos hacía sentir culpables bajo el foco acusador.
Los días de lluvia, las gotas dibujaban pequeñas ilusiones ópticas, y los días de luna plena, se creaban ondas de luz que formaban el aura entorno a nuestras cabezas.
Nos cítabamos con alevosía, con redundancia. Convertimos aquella esquina con su luz en lugar de estancia y no de tránsito. Allí yo acomodaba mi espalda mientras la luz se reflejaba en sus ojos y absorta me perdía en ellos. Sólo nos dábamos un beso profundo mientras los transeuntes debían esquivarnos. Los días de lluvia, tras el beso, me quitaba las gotas de la cara, y los días de luna llena, acariciaba mi mejilla, pasaba por la barbilla y terminaba subiendo sus dedos a mi boca. En ese momento la esquina se me clavaba en la espalda, desde ese momento una cicatriz cruza mi espalda.
El fin de la(s) historia(s) llega el día que derrumban el edificio para construir uno más alto, y decidimos no volver juntos a casa, sino encontrarnos ya allí.


jueves, 16 de diciembre de 2010

Perle

Cada una de las perlas que cuenta mi collar es una pasión que me has despertado.
Cuando mis pasiones duermen, caen en puro letargo, y entonces te recuerdan y te anhelan, y es entonces cuando despiertan.
Sueñan mientras duermen, contigo. A veces parecen despertarse, pero es la ensoñación de lo ficticio; el humo, la sombra..,
Te iré entregando una a una todas las que algún día tuve que empeñar, no en acto vergonzante; tú sabes que fue necesidad.
Recuperar mis perlas me honra, y darte una a una me satisface.
No soy mujer de sumisiones, pero tengo la misión de ser mujer que siente, que se conmueve.
Cuando engarce todas y cada una de las perlas que tú me has regalado con las que en mi espalda han reposado, tendré el collar que quiero. Recuperaré el brillo de antaño y luciré para ti, para mí.
Peleará su blancura con la palidez de mi piel y refulgirá el deseo en tu mirada.
Con orgullo recordaré cómo lloré cuando me desprendí de ellas aun sabiendo que volverían a ser mías.
Fue un sacrificio; ahora es una victoria.



domingo, 12 de diciembre de 2010

Souligner

- Si te fijas en la foto, me ves.
Pese a las rayas, seguro que intuyes mis pezones, aunque no puedas apreciar que están partidos.
Algún amante clavó sus incisivos en la raja que los divide mientras yo arqueaba en movimiento reflejo mi espalda.
Viéndome desnuda pienso cómo puede un cuerpo estar tan manoseado y que no se note.
No siento haber perdido la virtud; siento haberla ido regalando. No sé si todavía tengo la suficiente como para empezar nada, como para sentir otra vez el cuerpo sin mácula, como para equilibrar mi inocencia con la de mi boca tantas veces robada.
Si te fijas en la foto, me ves.
No muestro mis cicatrices, ni mis moratones, ni mi mirada...
pero si te fijas en la foto, me ves.
-Pues yo no veo nada.


miércoles, 8 de diciembre de 2010

Duo



¿Veis a ese tipo de la foto?
Es ella y es él.
Él es un animal superado por su instinto.
Ella es un animal en una jaula que se llama ella.
Él no tiene miedo a las alturas, quiere que ella suba con él; pero ella teme caerse, y lo que es peor, arrastrarlo a él.
Ella es hermosa al extremo y él fuerte, varón.
Él la inspira, ella le excita: juntos se conmueven, pero luchan.
Porque ella muerde, araña y llora mientras lo ama.
Él y ella están más cerca de lo que ambos creen; aunque no rocen sus manos, conectan sus apetitos.
Y tienen hambre, y están sedientos...pero saben disimular y sobrevivir
Él sin ella, ella sin él.


domingo, 5 de diciembre de 2010

Penélope Glamour



Metió primera y aceleró fuerte; la mantuvo con el coche revolucionado mientras notaba que se iba calentando. Cambió a segunda y notó cómo el coche empezaba a volar. Su sensación era de vídeojuego. Se adentró en una rotonda mientras parecía sujetarse al suelo sólo por las ruedas del lado izquierdo. Una vuelta, dos, tres...comienza el mareo, el vértigo, la adrenalina. Salió de la rotonda disparada y frenó en seco. Agarrada con las dos manos al volante, no pestañeaba pero su respiración estaba muy agitada. Miró al copiloto que sonreía.

Le besó profundamente y luego cruzó con su lengua su boca de arriba a abajo y de lado a lado. Lo lamía sin suavidad, todavía con la velocidad dentro. Le hizo la señal de la cruz una y otra vez en los labios hasta que se cansó sin saliva. Llevó su mano a su entrepierna y al no notar la excitación presupuesta, le abrió la puerta y le invitó a salir.

No soportaba a los insensibles.




jueves, 2 de diciembre de 2010

Cabrée



Necesitaría ir a la compra, me falta un poco de orgullo.

También, de la que voy, me pararía por un poco de seguridad para aliñar una conciencia inquieta que se preocupa por todo.

Si vendiesen corazas, compraría una también, porque la mía se va desgastando.

Creo que alguien me está escondiendo las máscaras, porque ya son varios los días que salgo sin ellas a la calle.

No tengo el don de la palabra oportuna en el momento oportuno, así que tendré que comprar reflejos para cuando me noquean los que atacan diciendo no querer atacar.

Supongo que todo lo que me falta no se puede comprar.

Y me dicen que me sobra sensibilidad, susceptibilidad, mal genio...

Una joya





martes, 30 de noviembre de 2010

Bar à hôtesses



Giró su vaso y miró cómo la piedra de hielo daba vueltas manteniéndose a flote. Contó las burbujas que se habían formado: 27. No le gustaba; paradójicamente prefería los números pares. Le dio otra vuelta y volvió a contar: 49. El juego iba perdiendo su gracia. Levantó la vista de la copa y buscó clavarla en alguien, pero ni el barman parecía preocuparse de ella. Entonces se levantó y más seseante que zigzagueante se dirigió al aseo. Sentada, bajó su cabeza y se peinó con las manos. La levantó de golpe. Parecía una leona. Tras tirar de la cisterna, salió y se paró frente al espejo. Se vio sus dos lunares debajo de sus dos ojos y se le antojaron el par de lágrimas de un payaso. Era una simetría perfectamente triste. Ya de vuelta, observó que pegada a su butaca había otra. Se fijó que parecían un ying-yang con su blanco y negro. Se sentó no sin cierta dificultad, esperando a quien ocupase su lado derecho. Cansada de esperar, tomó su vaso y le dio una vuelta seca; luego un trago, un suspiro, un cigarrillo, una mirada al reloj...Notó un empujón. Era el barman. Barría el bar. Cerraba...




domingo, 28 de noviembre de 2010

Mourir de vieillesse



-Con un poco de cariño viviría hasta los 110 años.

El día que dijo eso era un hombre de 90 que apenas comía. Su respuesta vino provocada por cuestionar su dieta, y la receptora, su hija, no pudo más que callarse ante el reproche velado que escondían sus palabras.

Cuando el hombre volvió a quedarse solo, respiró tranquilo ante su intimidad no invadida. Mientras la hija bajaba por las escaleras, pensaba que no era capaz de querer a ese hombre.

Dora lo veía pasear mecánicamente con paso marcial. Sabía que él había sido infeliz y había provocado infelicidad. Cuando era pequeño, le pusieron corrientes para aplacar sus nervios; luego vino la guerra, luego la postguerra...Toda la fortaleza de antaño, el mal carácter y el temperamento habían dado paso a la indefensión, la soledad y la miseria.

Inevitablemente pensó en su abuela, besó el anillo que siempre la acompañaba y se sumergió en la nostalgia y el desazón.

¿Para cuánto duraría su cariño?


jueves, 25 de noviembre de 2010

Désolée



Dora era una niña de 14 años. Tenía un novio de 18 que le parecía un hombre. Cuando se iba acercando el cumpleaños número quince, su novio le dijo que tenían que hacer algo muy especial. LLegó el día y él la colmó con regalos. Es curioso cómo a los que se les presupone poco inteligentes son capaces de manipular a los que se les cree inteligentes. Salieron a dar un paseo y él la frenó frente a uno de esos portales de los barrios con solera. La puerta impresionaba: por su altura, por su porte, por su talla...Ante la aparente casualidad, se percató de una placa que colgaba de la pared: Pensión.


-Vamos.


Subieron. Ella se quedó en el descansillo de las escaleras mientras que él lo arreglaba dentro. Pasados unos minutos la hizo entrar, y ella se sentía como allanando una morada. Rápidamente la condujo a una habitación. Los techos eran altísimos y su cara ardía de pura vergüenza. No quería estar allí. No recuerda cómo pero se recuerda debajo de él. Su cara girada llorando mientras decía no. La mano de él tapando su boca...


Comienzo de la oscuridad.


Se rió de sus lágrimas cuando ella vio la manchita roja en las sábanas, cuando le habló de su abuela, cuando le dijo que no la había escuchado...


Se rió de ella cuando le pidió (él) que pagara la pensión. Le dijo que ése era su regalo de cumpleaños. El quid pro quo.


Pagar por ser mancillada.


Ese día no dejó de ser niña para pasar a ser mujer. Pasó de niña a agujero.


Quizás alguien lo sienta tierno...






domingo, 21 de noviembre de 2010

Assassine en sèrie



La sedujo con solo mirarla. No tardaron en ir a su hotel; estaba de paso. Una vez allí, le mandó sentarse y sin despojarse del tono imperativo, la invitó a cerrar los ojos. Un instante después los cubría con un retal de tacto suave que apretaba sus sienes con dureza. Sintió cómo se posaban sobre ella sus manos frías y la desnudaban. Sintió cómo penetraban en ella fríos objetos de metal, cómo ardía la lengua que le conectaba con sus adentros, cómo se llenaba y se empachaba de sus largos e interminables silencios. El placer se extremaba gimiendo gritos.

Cuando el silencio retornó y sus ojos volvieron a la realidad, se encontró con su propia imagen en la pantalla del televisor que reproducía sin fidelidad lo ocurrido, lo sentido. Él permanecía sentado en el extremo del sofá observando. Miraba la imagen, pero se miraba a sí mismo.

Con el retal todavía enredado en sus dedos, y con los dedos todavía temblando en sus manos, se levantó de un salto y se situó tras él, que ensimismado de sí mismo, no opuso resistencia al retal que se ajustaba a su cuello ahogando su solitaria perversión.

Lo mató.

Lo mató su despiadado egoismo.


sábado, 20 de noviembre de 2010

Attitude


El viento alborotaba su larga melena anidándola. Las gotas de lluvia endulzaban la sal de sus lágrimas. En las manos sus primeras zapatillas, viejas, desgastadas. Bajó la mirada y se encontró con sus pies desnudos, encallecidos, fríos. Todo en ella temblaba, trémulo. Evocó a aquélla que valiente se arrojó al mar dejándose mecer por el oleaje. Recordó el cisne que tantas veces fue. Cisne quebrado era.
La soledad de la playa de invierno acompañaba su despedida. Su cuerpo se había parado como la cuerda del reloj; el mecanismo perfecto se desmonta con la primera fisura.
Alzó sus brazos, primera posición, demi plié...El cisne negro es más hermoso aun que el blanco.

miércoles, 17 de noviembre de 2010

Pornographique?


Se pintaba negra la raya del ojo y el lápiz se astillaba tiñendo de sucio rojo sus pestañas.
El plató estaba preparado. Hoy tocaba rodar un trío, con Carolina, una colombiana despampanante, y con Marcelo, el único negro que no le producía alergia. La sensibilidad de su blanca piel llegaba al punto de que el contacto con la piel negra le producía escozor e irritación. No sabía explicar porqué, pero era así. El olor también le resultaba fuerte, pero no llegaba a provocarle esa reacción. Marcelo le contó que había conocido a otras japonesas a las que les ocurría lo mismo, pero que el escozor lo focalizaban sólo en la entrepierna. A ella con sólo darse la mano, ya se le ponía colorada.
Preparada para una sesión interracial, perfumó su cuerpo y lo cubrió con su kimono. Estaba pintado a mano y era un recuerdo traído de Tokyo, de su casa. Lo decoraban aves de largos cuellos que se entrelazaban con juncos y flores. Se envolvió en él antes de girarse para ver el atuendo preparado para el último show. Era un conjuntito de colegiala. Hasta el tanga era de cuadritos escoceses. Marcelo iba de policía y Carolina de enfermera. Coincidieron los tres mirándose y se rieron lacónicamente.
Carolina se acercó a ella para limpiar la gota de sangre coagulada que colgaba de su pestaña.
-¿Qué pasa ángel? ¿No estás animada hoy, mi niña?
-No. El director me ha llamado para decirme que es mi último trabajo.
-¿Por qué, mi ángel?
-Por japonesa. Dice que no inspiro la brutalidad que quiere en las tomas.
-Eres dulce, angelito; pero tienes la mirada más dura que he visto jamás comiendo una polla. Da igual que siempre la lleves baja y escondida tras el negro.
-Pues me ha dicho que ni disfrazándome de escocesa pierdo el Oriente.
-Ay mi ángel, hoy vas a volar con esas alas tuyas de lo mucho que te vamos a querer el negro y yo.
-Quiero volver al Norte, volando...


domingo, 14 de noviembre de 2010

Crier vengeance

Te miro con el descaro de tener la razón, con el gusto por acariciar la venganza. Te miro sin velo. Te miro y me río.
Querrías que me diera la vuelta, que agachara la mirada, que volviera sumisa a apoyar mi cara contra la almohada; que te ofreciera mi mejor cara (o espalda).
Dices que ya no reconoces mi mirada, que mi voz se ha apagado.
Respondo que tú me has matado, pero que yo he resucitado.
Y es ésa mi venganza. Y es ése mi reto.
Sácame la foto y vete.
Llévate impresa mi mirada.
Resentida...


miércoles, 10 de noviembre de 2010

Chienne de vie

Me abrazó pero yo me escapé. Me escabullí de sus brazos pegajosos y corrí por una autopista hasta pararme debajo de un puente. Miré hacia arriba e imaginé el salto. Miré para abajo y me quemaba el asfalto. A los lados no había más que una mustia vegetación que no hacía más que aumentar mi soledad. Las luces lejanas no dilataban más que mi ansiedad.
Me he perdido.

Miau.

-Miau no, Guauu.
-¿Quién dice eso?
-Un perro que te persigue desde lejos.
-Perro tenías que ser...


domingo, 7 de noviembre de 2010

L'historienne



Érase una vez una niña que tiraba botellas al mar con un mensaje dentro, y otra que miraba la luna desde su ventana todas las noches; había otra que escribía cartas y las guardaba en un cajón, y otra que gritaba al mar desde los acantilados.


Había un vez un niño que gritaba en la playa llamando a su mamá, y otro que se subía a los árboles para ver más allá; érase un vez un niño que mirando dentro de un pozo decidió saltar, y otro que partía los bichos en dos cachos.


Un día la niña de los mensajes en la botella se encontró con el niño que llamaba a su madre; los dos ya eran mayores y chocaron caminando por la playa. Se miraron y se dieron cuenta de que los dos iban buscando algo en su paseo por el arenal. Se dijeron:

-Hola, disculpa mi despiste, iba pensando en otra cosa.

-Sí, yo también. Camino mirando al suelo por si aparece algún tesoro.

-Yo miro siempre al frente por si encuentro lo que busco.

-¿Qué buscas?

-Respuestas

-Y tú, ¿qué tesoros esperas encontrar?

-Respuestas también.


Otro día la niña que de pequeña miraba la luna y ya se había convertido en una mujer, miraba por la ventana de su nuevo piso alquilado en el centro. No se veía ni un árbol; pero en la azotea de un edificio cualquiera vislumbró a un hombre tras un telescopio. Era el niño que de pequeño se subía a los árboles para ver más allá. Cuando él giró su telescopio, se encontró con la mirada de aquella niña alzándose hacia la luna llena, y cuando bajó, se clavó la mirada de la mujer en los ojos del hombre. Todas las noches se siguieron encontrando.


Un día la niña que escribía cartas que iban al cajón escribió un libro; se titulaba Escaleras para un pozo, y narraba la historia de un niño que jugando se había caído en un pozo, y cómo fue tallando en la piedra unos escalones durante años. En cada escalón escribía una palabra cuyo resultado final fue:

Guarda

Secretos

En el fondo

Que

Te llevarán

A la superficie.


Cierto día la niña que gritaba desde los acantilados al mar, decidió tirarse en acto consciente.

Aquella tarde el niño que disfrutaba abriendo bichos, convertido ya en un hombre, se enfrentó a la autopsia de una mujer bellísima que habían encontrado muerta flotando en el mar.


Y colorín colorado, el cuento de los cuatro niños ¿¿se ha acabado??


martes, 2 de noviembre de 2010

Ophelia



Sabes que no miento si te digo que me acabas de elevar; que creo en el éxtasis de la belleza, en la conmoción de la sensibilidad, en que se me retuerce el alma en un suspiro.

Sabes que no miento si te digo que creo que la unión más firme entre seres es la que podríamos tener nosotros. Luchar juntos, gozar juntos y por separado, reunirnos aunque sólo sea para contárnoslo...

Sabes que miento si te digo que iré a buscarte; pero sabes que siempre te estaré buscando.

Sabes que vivo sin ti (nunca lo he hecho contigo), pero me convierto en alguien normal si estás lejos.

No sabes quién soy, pero me dibujas como alguien que me gustaría ser.

Sabes de mis fantasías, las creas.

Sabes de mi dolor porque ahí estabas para recogerme en la caída.

Y sabes cómo me río.

Quizás nunca querrás oír lo que no sabes...o quizás quieras saberlo, curioso...

Me fumo un pitillo y te tiro el humo a la cara.

Curioso que me haya sentido La mujer con alguien que no me ha rozado más que con su alma.


En un día tan especial como hoy, me apetece escribir para ti.

Quid pro quo.

domingo, 31 de octubre de 2010

Réciproque




Cuando la profundidad del beso hubo terminado y sus labios comenzaban a separarse, abrió los ojos. Lo hizo lentamente, como quien se despierta de un dulce sueño. Clavó su mirada en sus pupilas y quiso entrar en ellas.



Cuando después de hacer el amor se fundieron en un largo abrazo para perpetuar la unión habida, quiso dejar de apretar para sentirse apretada, pero no podía aflojar la tensión. Quiso amarle con los brazos.



Cuando aquella caricia se posó en su pecho, quiso ser dulce como la caricia, pero despertó su instinto más salvaje. Reaccionó como si lo recibido fuese un bofetón. Le mordió la boca. Quiso que también corriera su sangre como lo hacía la de ella.



Cuando queriendo sorprenderla tapó sus ojos y rozó los labios con su cuello, sintió que querían asfixiarla. Volvió el rostro. Quiso darle la espalda y se encontró con su cara.



Quizás entenderse no era cosa de dos. Quizás primero debía entenderse a sí misma.



viernes, 29 de octubre de 2010

Rompre le silence



Se hizo amiga de un niño autista. Ella sabe que es imposible una amistad convencional, pero sabe que son amigos. Siempre eligió sus amistades. Personas de amplia sonrisa, personas de lengua afilada, personas incombustibles para la marcha, personas de mirada limpia, personas con vida vivida, personas que saben escuchar, que quieren oír...Él cuando lo conoció era como una cría de pájaro; un niño que parecía vivir asustado y andaba de puntillas y de lado (con cuidado de no chocar con nadie ni de hacer ruido). De vez en cuando salmodiaba una canción, y de esa manera era la única de que asomara una sonrisa en su cara. Al reirse parecía una caricatura hermosa: su boca grande llena de dientes, sus ojos bizqueando, los mocos cayéndose. Decidió desde esa primera sonrisa, que ella se encargaría de provocarle más. Vio tantas cosas apretadas, escondidas pero cómodas, sin querer salir de ese cuerpo y de esa cabecita que no paraba de girar sobre sí misma con la misma canción.Deseaba ser conocedora de todo lo que pensaba, pero sobretodo deseaba saber lo que sentía.

El niño fue creciendo. Al principio de su amistad le tocó hacer de poli mala, preocuparse por sus estudios, que hiciera los deberes...Él le hacía el caso justo ( a veces ninguno). Después fue dejando que se preocupasen tanto otros, y ella pudo intentar ser más cómplice. Entonces empezó a tocarle; consiguió que "chocaran" como los americanos y comenzó a llamarle George. Él iba a buscarla todos los días. Se acercaba a ella y la saludaba mirando siempre al suelo, ella le preguntaba cualquier cosa´, él rápidamente respondía y ya se alejaba pero no mucho. Se mantenía cerca, y si alguien se acercaba a ella a preguntarle cualquier cosa o demandaba su atención, entonces George aparecía en un segundo plano; luego quería saber qué le habían dicho.

Llegó a la adolescencia y Dora lloró pensando en él, pero pudo ver cómo su vida se iba normalizando, cómo salía con algunos chicos,cómo algunas chicas lo cuidaban, cómo seguía canturreando.

Después de unos meses sin verse, donde supo que George había sido feliz viajando a Londres, llegó el reencuentro. Él apareció sigilosamente y acercándose con el mismo sigilo le dio dos besos.

Esos dos besos quedarán para siempre grabados en su alma. Son la expresión de la expresión. Son la prueba de su amistad junto con esa mirada que sabe que a veces le busca.

Querría poder evitarle todo el sufrimiento del mundo. Le gustaría que hubiera sido capaz de gritar cuando sus padres se separaron, que hubiese mandado a la mierda a aquéllos imbéciles que un día se metieron y se meterán con él, que aquella niña a la que un día hacía rabiar, le hubiera sonreido, que se fume su primercigarro con ella.

George va a ser un genio

pero George ya es genial.



miércoles, 27 de octubre de 2010

Rouge à lèvre



De la importancia de los gestos.

Si hay uno que le produce fascinación es correrse todo el carmín de los labios a la cara con la fuerza arrebatada y cerrando los ojos de pura concentración.

¿Por qué?



domingo, 24 de octubre de 2010

Étiquettes.

Mala suerte.
Es lo que le dicen que tiene.

Ella al principio también lo creía, pero ahora ya cree que hay algo en ella que falla; es algo así como un imán invertido: al principio atrae fuertemente, pero una vez superado ese primer momento, provoca el efecto contrario (repulsión?).

Me estuvo contando historias, romances, relaciones...Se le ocurrió que podía etiquetarlas y clasificarlas como las entradas de los blogs. Había un grupo que le daba especialmente por el...

y es el grupo de los de "¿Puedo llamarte? te dicen una noche, y todavía estás esperando a que te llamen". Una vez que tienes claro que les gustas (porque eso se nota) ya te puedes empezar a romper la cabeza. Me hace gracia su orden de ideas:


  1. Anoté mal mi número de teléfono.

  2. Perdió el teléfono.

  3. Le ha ocurrido algo.

  4. Tenía novia y con la luz del nuevo día lo recordó.

  5. ¿Asusto?

Acumula varias historias de éstas y cuando nos las cuenta, hay gente que se ríe. Realmente ella lo cuenta con gracia, pero se nota que le jode. Por lo demás, ¿dónde está la gracia en que te generen una expectativa que no demandas y no la cumplan?


Cuando conoce a un chico, puede que al principio no se sienta fuertemente atraída hacia él, pero si él muestra interés, consigue que el de ella crezca. Siente una ilusión. Y esa noche o madrugada, cuando se acuesta sola, hace planes románticos.


Conoció a un inglés: alto, rubio, fuerte, joven...Fue dulce con ella, y al mismo tiempo supo aplicar la fuerza suficiente como para conseguir engancharla. Recuerda cómo la besó en la frente con ternura, y cómo la empotraba contra la pared con la fuerza de su pelvis. Se despidió preguntándole si podía llamarla. Ella marcó su número en su teléfono para que él lo guardara, él escribió su nombre y eso es lo último que recuerda. Esa madrugada, tumbada en la cama, se vio cruzando la campiña inglesa en un coche. Imaginó la mejor luna de miel: kilómetros y kilómetros viajados en coche, atravesando bellos parajes, escuchando viejas y nuevas melodías, cantando, charlando, jugando, deslumbrándose ante todo lo nuevo que aparecía ante sus ojos, aprendiendo inglés, haciendo paradas obligatorias para satisfacerse, durmiendo en viejos moteles de carretera, disfrutando de la única compañía del otro...


Se pasó siete noches pensando en la luna de miel en carretera.


La octava se fue acompañada a otra cama. El problema es que de ésa, sí se llevó un número de teléfono que ella no pidió. Se llevó un número y ninguna ilusión.


miércoles, 20 de octubre de 2010

La Femme



No tuvo conciencia de femenina hasta la adolescencia, pero tuvo conciencia feminista desde pequeña. Por épocas potencia su femineidad, y hay momentos en los que no la siente como suya. Parece vivir siempre en la transición de niña a mujer, y no encuentra su sitio.

Tiene sonrisa de niña y mirada de mujer.

Siente como una niña y vive como una mujer.

Me contaba que tenía la regla, y que no necesitaba ni una compresa, que con un salvaslip le servía. Le dije que eso era una suerte, y que muchas mujeres la envidiarían por ello. Me contestó que ella quería sentirse mujer, y que con tan poca regla se sentía medio mujer. Una tercera persona se rió, y la llamó dramática y exagerada. Yo le dije que me contara por qué...

-Sara, me vino la regla a los 13 años y fue una fiesta. Me moría de ganas de tenerla y ser como las demás. Quería tener algo que contar como:" a quién se lo había dicho primero". Me inventé una historia ante las chicas del colegio. Les dije que se lo había contado a mi padre porque tenía más confianza con él que con mi madre. Una mentira más. Se lo dije a un padre que me miró y me dijo "eh?". Tardó tres meses en volverme, y cuando lo hizo era la víspera de un viaje a la montaña con campamento incluído. Bajamos un río en piragua. Gané, pero perdí mi regla por tres meses más. Luego empezaron las relaciones sexuales y los embarazos psicológicos. Entonces apareció la píldora. Con ella llegó la regularidad a mi vida. Aparecía la regla y desaparecía el sexo. La historia se repite durante años hasta que tras mi última ruptura decido dejar la píldora. No es que sea una suicida camicace, pero lo parezco. Aparecen los tests de embarazo y las pruebas médicas. Necesito explicar porqué soy una mujer sin regla. Estoy sana (por lo menos de eso, ¿qué es eso?), pero no sangro por ahí.

Quizás es que yo sea una mujer que sangre por otro sitio, Sara.


lunes, 18 de octubre de 2010

Escalier en colimaçon


Dora subió las escaleras sin mirar atrás. Se contoneaba a sabiendas de que aquellos ojos, y sobretodo aquella mirada, se habían posado en su culo desde el mismo momento en que la dejó pasar. Cuando llegó arriba, movió ligeramente el cuello amagando volverlo, pero como arrepentida, sólo tocó su pelo, colocándolo tras su pequeña oreja.


Cuando ya había decidido renunciar al coqueteo, sintió que él estaba tras ella. Era una presencia mayor que la de una sombra. Invadía su espalda, y abarcaba el espacio. Debió subir rápido aquellas escaleras, porque notaba su repiración sofocada. Disimuló su quietud mirando el mural imponente que coronaba la escalinata, y disfrutó pensando en ese hombre ahí parado; un hombre que podía cubrirla sólo con acercarse un poco más, un hombre al que darle la espalda para que respirara sobre su nuca, un hombre-manta para abrigarse, para resguardarse, para escondidos, pasar calor juntos.


Aguardaba el tacto de su mano. La pensaba sobre su hombro, fuerte; como la invitación callada a un irse juntos. Sin querer, o sin poder evitarlo, levantó el mentón alzando levementela cabeza y entrecerrando los ojos. Acompasó su respiración una, dos, tres...


- Se te ha caído el pañuelo- Le dijo con su voz ronca.


Dora entonces se volvió y el rubor subió a su cara.


-Ah, muchas gracias, soy un desasatre y siempre ando perdiendo cosas- Le contestó.


-Es precioso. A punto estuve de no decirte nada. No pude evitar olerlo y desear quedármelo.


-Ah, será mi perfume...


-Sí. Y ahora tengo la necesidad de olerlo sobre tu piel.


Sin mediar más palabra, Dora le ofreció la palma de su mano. Su dedo corazón en la mitad de su nariz, y la palma apretándole levemente los labios. Él hundió su cara en ella y la deslizó hasta la muñeca. Ahí posó la nariz y la punta de la lengua, provocándole un ligero escalofrío. Respiró profundamente. Dora alejó la mano y buscó su mirada.


-Me encanta.


-Gracias.


-Ha sido un placer.


El perfume embriaga los sentidos y provoca a las sensaciones.


Querría volver a olerte.


-Mejor quédate con mi pañuelo. Adiós.


Y así se fue, con el paso acelerado, sin el pañuelo y muy excitada.





domingo, 17 de octubre de 2010

C'est dégoûtant


Llevo días queriendo escribir algo bello, y no puedo. Me siento, me tumbo, cierro los ojos, miro por la ventana...y sólo hay una palabra que se me viene a la cabeza: "asco". Cuando una quiere escribir algo bello, y la única palabra que la envuelve es "asco", mejor no escribir.


Hubo una tentativa:

"Asco. Le confesó que había deseado que ella fuera la madre de sus hijos sabiendo que su mujer ya estaba embarazada. Asco. Pensó que era lo que ella sentía hacia él cuando le dijo que no quería tener sexo. Asco. Por aquél que no entiende nada, y que lo lía todo. Asco. Por no cuidarla, por asustarla, por perderla".


Me gustan las historias bonitas aunque sean tristes, pero destesto todo aquello que se convierte feo de puro real.

Nadie tiene derecho a apagar sonrisas

a generar muecas

a cortar alas

a llenar de sombras días de luz

a encerrar pasiones, a manchar inocencias, a sembrar desconfianzas.

Nadie debe engendrar sus demonios en el otro.


Encontré a Dora temerosa, hundida, angustiada...queriendo encerrarse para aislarse de los peligros que ella misma sentía provocar. Me dijo que sentía asco de sí misma y de su vanidad. Asco de necesitar la adulación.

Y yo, sin poder evitarlo, me he contagiado de asco.

Y no sé qué decirle...

domingo, 10 de octubre de 2010

Le mythe de la caverne



Un día cualquiera de otoño...


-Quítate las botas.

-No.

-Por favor, quítate las botas.

-No. Y luego, ¿qué querrás que me quite?

-Los pantalones.

-¿Y luego?

-Las bragas.


Una semana después en otro paisaje otoñal...


-¿Qué quieres que me quite?

-Los zapatos.

-¿Y luego?

-Los pantalones y las bragas.


No me voy a quitar nunca las botas, Sara, ni los zapatos. No voy a despejar el camino hacia su placer, mientras no encuentren las palabras que como las de AliBaba lograron abrir la cueva del tesoro. Las botas son como el escudo del guerrero que llevo en esos momentos, y que me protege de la agresión que me puede suponer un cuerpo extraño con palabras manidas.

Y eso es lo peor, lo que hace que no te llegues a sentir especial ni única; unas palabras formuladas, un texto aprendido, una receta, un salmo, una blasfemia contra la magia.

Qué graciosos los fetichistas del zapato, los adoradores nocturnos del pie, los amigos del ritual...

No creo que existan, Sara.

Son fetichistas de lo fácil, hedonistas de su pene y no son amigos míos...







martes, 5 de octubre de 2010

Squelette



En el cuerpo a cuerpo se sentía como una destripadora. Diseccionaba visual y mentalmente todas las partes de su cuerpo y las del otro.

Focalizaba la atención en los genitales y a veces perdía la concentración.

Un torso peludo en el que se pierde adivinando canas.

Unos hombros objeto del fetichismo.

Un ombligo en el que indagar intimidades.

Unas caderas en las que dibujar ángulos.

Unos muslos a los que retar en fuerza.

Unos pies para comparar.

Unas manos que atar.

Unos párpados para besar.

Una nariz en la que hurgar.

Y un perfil por el que pasear.

Unas ingles que acariciar.

Unas nalgas a prueba de confortabilidad.

Una espalda y a traición.

Unas rodillas casi siempre frías.

La vista panorámica y cenital de una cabeza entre sus piernas.

Unos ojos que se fijan en una mirada.

Unas uñas dispuestas para una garra.

Un costado que ofrece bienestar.

Un cuello que se ofrece dilatado.

Bocas hambrientas, sedientas, secas, tristes...

Dientes que escarban

Lenguas que buscan


Pensaba que pocas veces había encontrado poesía en el sexo, pese a lo desnudo de los cuerpos.


Pensaba que su voz no sonaba poética.







domingo, 3 de octubre de 2010

Curiosité



Se despertó con una sonrisa. Hacía tiempo que no le pasaba, y eso que la noche anterior había tenido un escarceo; que lejos de sacarle una sonrisa le colocó una mueca. Ya lo contará cuando lo encuentre gracioso.

Había soñado con el nacimiento de su hijo. Curiosamente el parto había sido asistido dentro de un coche por su padre (de ella que no de la criatura que obviamente sería hijo de madre soltera). Un parto que curiosamente no dolió; al recordarlo, lo rememora como si de tirar un pedo se hubiese tratado. Que su padre fuera la comadrona, que el parto no doliera , que hubiera parido a un niño con nombre propio y que pariera en un coche (escenario último del escarceo) le sorprendía poderosamente. Se alejaba de todo lo previsible.

Pero lo que hizo que se enganchara al sueño y que evitara despertarse fue que Antonio (nombre propio del niño) era un niño-koala. Un bebé pelón que se abrazó a ella desde que nació y que permació así durante todo el sueño, despertándole una sensación preciosa. Curiosamente no le molestaba, ni le pesaba, ni le impedía ir a ningún sitio. Fue en ese sueño donde se compró su primera moto, en la que montaba para ir a la playa con su madre y el niño-koala. Recuerda decir "ves mamá cómo me la tenía que haber comprado antes". También fue a un circo sin carpa, al aire libre, donde se sentía muy ágil con Antonio pegado a ella, pero sobre todo donde se sentía feliz. Recuerda también marcharse de vacaciones con unas amigas en furgoneta y su niño enganchado a ella como el koala al tronco.

No cree que sea la primera vez que sueñe con un parto, o con un hijo, o con su padre...pero sí es la primera vez que lo hace con un koala de nombre Antonio.

Fue un sueño lleno de ternura donde sintió el tacto como el sentido primordial y la unión y la fusión y la protección y el aferrarse en vez de abrazarse...




viernes, 1 de octubre de 2010

Lexique


¡Cuánto trabajo tienen los profesores de Lengua!

El desuso, el mal uso, el abuso...

¡Qué poco se aprovechan sus clases cuando se tiene oportunidad y cuánto se extrañan luego, cuando faltan!

Con qué desprecio se habla de las lenguas muertas (a excepción del griego).

Y qué poco se valoran las minoritarias.

Arduo trabajo el del profesor de Lengua.

Ella hacía tiempo que no utilizaba la suya para otra cosa que no fuera lamer sus propios labios, casi siempre resecos. También hurgaba en las oquedades que oradaban sus muelas. En su lengua, cuando alguien apretaba los dientes al dormir, le decían "rucar los dientes". Pues ella rucaba los dientes. No se enteró porque se lo dijera ningún amante; se lo dijo el dentista. La solución pasaba por disfrazarse de boxeadora para dormir apretando un molde. Vería inexorablemente ir menguando su dentadura día tras día.

No hacía mucho tiempo alguien le había dicho que le parecía que había crecido. Ella se sorprendió porque entendía que ya estaba en edad de empezar a menguar. En una muestra de lo relativo de la vida, no hacía mucho tiempo también alguien le había dicho que últimamente la veía como encogida sobre sí misma. Finalmente acusó a los tacones y a su potente efecto óptico.
Y precisamente escogió unos altísimos para ir a cenar con aquel profesor de Lengua que también debía saber latín.


Quizás esa noche se usara, se abusara...











miércoles, 29 de septiembre de 2010

Impulsion



Su corazón acelerado le recordaba las pulsiones de la vida.

Luchaba contra la velocidad cardiaca con la farmacología, pero como si de la lucha entre la
medicina occidental contra la tradicional china se tratara, no había remedio válido que calmara su ritmo.


Transitaba entre el placer las de las emociones y la angustia de las sensaciones.


Me envió un mensaje a mi teléfono avisándome de la emisión de una de sus películas favoritas. Me escribía: "Estoy sentada frente a la tele pero ya comienzo a elevarme. Empieza 2046"


Cuando hablamos, se apreciaba torpeza en su discurso; ella se disculpó por la emoción. Me decía que quería volver a ver la peli pero esta vez sin sonido, sólo las imágenes. Que después la volvería a ver quitando la imagen, que vería a través del sonido. Y que después la volvería a ver como la vio por vez primera; con la única compañía de su emoción.

Tras decirme esto, se disculpó avergonzada por su discurso apasionado; pero yo la invité a que siguiera porque me estaba contagiando.

Me dijo que cuando me había enviado el mensaje ya se tapaba con la manta la boca para no gritar del gusto que le daba, y que se le llenaron los ojos de lágrimas ante el fotograma del pintalabios corrido en la boca, que todo su cuerpo se ponía en tensión con cada una de las canciones y que al principio le costó concentrarse en los diálogos porque se colgó de las imágenes. También me contó que no pudo evitar recordar a aquél que le había descubierto 2046, aunque nunca hubiesen pisado juntos la habitación de un hotel. Que quería renovar todo su vestuario para llenarlo de quimonos de seda, y que nunca más ansiaría estar negra; empezaría a bendecir su palidez. Que Singapur le sonó la palabra más bonita de la geografía y que no quería estar en casa en navidad. Que había asistido a un espectáculo poético con el corazón sonándole en la boca y palpitándole en la barriga. Que le costó conciliar el sueño, pero que una vez más se había conmovido profundamente ante la belleza.



Sonreí ante su vehemencia.




domingo, 26 de septiembre de 2010

Quelle coïncidence




LLoraba cuando pensaba que no volvería a ver a aquel hombre que había amado.

Dando una vuelta en autobús se encontró frente a aquel edificio en el que había gozado haciendo el amor cuando a los 17 años ya pensaba que los placeres carnales no habían sido creados para ella.

Ya en aquellos tiempos se imaginaba que sólo podría llegar a enamorarse de aquél que la hiciera disfrutar de amor.

Encontró sin quererlo un denominador común entre aquel chico de sus 17 que tanto la hizo llorar y aquél último de sus 30 que ídem de lo mismo. Con ellos se había reconciliado con el sexo.

Desde la ventana del autobús miraba aquella ventana de una casa que distaba apenas 15 minutos de la suya y recordó aquélla otra en la que también había amado a 1000 kilómetros.

No volvería a ver a aquél del que le separaba tierra por el medio igual que no había vuelto a ver a aquél que había sido su vecino.

Si Dora fuese una persona positiva y optimista vería en la no visión una ventaja para ayudar al olvido. Pero Dora no sólo no es así sino que además es romántica y sentimental, y siente dolor al pensar en no volver a cruzarse nunca con la cara y la mirada de aquél que un día la hizo sentir mujer entre sus brazos mientras ella sollozaba tras haber explotado de placer.

Las casualidades no existen para ella, y no se volverá a encontrar con ellos porque aunque son distancias diferentes vuelven a tener un denominador común que los iguala: ambos se distanciaron de ella para siempre alejándose hasta desaparecer.

Y si en un arranque de infantilismo mira la lista de chicos, de hombres...que pasaron por su lado, se dará cuenta de que sólo lamenta no volver a ver a aquéllos con los que disfrutó del sexo, es decir, aquéllos a quien amó. Verá entonces cómo esa lista empequeñece hasta lo mínimo y no sabrá si alegrarse o apenarse por no saber lo que es amar.

miércoles, 22 de septiembre de 2010

Révolution et guillotine




Detrás de "paz y amor" hay un infierno.

Tras "haz el amor y no la guerra" hay aburrimiento.

LLegado el momento, escuchado lo que hay que oír, visto todo lo que se ha tenido que ver y aguantado más de lo estrictamente necesario, toca dar con el puño sobre la mesa y dejar de cagarse para empezar quizás a cagarla, pero a hacer algo.

En el jardín de Dora no crecen " flowers power", se asemeja más a un jardín japonés lleno de piedras que tiraría sobre quien ose querernos hacer pasar por gilipollas.

Se tapa la nariz para no respirar "Love is in the air" porque hasta las mismas narices está de olerse la que nos quieren armar.

Sabe que "All you need is love" se lo puede cantar la tuna a quien le sobre, porque a los que les falta se conforman con salud y trabajo (por dinero, no por amor al arte).

Quizás se disfrace de hippie en el entierro por los derechos y el respeto del ser humano.


domingo, 19 de septiembre de 2010

Chien policier



Un día le pregunté qué era lo peor y lo mejor de ser hija única.

Sabía que era para ella un estigma que había marcado fuertemente su personalidad.

Respondió como suele hacerlo, con naturalidad y contundencia:

-Lo mejor y lo peor es sentirte única.

Estuvo un buen rato contándome cómo los celos habían aparecido en su vida y habían devastado su autoestima.

Sorprende ver a una mujer así flaqueando de inseguridad, convirtiéndose en una niña que teme que la abandonen.

Recuerda la escena en la que le pidió a aquel novio, recién llegados a una fiesta, que no la dejara sola, y como al poco rato, ella había desaparecido con sus nuevas amigas. Cuando la encontró, él le reprochó su ausencia, y ella enfadada le pidió su próximo regalo de cumpleaños: una correa de perro de esas extensibles.

Sabe de sobra que si hubiera ocurrido al revés ella se habría enfadado mucho con él, pero no le permite a él ese enfado.

A partir de aquel día se empezaron a tener miedo: él a que ella lo dejara, y ella a que él la conociera.

Los vaticinios se cumplieron y la dejó él.

Hay vergüenza en sus palabras recordando su historia, aunque no puede evitar una risilla de malicia.

Siente celos pero no deja que los sientan por ella.

Siente celos sistemáticamente cuando nota que el cariño o la atención que atesora se desvía. Y también siente envidia del nuevo foco de atención.

Le ocurre con su familia, con sus amigos, con sus compañeros y con sus novios.

Me dice que está segura de que también le ocurrirá conmigo en cuanto le cuente que he conocido a alguien que tiene muchas cosas que contar. Ahí le rebato que puede que se canse ella primero. Y con la naturalidad y la contundencia que la caracteriza, se ríe y me dice:

-Tienes razón.


Yo la entiendo y la quiero.




jueves, 16 de septiembre de 2010

Abstinence



¿Qué tendrán los colegios de monjas de donde salen las niñas más putas pero más finas?

Cuando Dora era pequeña quería ser monja. Pensaba que era la única manera posible de ayudar a aquéllos que no tenían nada. Además era buena. Y además su abuela, cuando le dolía la barriga, le hacía la señal de la cruz sobre la tripa hasta que se le pasaba; también le hacía una manzanilla. En Semana Santa lloraba viendo a un hombre al que clavaban en una cruz después de someterle a vejaciones e injusticias. Además era un hombre muy guapo; flaco y con el pelo largo, como le siguen gustando. Hizo la comunión, y para ella significó una de sus primeras incursiones en el mundo artístico, ya que la ceremonia fue un auténtico musical. Cantaba todas las canciones con la boca bien abierta, a pleno pulmón, disfrutando. No le daba más sentido a todo aquello. Le gustaba Jesús por flaco, por melenudo, pero sobre todo por atormentado.

Su inocencia fue cediendo, y con ello las creencias desapareciendo.

La Literatura, los indígenas y la realidad hicieron que ya no quisiera ni ser monja, ni creer en dios. También la ciencia, que le explicó que si funcionaba lo de la señal de la cruz en la barriga es porque le ayudaba a expulsar gases.

Tampoco sabe exactamente cuándo dejó de ser buena, pese a que prometió en la puerta de una iglesia que lo iba a ser. Menos mal que lo hizo a la puerta y con los dedos cruzados.

En lo que más se parece a una monja es en su vida sexual, y eso pese a haber estudiado en un colegio de monjas.


viernes, 10 de septiembre de 2010

Histoire ¿naturelle?

¿Qué significa descubrir que tenemos una historia?
Abrir los ojos como atentos espectadores de nuestro pasado. Espectadores que buscan respuestas en lo que han sido y vivido para explicar lo que son y lo que viven.
Haciendo limpieza en su cuarto encontró sus diarios de niña. Comienzan a los once años y perduran hasta los veintidós. Para una mujer amante de las letras es emocionante ver la evolución de su letra. Una caligrafía que cambia como cambió su cuerpo, se va estilizando con el tiempo con trazos firmes y líneas sinuosas. También emociona la inseguridad ortográfica y un vocabulario sin salpicar de picardía. Llama la atención cómo en cada época (bien diferenciada por episodios cronológicos y pausas) se percibe una aparente seguridad de haber llegado a la meta. Cómo se plasman desengaños prematuros como huellas fijas que han de marcar su camino. Cómo se intuyen los amores incipientes y se retratan amores infinitos. Leyendo sus diarios se imaginó como si de su propia nieta se tratara y estuviera descubriendo los secretos de familia. Derramó alguna lágrima ante la evocación de sentimientos olvidados, de personas traspasadas y de ridículos transcritos. Soltó alguna carcajada ante su imagen de niña chica. Bailó sentada al ritmo de la discoteca antes transitada...
y se envolvió de nostalgia, de ternura, de pena...
y pensó si eso es la Historia.
Se horrorizó repitiendo pautas que parecen sorprenderla mucho en sus primeras veces, y que ahora ha interiorizado como movimiento natural.
Se encontró escribiendo sobre la muerte cuando apenas comienza su vida.
Se ve corriendo tras el Amor. Persiguiendo quimeras.
Su vida se juega en los tiempos de una partida de ajedrez. Ella mueve ficha y espera mientras que el tiempo corre viendo cómo se consume con la ansiedad de ejecutar el próximo movimiento.
Dora se ha dejado envolver por los recuerdos y ha disfrutado hurgando en su propia historia.
Ha utilizado la llave que con tanto mimo un día guardó alejándola de curiosidades ajenas.
Ha sucumbido a su curiosidad, y ha caído en su propia trampa.


miércoles, 8 de septiembre de 2010

Cinéma d'auteur



Nunca iba al cine, pero fantaseaba con hacer el amor en uno.

No quería que fuese el aburrimiento el que impulsara la pasión. Prefería que surgiese de la inspiración provocada por una escena, o de la emoción contenida tras un diálogo definitivo, o de la sugestión de un primer plano, o de la banda sonora que acompaña toda una vida.

Viendo sola una película en casa, se imaginó ese momento; cuando aparecen los créditos finales de la película y el tema principal. Cuando por primera vez cruzan sus miradas después de haber cruzado respiraciones durante la cinta. Ese momento de encuentro de emociones y de sensaciones, embriagados por el arte y conmocionados por la belleza. Impactados por la interpretación y tocados en la sensibilidad. Descubrir eso en el primer cruce de miradas y lempezar a hacer el amor con los ojos. Volver a conectar la respiración sin dejar de descubrir la mirada y alzar una mano para posar una caricia. Notar una piel ligeramente sobresaltada todavía, y unos labios fríos que saben a calor. Besarse al ritmo de la banda sonora, con los ojos cerrados creando fotogramas de final feliz. Buscar el abrazo en la incomodidad de una butaca que se antoja pequeña para dos pero donde se encuentra el bienestar de estar bien. Querer rodar por un suelo enmoquetado y encajar en un sitio recogido de miradas indiscretas, mientras la música sigue sonando al compás de la respiración jadeante de los amantes.

Derramar una lágrima cuando se presiente el final.

Dejar de un lado el tempo cinematográfico y volver al real para subirse las bragas e intentar pasar lo más desapercibida posible a la salida de la sala con la cara llena de rubor y el ánimo muy alterado.

Quizás si se pudiera fumar en las salas iría más al cine.



domingo, 5 de septiembre de 2010

Folie


Hablando de genes...¿Por qué los malos tienen tanta fuerza que perduran generación tras generación haciéndose incluso la marca de la casa, la denominación de origen?

Cuando se dice que todo se hereda menos la hermosura, Dora supone que se refieren a eso.

¿Qué hace que lo malo se traspase con tanta facilidad y toque a casi todos los implicados, y lo bueno sea sólo la fortuna de unos pocos elegidos?

Contra ese tipo de determinismo, ¿se puede hacer algo?

En su familia paterna había un mal y desgraciadamente lo sigue habiendo. Pocos eran los que perteneciendo a esa rama no estaban tocados, y ella creía que lo que pasaba es que lo disimulaban, no que no lo padecieran; porque mientras uno es joven se disimula todo mejor.

Y porque la locura en un joven incluso es atractiva.

El problema se acentúa cuando nos vamos haciendo mayores.

Y además no es sólo el problema de uno, sino de todos los que lo rodean.

Cuando mira los ojos de su abuelo, o los de su padre, no teme su locura; teme su propio interior palpitante.

La palabra "control" se torna obsesión, y sólo se permite perderlo por rachas.

Se autoimpone un control sobre su cuerpo y mente digno de un asceta o de un espartano.

Las barreras de contención están a punto de ceder.

Y tiene miedo, porque le asusta mucho de dónde viene y a dónde puede llegar.

Por suerte no cree demasiado en los determinismos, pero por desgracia sí en la fatalidad.




sábado, 4 de septiembre de 2010

Mirage


Inspirar o ser inspirada.
Activa o pasiva.

Observar o ser observada.
Paciente o impaciente.

Conmover o ser conmovido.
Femenino y masculino.

Piano o arpa.
Tacto u oído.

Mares u océanos.
Bien o mal.
Ser o estar.

Ni le gustaban las disyuntivas ni las parejas. Aunque prefería los números pares sin gustarle nada los números.
Se entretenía con estos pensamientos y los escribía en servilletas de papel cuyo destino final era el fondo de su bolso o entre las páginas de algún libro.
Se aburría cuando no había nadie a quien mirar, cuando no había nadie a quien admirar.
Se descubrió a sí misma mirando su reflejo en el cristal de la cafetería. Se guiñó el ojo y se le escapó la risa. Debían de ser las reminiscencias de los solitarios juegos infantiles frente a un espejo.
Esa tarde se sintió un espejismo de sí misma.



martes, 31 de agosto de 2010

Âme soer



Descubrió dónde residía la elegancia de aquella mujer. La estuvo observando largo rato mientras tomaba un café sentada en aquella terraza. Aquella terraza era como su campamento base para el espionaje. Se parapetaba tras sus enormes gafas de sol, la prensa diaria y el libro de rigor. Desplegaba todo un arsenal sobre la mesa; en la silla de al lado posaba su bolso y cual Mary Poppins iba sacando el tabaco, cerillas, abanico, teléfono móvil (silenciado siempre), cartera, monedero, un prendedor para el pelo, la funda de las gafas...Tras servirle un enorme café, se quitaba también el reloj. Algún día incluso dejaba el neceser sobre la mesa; lo hacía en días de mucho sol, porque necesitaba renovar el bálsamo para sus labios.

Una vez creada la atmósfera de comodidad, tras beber un sorbo de café y sacar un cigarrillo, levantaba la vista al encenderlo y era cuando oteaba el panorama.

Le fascinaba espiar a las parejas, a los solitarios, a los hombres, a los niños con sus padres y a los padres con sus niños, a los camareros, a las damas, a las jovencitas tontas y a las listas...

Ese día, topó con ella. Una dama sin duda. Una mujer de mirada brillante y halo oscuro. Una fumadora compulsiva y una bebedora ansiosa. Tomaba wisky con agua. Consumió dos botellines de agua para cuatro wiskis. Fumaba tabaco negro y nunca le encendía el mechero a la primera. Se desesperaba en ese primer intento. Movía la cabeza negando y cerraba los ojos suspirando. Vestía con un claro estilo masculino: camisa de seda negra y pantalones de pinzas grises. LLevaba un fino cinturón de piel marrón que ceñía su estrecha figura. Su pelo era corto, a lo garçon, y su cuello largo y fino. No llevaba pendientes ni anillos ni collares, pero sí un gran reloj de esfera negra y aires antiguos que no miró ni una sola vez. Si usaba ropa interior, no se notaba. Sus ojos eran oscuros y contrastaban con el claro color de su piel. Siguió escrutándola y repentinamente llegó a ese lugar que llamó tan poderosamente su atención. Iba descalza y descubrió los empeines más maravillosos que nunca antes hubiera visto. Enseguida se imaginó que era bailarina clásica. Una bailarina rebelde que se cortaba el pelo como un hombre y que se concedía excesos etílicos. Una bailarina solitaria que posaba sus pies desnudos en el sucio asfalto de la ciudad. Se la imaginó como a un faquir pisando las brasas. Se entretuvo tanto mirando aquellos empeines y aquellos pies, que cuando volvió a su cara, la estaba mirando. Dora sonrió, y ella respondió a su gesto. Cuando Dora volvió a bajar la mirada, aquellos pies estaban dentro de unos zapatos de salón de color beige y de alto tacón. Sus empeines lucían incluso mejor allí dentro. La mujer se levantó al servicio y Dora vio que sobre la mesa había una carta. El sobre estaba roto, de haberlo abierto con prisa o emoción, y el folio contrastaba con él porque estaba perfectamente doblado a su lado. Volvió a la mesa y alzando su copa le hizo un brindis a Dora; antes de que le diera tiempo a volver a sonreír, la mujer le dijo:

- Tómate una copa conmigo, quiero brindar con alguien. Yo invito.

-Claro, dijo Dora asintiendo.

La mujer se levantó hacia la barra mientras Dora recogía un poco su mesa para hacerle sitio.

Desde la barra le dijo:

-¿Qué te apetece?

Dora le contestó que un gin tonic.

Lo pidió y de la que volvía pasó por su mesa, guardó la carta en el sobre y cogió su bolso.

Cuando se sentó frente a Dora sus ojos brillaban aún más.

-Me llamo Isabel

-Dora

-Encantada

-Igualmente

El camarero le trajo la copa.

-Salud

-Salud.

-¿Qué celebramos?, preguntó Dora directamente

-Que ya tengo quien me escriba


Y mirándose a los ojos volvieron a sonreirse.