domingo, 29 de mayo de 2016

Mi querido diario:

¿Acaso será que ya se ha terminado? ¿He llegado a ese momento de vacío, del salto solitario? Miras al fondo y sientes la distancia insondable que hay entre la realidad y tú misma. El largo recorrido que se completa en apenas segundos y que se convierte en tubo caleidoscópico de toda tu vida. Bucle, tirabuzón, enredo y laberinto que te atrapa porque no sabes salir de él. Mezcla de jardines con hierbas altas que son sueño y angustia a la vez. Harta de subordinar o yuxtaponer, necesito el cambio de párrafo y la vuelta a la oración simple. Un telegrama que me recuerde que puedo empezar, que no hay por qué tener memoria residual, posos reveladores de verdad que obstruyen seguir el camino.
¿Acaso no será mejor mentirse? ¿Oír la música que no habla de mí, ni de ti? ¿Leer novelas que no dicen nada? ¿Ver esas pelis que solo provocan dormir? Escribir en lugares comunes y aceptar la sumisión a la mediocridad; a la mía.

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