sábado, 24 de abril de 2010

Le mèpris












Sólo necesitó la portada de un libro para viajar. En la foto, una pareja enamorada compartía el silencio en complicidad y reposaban con la calma intranquila del guerrero. Se sintió tan cansada. Había dedicado toda una vida a la lucha, a la lucha libre.


No entendía por qué se había pasado toda su vida pidiendo perdón. Como en aquella cena. Fue objeto del deseo de los comensales; la unión de comida y una bella mujer hace que el deseo se desvíe hacia la mujer a la que imaginas del sabor de los platos ofrecidos. Las bocas tornaron al vino y de ahí la conversación empezó a ser indiscreta e íntima. Casi todo eran parejas conocidas del ámbito laboral de Paul, y pronto saltaron a la mesa los reproches y las insinuaciones veladas. Paul ni la miraba, y eso que esa noche se había vestido de rojo. Notaba las miradas de todos excepto la de Él.




Ya en el acensor la besó con pasión e intentó hacer el amor con ella mientras ella lloraba y le pedía que la mirara. Y en un gesto desgraciado la miró y no vio nada. Fue esa imagen reflejada en el espejo la que la hizo reaccionar. Después de abofetearle, le pidió perdón.



Perdón, perdón.


1 comentario:

Anónimo dijo...

No vale pedir siempre perdon. Se perdona para que la situacion no se repita mas se repita mas se repita mas.
Y las sombras...como la sombra que nos protege del sol, como las sombras chinas que nos cuentan historias y nos hacen llorar...o reir segun quieran ellas, las que intentamos imitar desde niños, teniendo suerte si logramos que se parezcan a un simple perrito. Sombras hay muchas.Buenas, fresquitas, malas, gratificantes, heladoras, divertidas, necesarias, complementarias.
Complementarias porque sin luz no hay sombra y viceversa.
Clara