sábado, 21 de mayo de 2011

Expiación










Experta en autocompasión aficionada al melodrama busca historias complejas sin final feliz.





Mucho le debe de gustar el sabor de sus lágrimas, porque siempre termina llorando. Una vez tras otra tropieza con el mismo bache de siempre, y todavía no ha aprendido a caer bien, sin dañarse más de lo estrictamente necesario. Como suele pasar, lo que más le duele al caerse es su propio amor propio; siempre hay alguien viendo el desplome inexorable. Se duele de vergüenza y le duele volver a machacar su zona más delicada. La parte íntima, la emocional no sale tan resquebrajada como la parte cerebral. Ella misma se insulta al comportarse como una torpe; se empeña en humillarse, en obsesionarse.





No se da cuenta que pierde el control porque no tiene equilibrio.





Ciertamente el alcohol contribuye a su inestabilidad y caída, pero también hace de ello algo divertido, patético, expiatorio. Caerse sobria no tiene perdón. Caerse ebria es casi una necesidad; porque necesita descender al suelo para volver a apegarse a la realidad. Despertar de sus ensoñaciones etílicas y concentrarse en el camino de vuelta a casa. Ha de recorrerlo digna, dejando que fluyan las lágrimas que en ella, es como achicar el agua de la barca a punto de hundirse. Porque muchas veces ha estado al borde, a punto de escorar contra sí misma, y nunca ha vuelto a tierra más tarde de lo que podría esperarse de una mujer como ella. Cuando llega ya no parece naúfraga, parece sirena con las pestañas llenas de sal de tanto llorar. Pero llega sonriendo porque sabe andar y desandar el camino pese a la cola de pez que tantas veces la hace caer.

4 comentarios:

Scardanelli dijo...

bonito relato de la que se intuye una consumada sirena

Clara dijo...

¿ya se acabo la primavera?

Diego Volianihil dijo...

Que cada cual remonte el río que pueda.

javier dijo...

Quien no reconozca que tiene callos de caer es un necio. Lo bueno es poder reírse y saber que como decía Benedetti no debes olvidar "a ciencia cierta que usted sabe que puede contar conmigo". Nadie pierde su orgullo por entrar en lance. Sólo lo pierden aquellos que rehúsan la batalla o la aventura. ¡Que nunca nadie nos tache nunca de cobardes!
Cuanto más sufres mejor escribes.