domingo, 24 de junio de 2012

Más sonrisas que lágrimas.



La humillación es un arma eficaz para todos pero que sólo usan los que la saben usar. El protagonista de hoy debería ser un hombre, saliéndose de lo que es habitual por aquí, pero vuelve a ser una mujer. La razón es que es más fuerte lo que ella siente al ser o intentar ser humillada que lo experimentado por él mientras lo hacía.
 A él le vamos a presuponer cierto sentimiento de superioridad y de poder al ver la cara de ella, silenciosa en un rictus de pasmo, pero sobretodo viendo la iniciativa de ella, la de querer aclarar lo ocurrido. Poniendo en antecedentes, diré que pensó que ella se estaba riendo de él. Los carentes de sentido del humor suelen entender que las risas de los demás siempre están provocadas por ellos, no entendiendo luego que si bien ellos las provocan no son siempre el motivo de las mismas. Hasta aquí todo está claro. Ella se ríe, él se ofende, ella acude a aclararlo y él la humilla.
Supongo que todos pensaremos ahora que es un gilipollas.
Bien pensado: lo es.
Hablemos de ella de la que también podríamos pensar que es gilipollas por varios motivos. El primero es que deje que le afecte la reacción de un burro. El segundo que no discrimine dónde se puede bromear y con quién. El tercero que no gane en el fragor de la batalla. El cuarto que haya llorado en vez de seguir riéndose

1 comentario:

Fernando Garriga dijo...

mejor salir corriendo de gente así, por tu propia salud.