
Ricardo Imbern
Una travesía en barco por los mares del sur supuso la evocación perfecta para un sueño desnudo.
Aquella noche se acostó con la esperanza vana de que las pesadillas marinas de grandes olas no acudieran a bañarla. A la mañana siguiente amaneció empapada. Se levantó de la cama dejando tras de sí una estela líquida de ilusiones desvaídas.
Es lo que ocurre con el sexo que rezuma humedad en noches solitarias de verano.