martes, 4 de enero de 2011

Théâtre



Y llegó el momento de subir al escenario. Sentía una fuerte emoción. Su corazón palpitaba muy acelerado y notaba sus latidos en la sien y en la barriga. Era pura adrenalina. Subía a recoger un premio y se había vestido para la ocasión; eligió un traje de pantalón negro, estilo esmoquin, y bajo la chaqueta un cuerpo de encaje. Se sentía segura para subir las empinadas escaleras que la llevarían hasta la esquina izquierda del escenario. Le quedaba un largo trecho que recorrer donde todas las miradas se posarían sobre ella. Sabía de la expectación que provocaba su premio y por eso lo del pantalón. Siguiendo su impulso, se habría puesto un vestido de un género noble sin mucho escote, quizás mostrando los hombros, la espalda o de manga francesa...pero no era muy buena caminando con tacones, y tampoco era plan de subir con sus botas militares o moteras. Por eso lo del pantalón: le permitía calzarse unos buenos zapatos de tacón con cordones, de estilo también masculino como el traje, que le permitirían pisar con garbo. Esos zapatos no favorecían especialmente con vestido. Su melena caía suelta y natural. Sus labios rojos apenas maquillados, la raya negra del ojo, bien marcada definiendo aun más su fina seguridad y perfumada con rosas para la ocasión.

Apenas probó bocado durante la cena pero apuró todas las copas de vino blanco hasta llegar al cava. Era el toque de brillo final que necesitaban sus ojos.

El resto de los comensales le preguntaban que porqué no comía más, que si era para mantener su esbelta figura, pero ella contestaba que era porque prefería hablar. Y sí, habló.

En su mesa se sentaban miembros del jurado, algún que otro premiado e invitados al sarao. Empezó interesándose por ellos y alabando el gusto por sus trajes, luego siguió comentando la música ambiente, los últimos movimientos políticos regionales, nacionales e internacionales, algún cotilleo sobre los otros premiados, sobre el vino, sobre las viandas, de cine, de su barrio, de la juventud y de los bares de no moda.

Comenzó la entrega de premios y entonces se calló. Echó de menos tener a alguien suyo a su lado, pero eso era parte del premio. Cuando comenzaron con su presentación lo señalaron: por acudir sola con su soledad, por acompañarse sólo de su fantasía, por divertirse y divertirnos con sus presencias y ausencias y por inventarse historias, romances y amigas invisibles...el premio a la Reiteración de Pautas Hechas Costumbre (tanto en su vida como en su obra) es para...

Se levantó, pisó firme, sonrió y sin levantar la mirada del suelo llegó hasta el escenario que preparado para la magia se abrió en dos mitades y se la tragó.

Primera ovación de la noche.





7 comentarios:

Mariette dijo...

Pareces tú.

FOLIE dijo...

A veces necesito caerme para darme cuenta de que no tenía los ojos abiertos al andar. Me parece que debajo del escenario había un colchón y una puertecita trasera con la palabra oportunidad.

Besos

Clara dijo...

Y despues, la regurgito?

Anónimo dijo...

Es curioso como me recuerda tu historia a una historia que he disfrutado recientemente, Chère Dora. Meilleurs voeux

José Luis Moreno-Ruiz dijo...

Delicadeza de acero cimbreante, de florete vibrante que rasga el velo a las palabras.
JL

Nietzsche dijo...

Se premia con increíble constancia la reiteración de pautas hechas costumbre, y se castiga la investigación de caminos alternativos. De ahí la difícil elección entre subir a recoger premios o recibir los azotes de la sociedad estandarizada.

Sara dijo...

Muchas gracias a todos por pasaros y comentar este texto con el que intenté expresar, entre otras cosas, lo mucho que me repito. Me han dicho que el 90% de quid pro quo es sexo.
No lo creo.

Os mando un beso.