martes, 15 de marzo de 2011

Ensemble



La había visto envejecer de repente. Toda una vida a su lado no fue tiempo para ir viéndolo. De un día para otro su fisonomía cambió, su mirada trasmigró, su rictus se hundió...se hizo pequeña al hacerse mayor.

Unas manos de huesos doblados, la nariz afilada, la profundidad en las cuencas de los ojos, los finos labios hacia dentro, su piel llena de pliegues...suave. Pequeñas heridas que fueron poblando su tez, postillas sangrantes cada vez que se pasa el peine. Lóbulos estirados, esternón, costillas, clavícula. Vientre maltrecho, cruzado. Muslos meñiques, pies de elefante. Bolsas de líquido acumulado, venas rotas, lágrimas secas. Peso pluma, dolor de plomo.

Ternura infinita, amor eterno, belleza en el gesto, en la mirada. Extraña los ojos con los que hablaba. Extraña la mano que lo tocaba. Extraña el cuerpo, extraña el alma.

El hombre sonreía muy triste mientras llevaba la cuchara a la boca de la mujer que no miraba a ninguna parte. Horas antes la había cubierto con su cuerpo cuando la tierra empezó a moverse. La Tierra se la quería llevar para dentro, pero él se aferraba a ella. No la iba a dejar irse y mucho menos que nada se la arrebatara.

Hay fuerzas aun mayores que las de la naturaleza.

6 comentarios:

jojoaquin dijo...

peso pluma, dolor de plomo... joder, qué bueno

ESGARRACOLCHAS dijo...

Buenísimo, y el final mejor. Un disparo en el centro del pecho.

Mariette dijo...

Alzheimer.

Qué siniestra que estás.

Sara dijo...

Las imágenes de estos últimos días sí que son siniestras. Demasiado duras casi todas. Este texto surge de una que se me ha metido dentro.
Un saludo para todos, y gracias por vuestros comentarios.

Clara dijo...

Cuando nos paramos a mirar el tiempo es cuando de verdad nos damos cuenta de lo deprisa que pasa y de los enormes cambios que se han producido mientras estabamos ocupados viviendo.
Besos alegres y blanditos.

I V Y dijo...

<3

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