martes, 6 de diciembre de 2011

Ni Dickens ni Galeano


Llegan las lucecitas y se apaga algo dentro de ella. Le encanta ver la ciudad iluminada; pero de noche, porque las lucecitas por el día parecen esqueletos de carne pegada. Y así va por las calles durante el período navideño: con visiones atroces. Quizás sea por eso que es la única época del año en la que ansía ir acompañada por un hombre. Se llama Gina Asturias, es uruguaya, tiene los ojos muy verdes y la certeza de conocer su destino. Sabe que el destino se explica con el psicoanálisis y por eso sabe que le toca caminar sola. Gina pasea por un Montevideo iluminado y de sus ojos muy verdes brotan dos flores que van a parar a una esquina de su boca; la tuna ha llegado a Uruguay y unos mozos le cantan Clavelitos. No se paran, siguen cantando a todas mientras Gina sigue caminando sola. Se detiene ante una tienda de bragas camufladas bajo las figuras del belén. Se ríe y ve su reflejo en el cristal del escaparate. Gina Asturias sigue siendo guapa, pero no tanto. Se entristece de golpe. Vuelve a casa y van desapareciendo las luces. Sólo iluminan el Centro. El barrio está tan oscuro como su ánimo. Sus ojos sólo fueron verdes por un momento; puro reflejo de las luces. De ellos ahora sólo brotan lágrimas sin color.

5 comentarios:

El Joven llamado Cuervo dijo...

Parece una mujer de tangos, esa Gina...

José Luis Moreno-Ruiz dijo...

Pues, yo, a Gina Asturias, la veo más en la Casa desolada de Dickens que en cualesquiera de las cursiladas de Galeano...
JL

Advenedizo. dijo...

Gina es una romántica. Sólo puedo desearle suerte.

Rorschach dijo...

También le deseo suerte, aunque puede que encuentre a otro loco y puedan flotar felices por encima de la lucidez. O puede que le ataque un árbol de navidad.
habrá que estar ahí para verlo.
Beso.

Heinrich Heine dijo...

Condenable, todos aquellos que intentan definir a Gina de cualquier forma. No merece ser atada a ningún adjetivo, por mas preciso. Saludos de blog a blog.