viernes, 24 de agosto de 2012

Otro 24 de agosto.

Mona Lisa

                                                                                                                  Yasumasa Morimura.


Es su cumpleaños y no recibe llamadas de quienes la quieren sino que van apareciendo cartas escritas por aquellos que la habían dejado de llamar.
La primera apareció de madrugada, por aquello de los hemisferios, conos o polos. Ella leía el último de Murakami mientras pensaba en el oficio de escritor y en la importancia del traductor. Sopló un leve suspiro de aire bajo la puerta y apareció la carta. Era de un argentino al que la unió un romance de verano. Ella pensó de forma atemporal o "aestacional" y él migró como esas aves que siempre vuelan buscando veranos. En la carta la llamaba ingenua; le decía que vivía idealizando las realidades y que por muchos cumpleaños que pasaran seguiría siendo una niña. Ella arrugó el papel e hizo canasta con él en el cubo de la basura.
Se acostó y al despertarse su cama estaba cubierta por un manto de folios. Eran más cartas. Reconoció la letra de una que fuera amiga a la que conoció estudiando y que gracias a esa letra grande y legible pudo copiar en un examen. No se conocían más que de vista y aquel día se sentó delante de ella en el aula de exámenes. Quería conocerla y por eso la dejó copiar. En la carta le reprochaba su falta de reciprocidad. Desdeñó la carta como desdeñaba también la idea de "te doy en la misma medida que me das". Con lo bonito que sonaba Quid pro quo...y lo poco que creía ya en ello.
Casi todas eran de antiguos amigos o amores extintos y se repetía la misma idea; no sabía mantener ni corresponder.
Buscó entre aquel lío de papel la carta de su abuela; la única en la que no habría reproches ni falta de comprensión. Era el tercer cumpleaños sin ella que se fue un invierno. Buscó y buscó tirando todo aquel amasijo de papeles carentes de verdad. No estaba. Recordó que no escribía, ni hablaba...sólo la miraba y se aferraba a su mano. Deseó sentir ese tacto, esa piel, su olor...pero sólo se vio envuelta por las palabras de quienes la habían dejado de llamar.
Tiene la certeza de que sobran las palabras.

4 comentarios:

José Luis Moreno-Ruiz dijo...

Felicitaciones y felicidades.
JL

Darío dijo...

Puede ser una pesadilla de Kafka...

Sara dijo...

Muchas gracias, José Luis. Te echaba de menos...

Darío, lo concebí más bien como un sueño...Gracias

Anónimo dijo...

felicidades virgo
Clara