miércoles, 16 de noviembre de 2011
Mal humor
Hace tiempo que quiero escribir sobre mí, pero sólo me sale escribir sobre ellas. Hace tiempo que deseo tener una aventura, pero no me conformo con vivirlas a través de ellas. Es insuficiente y poco satisfactorio. Si no puedo escribir sobre mí ni puedo tener aventuras satisfactorias, ¿qué coño hago intentando dejar de fumar?
martes, 15 de noviembre de 2011
Guerra.
Necesita hacerse fuerte, conseguir el temple de una monja, la serenidad de una sirena y el cinismo de un jeta; por eso lleva días viendo películas de época donde las mujeres ricas usan corsés y las pobres se los aprietan a la vez que aprietan también todas los dientes.
Recupera para la ocasión frases antaño guardadas de Las amistades peligrosas:
- Dime, querida ¿Cómo te vas adaptando al mundo?
- Educación conventual
- Lo principal es la virtud
- Amor y venganza, lo que vos preferís.
- Me parece degradante tener un marido como rival
- Creí que traición es vuestra palabra favorita; no, no, es crueldad, siempre me ha parecido mucho más noble
- Veremos si el chantaje surge más efecto que el soborno.
- La clave de la paradoja es una cierta debilidad de carácter.
- Os amo, os adoro.
- Sólo había sentido deseo, amor, jamás
- No es que quiera poseeros, sólo deseo mereceros
- Pasar de la exaltación al agotamiento una y otra vez
- A veces me pregunto como habéis conseguido inventaros a vos misma: no me ha quedado otro remedio, soy mujer
- Siempre he sabido que había nacido para dominar a vuestro sexo y vengar al mío
- Escuchar aquello que querían ocultar. Aprendí a sonreír mientras que me clavaba un tenedor por debajo de la mesa
- Vencer o morir
- Pedisteis obstáculos...
- Si hay algo que no puedo soportar es el disimulo.
- Cómo puedo rebajarme a ocupar la tibia posición de amigo
- La vergüenza es como el dolor; sólo se siente una vez
- Creo que está a un paso de la derrota: ya cierra los ojos
- Esperar que nos haga felices el amor, es causa segura de sufrimiento.
Y decide que pese a que se sienta derrotada...
viernes, 11 de noviembre de 2011
On y va.
Este texto trata sobre una mujer que idealiza los lugares efímeros y de paso. Sueña con vivir en un hotel y pasa largas tardes en el aeropuerto.
No sabe cuándo empezó esta afición ni porqué, pero recuerda un día que aburrida de todo decidió entrar en un hotel de preciosas vistas frente a la playa. Se dirigió a recepción y solicitó una habitación con vistas. Notó cómo el recepcionista buscaba su equipaje, y ella resolvió: “sólo me quedaré esta noche, estoy de paso”. Tras subir a su habitación, recorrerla con la mirada y con el tacto y darse una placentera ducha, bajó al restaurante y descubrió el piano bar. Pasó buena parte de la noche allí, imaginándose las vidas de todos aquellos que como ella vivieran la metáfora de la vida en un hotel. El pianista se le acercó para decirle que iban a cerrar, y ella sin poder evitarlo se echó a llorar. Es lo que tienen los lugares de paso.
Cierto día conducía su coche cuando se fijó en una bandada de pájaros que volaban lentos y formaban preciosas figuras en el cielo, gris aquel día. Sintiéndose parte de la bandada, dejó que fueran ellos quienes le marcasen el camino a seguir y cuando se dio cuenta, se hallaba cerca del aeropuerto. Aviones que llegaban y que se iban rompían la imagen de conjunto; inevitablemente habría alguna víctima entre la bandada: la ley de la selva subida al cielo. Entró en el aeropuerto y enseguida se sintió cómoda en aquel lugar de paso. Se sentó en una sala de espera y pasó largo rato mirando a aquellos que llegaban de destinos previamente anunciados. Se imaginó a sí misma portando un gran cartel que anunciara el nombre de aquello que esperaba y comenzó a impacientarse. Allí todo el mundo parecía saber a dónde iba y de dónde venía. Las preguntas filosóficas no tenían cabida en el aeropuerto. Decidió entonces seguir yendo hasta que supiera responder a las suyas. Y sentada allí, en aquel lugar de paso, se echó a llorar porque no sabía lo que esperaba.
Hoteles y aeropuertos eran la misma cara de una moneda. La cruz era la monotonía de los días transcurridos sin preguntas. Lugares de paso frente a lugares comunes.
sábado, 5 de noviembre de 2011
Et c'est moi.
Me revuelvo con medio cuerpo porque la otra mitad duele.
Es injusto que ni siquiera pueda tocarme; he de privarme hasta de mis propias manos.
Cuanto más me duele el cuerpo más me duelen las entrañas. No sé si mis entrañas empiezan en mi cabeza, pero creo que ahí dentro palpitan todas mis emociones. Las siento como redobles de tambores que hacen eco en mi pecho y mueren sordas en la barriga.
Doy la espalda y cierro los ojos y es ahí cuando lo veo claro: quiero volver al vientre materno de donde nunca debí haber salido. A ese retorno sólo puede ayudarme la química, y esa es una paradoja más en una mujer de letras que nunca ha sabido formular más que dispartes. Locura con freno. Belleza no aprehendida. Sensibilidad como tortura. Amor añorado, deseado, desconocido, leído, solo.
Gracias por este regalo, Sónico
jueves, 3 de noviembre de 2011
Une femme est une femme.
Cuando ella se volvió y le dio la espalda, él vio su costado curvo y tatuado, Sé tú mi límite. No había sentido nunca tal declaración de amor. Quiso abrazarla entonces, pero posó primero su mano sobre aquellas palabras hechas piel y creyó sentir la suya traspasada. No se atrevió a preguntarle por miedo a conocer la verdadera historia; tampoco quería perturbar su quietud convertida en magnífica pose. Tumbada de costado, desnuda, tapada por sus cabellos finos, sedosos, mostrando aquella frase como una letanía, expeliendo calor su piel, respirando sin cadencia. La quiso, la amó, la deseó...pero por encima de todo, la temió. No volvió a ver nunca a aquella mujer de verso tatuado. Demasiado peligro contenido en cuatro palabras escondidas sobre la piel, guardadas en el alma.
sábado, 29 de octubre de 2011
Bellas Artes
Una chica hace ruido al subir las escaleras del museo. Sus tacones resuenan con eco en las salas del viejo edificio. Asusta a unas mujeres que admiran a Magdalenas penitentes; provoca que una pareja: un hombre y una mujer, se agarren de la mano ante bodegones de naturaleza muerta. Despierta también la atención dormida de aquel hombre que miraba sin contemplación a la Diana Cazadora...en fin, un ruido que dentro del museo resultaba ciertamente desconcertante.
Aquella chica recorría el edificio explorando sus rincones, disfrutando del propio lugar que había sido elegido entre otros tantos para albergar belleza, arte. Se fijó en unas paredes con la pintura desconchada y se lamentó de que el cuadro que colgaba allí encima fuera el de una tormenta marina y no el de una espiritual. Viajó durante horas, durante siglos.
En su ascensión se topó con una ventana que miraba las entrañas de la ciudad; no supo si cerrar sus postigos porque los edificios daban sombra en vez de perspectiva.
Entró en todas las salas y se paró allí donde la emoción se hacía nudo en la garganta o la admiración se volvía necesidad. Pasó largo rato ante un retrato. Era un último retrato. No pudo evitar recordar a Dorian Gray y su afán por preservar la belleza de la juventud. Aquel último retrato era el de una mujer anciana, vieja, encorvada, medio calva; nariz afilada y ojos enterrados en sus cuencas, manos agarrotadas y gesto severo. El pintor lo llamó “Último retrato de mi madre” y ella pensó que la belleza se encuentra con la intención de la mirada. Se emocionó ante aquella elegía. Cuando se apartó de él estaba envuelta en recuerdos y presa de sensaciones. Ya no oía el eco de sus tacones sino el de su corazón.
Bajó los tres pisos del museo sin poder ver ninguna obra más y sin percatarse de que las mujeres que antes contemplaban a las Magdalenas admiraban ahora voluptuosos cuerpos desnudos, que la pareja se estaba mirando a los ojos con una escultura de hierro entre ellos; y sin percatarse de que aquel hombre la había estado siguiendo desde que sus tacones le advirtieron de la presencia de Diana Cazadora.
Bajó los tres pisos del museo sin poder ver ninguna obra más y sin percatarse de que las mujeres que antes contemplaban a las Magdalenas admiraban ahora voluptuosos cuerpos desnudos, que la pareja se estaba mirando a los ojos con una escultura de hierro entre ellos; y sin percatarse de que aquel hombre la había estado siguiendo desde que sus tacones le advirtieron de la presencia de Diana Cazadora.
lunes, 24 de octubre de 2011
De compras
Imaginen su impaciencia:
Ha ido a comprarse un libro que todavía no se ha publicado
Hay cierto toque ceremonial; se ha puesto guapa y nerviosa para tal menester. Y es que comprarse un libro supone toda una fiesta. Ya se imaginaba pasando ratos subyugada, riendo sola, mojando las páginas con lágrimas derramadas. Un festín. Pero todavía no se ha publicado.
¿Qué quería leer? Esa Literatura que evoca a Grecia, a la clásica y a la actual, a la de la tragedia. O ésa otra que te obliga a abrigarte soñando en ruso. O ésa que racionaliza magia o la que ella nunca llegará a escribir; la que dibuja imágenes de kimonos pintados a mano en lienzos de seda, o la que habla de granjas sudafricanas donde hay más sufrimiento que hambre. Una historia de amor, unos personajes complejos, unos niños que crecen, unos viejos que mueren...
Pero todavía no se ha publicado. Y el caso es que ya se ha escrito.
domingo, 23 de octubre de 2011
Ni puto caso
Balances y balanceos. Podría ser un nombre puesto a un momento vital, a su momento vital.
Tira de memoria buscando un recoveco amable donde guarecerse de un otoño que deviene nostálgico.
Ha pensado mucho en su intrahistoria y en lo que la espera extramuros; no sabe qué da más miedo.
Está construyendo su personaje y teme que éste la atrape inexorablemente. Debe deshacer el nudo y encontrar una salida de emergencia. Tiene que planear una fuga que sea o no sea fugaz. No puede ser una fuga carcelaria que recorra su submundo, porque se trata de saber caminar entre la luz. Está cogiendo impulso un día que el viento remueve las hojas que ante ella siempre están en blanco. Retos que todavía no están rotos; porque es pasión lo que palpita dentro de ella misma. Balances y balanceos.
miércoles, 19 de octubre de 2011
Matemáticas o ciencias exactas.
Uno de los problemas que tienen las mujeres como ella es que no saben nunca qué hacer porque siempre quieren quedar bien. No es que sean tontas, porque saben perfectamente lo que les conviene, pero es que piensan también en los demás. Es un lío.
Ella se llama Equis y nunca supo despejar ni despejarse. Equis siempre tiene problemas y no es de extrañar conociendo su nombre. Un nombre que se cruza con dos trazos, los mismos que la anulan y que la bloquean. Equis hará lo que deba; quizás sea más cómodo así. No es valiente ni prudente pero es como cuando decides meterte por la calle de en medio.
Por algo las mujeres como ella odian las ecuaciones.
domingo, 16 de octubre de 2011
Aguamarinas
Intentar ver el fondo del mar desde un acantilado le produjo un vértigo casi suicida. Pasear circunvalando las rocas de ese acantilado le provocó un mareo antipeninsular. Probar el jugo de una planta salvaje la envenenó; pero no lo suficiente como para mutar en otra, sólo lo justo para cambiar el color de su piel.
Si se pintan los paisajes con el ánimo, hoy tendría que haber dibujado un tríptico y colgarse luego de él.
domingo, 9 de octubre de 2011
Stendhal.
En la oscuridad no se crea mejor. En la oscuridad celebras ver la cola de una estrella fugaz y piensas que será por algo.
A las niñas que se abrigan de rojo les da miedo que caiga la noche y que pese demasiado. Llaman a sus madres, asustadas desde la cama y les piden que se acuesten junto a ellas.
A las chicas que se pintan los labios con carmín les da miedo también que llegue la noche y las encuentre solas. Llaman a cualquier número que sólo es capaz de recordar la memoria del teléfono. También piden que se acuesten junto? a ellas.
A las mujeres que reservan el rojo para ocasiones especiales les aterra la oscuridad que impide que se distingan los colores.
martes, 4 de octubre de 2011
De reproches
Y ahora dime que no soy romántica.
Si sólo quiero que me bese entre líneas, inspirar(me) versos, recorrer(me) como las páginas de ese libro, soñar(me) en la fantasía de las tapas del libro que reposa en su mesita de noche.
Resulta que no podía ser romántica porque anteponía el "yo". Quizás posponiendo el "me", (me) piense diferente.
¿Qué más (me/le) da ya??
domingo, 2 de octubre de 2011
Primera persona, singular
Si supiera jugar con mi emociones. Utilizarlas para crear o para vivir; pero son ellas las causantes de mi parálisis. Los locos siempre culpamos a cualquiera de nuestros males o de nuestras paranoias. Nunca está en nosotros el origen o la culpa o la responsabilidad. Hace tiempo que juego a hacer canciones con mis obsesiones, y hasta eso lo he convertido ya en una obsesión.Me encuentro mal, me siento encerrada, no grito. Sólo rumio. Las mañanas son críticas para un loco, pero no lo son menos los cambios de estación. Aquí el tiempo se ha empeñado en cambiar del todo, ya que ha llegado el verano justo cuando yo he ido a comprarme una boina parisina; es negra y tiene dos plumas. Viajo hasta los años cincuenta con ella puesta y pienso qué tipo de mujer sería entonces. Pienso también qué tipo de hombres habría entonces. Me he comprado también un pañuelo lleno de flecos. Lo he llamado la crin de caballo. He sido muy feliz en el hipódromo y sin haber montado nunca en un caballo. Esta frase me lleva al terreno sexual. He recuperado una activad cuasi olvidada, pero con el cambio de estación también toca cambiar la marcha. Y yo que me alegro. Muy pocas cosas dignas de ser contadas ni novelándolas. La única novedad es que me he descarado cuando no lo han hecho bien y lo he dicho con la sutileza que me caracteriza. Por lo demás, todo como siempre. Huyen de mí. Sigo sin saber cuál es la imagen que proyecto, porque juro que mi locura sólo te la muestro a ti. Y por eso hoy te escribo, y lo hago antes de ponerme a fregar. Cualquier día normal, no fregaría, leería. Pero el cambio de estación me está trastornando. El domingo pasado he lavado el coche. Cualquier día me da por cocinar...
Siempre que me abro me ocurre lo mismo: primero siento bienestar por poder mostrarme cómo soy, pero luego me siento fatal por eso mismo. Estoy pensando ir al psicólogo. Confío en que si pago pueda obtener un poco de calidad de vida. Lo que no quiero es psicoanálisis; ya me he dicho mi madre que mi forma de ser no gusta. Punto. Axioma que explica todo mi presente. También me ha dicho que me adora. Punto. Exceso de protección y dependencia, cordón umbilical no cortado. Mi padre que dice que no entiende lo que escribo. Punto. Falta de entendimiento, comunicación y aprobación paterna. Qué coño de psicoanálisis. Si ése es el problema de los locos, que nos psicoanalizamos sin parar.
Yo lo que quiero es respirar, dormir y dejar de obsesionarme con todo. Quiero poder relajarme y ser yo. Y me encantaría poder gustar siendo yo y sin que eso provoque víctimas.
Sigo extrañando mucho a mi abuela, aunque no lo escriba ya. Quizá hoy vea nuestras fotos. El otro día abracé a una de sus amigas y fue como abrazarla a ella, tan flaquina. Cómo la echo de menos. Para ella yo era buena, por eso me protegía tanto.
Gracias por el desahogo.
domingo, 25 de septiembre de 2011
Bellum-i-a.
El arte de la guerra se basa en el engaño. Por lo tanto, cuando se es capaz de atacar,se ha de aparentar incapacidad; cuando las tropas se mueven, aparentar inactividad. Si está cerca del enemigo, ha de hacerle creer que está lejos; si está lejos, aparentar que se está cerca.
Así lo ha dejado escrito Sun Tzu en El Arte de la guerra, un auténtico tratado sobre estrategias. Porque de estrategias va hoy esto y porque de estrategias va siempre todo.
Pongamos el ejemplo de una luchadora de esgrima cuyo destino original era la lucha libre pero que se dejó tentar por las armas. Nuestra protagonista es alta, ágil,fuerte y espigada pero se siente insegura. Sabe que debe utilizar estrategias pero acaba mostrándose en la lucha tal cual es: impulsiva, sensible, obsesiva...Su impaciencia la lleva a perder combates y su frontalidad, lejos de desarmar al rival, le otorga la seguridad de saber cuáles son los puntos débiles donde atacar y cómo será su reacción posterior. Esta protagonista sabe que debería emplear una táctica, tener una estrategia, pero su naturaleza se lo impide, y luchar contra natura es la única batalla perdida. Así que vuelve a empuñar el florete, a cubrirse con la careta y a calzarse las medias sabiendo que el combate estará seguramente perdido, pero ilusionada ante la proximidad de un nuevo combate.
Ganar está muy unido a quererse y nuestra protagonista pierde el siguiente combate. No se acostumbra a las derrotas porque nunca piensa que perderá cuando comienza el duelo. Esta vez no se ha dado cuenta de la estrategia del rival: la ha dejado confiarse, ha adulado su juego antes de la lucha, le ha dado unas alas que luego ha cortado sin piedad dejándola herida.
Su traje blanco, compuesto por pantalón y chaquetilla, empieza a teñirse de rojo. El rival, asustado, le pregunta si no ha usado protección, si no ha tenido esa prudencia. Ella no puede hablar porque la vergüenza se lo impide. Todos pensarán que es una inexperta, una ingenua. Sólo ella sabe que lo que no tiene son estrategias. Que prefiere resultar dañada a fingir ser quién no es.
Cualquier día la matarán.
Cualquier día la matarán.
lunes, 19 de septiembre de 2011
Posibles confesiones en El Retiro
Nunca le han pedido perdón. Y mira que le duelen las cosas. Ella está harta de hacerlo y de dar la cara para que se la partan. Sabe que no lo hace todo bien y se arrepiente de sus errores y a veces hasta de sus aciertos. Pero nunca nadie le ha pedido perdón. Piensa que si eso sucediese, sería ella la que acabara disculpándose ante el clemente por aquello de la falta de soberbia. Porque para lo que algunos es defecto, se torna virtud para ella. Orgullo, soberbia, vanidad, inconsciencia...Es morena y no quiere ser rubia, pero sí quiere orgullo, soberbia, vanidad, inconsciencia...
Qué rabia le da ser inteligente y ser tan tonta.
Es una cucaracha de Kafka.
Demasiada sensibilidad que acabará matándola. Hiperestesia le dijeron que padecía el amor de Juan Ramón Jiménez, de nombre Zenobia. Ya en el instituto supo de su muerte. Ya en el instituto probó su sufrimiento. Es un problema de las guapas: no pueden ser buenas; nadie se las cree.
Una protagonista más venida aquí y cargada de frustraciones y angustias. Todas llaman a mi puerta, y a todas invito a pasar. Me gusta quererlas y disfruto también lamiendo sus heridas, que son las mías. Alivia un poco. La mujer de hoy se llama Zenobia, pero es una de las mujeres más niñas que han pasado por aquí. Llora porque nadie le pide perdón ni se disculpa con ella. Llora de rabia. Lloran sus ojos negros, avergonzados. Se vuelve pequeña en su arrepentimiento y pierde la fuerza mascándola entre sus dientes. Le preocupa sacar su parte animal porque siempre que lo hace acaba pidiendo perdón; pesa mucho la carga cerebral. Le divierte sacar su parte animal y le encantaría poder decir "que se jodan los feos" aunque luego tenga que pedir perdón.
jueves, 15 de septiembre de 2011
Disgrace, que no de Coetzee
Ay...
¿Por qué suspiras?
Ay......No pienses que siempre tengo palabras para todo; a veces, sólo tengo sonidos, dolores, angustias...
¿Nunca tienes alegrías?
Ay, claro que hay; pero...
¿Eres más feliz sintiendo así?
¿Me llamas trágica?
No me respondas con una pregunta. Dime, ¿te nutres con tus penas?
Ay...no tengo fuelle. ¿No ves que lo doy todo, que me entrego a fuego?
¿Lo haces para vaciarte?
No sé hacerlo de otra manera...
Eso es mentira: a mí me das lo justo, lo mínimo
Son mis miedos, entiéndeme...soy horrible, no quiero que me veas
Quieres quedarte sola con tus mierdas y machacarte, y ser así un personaje de novela. No digo que te falte entidad, pero a mí me faltan ganas de aguantarte. Prefieres ver porno que hacer el amor conmigo. Prefieres llorar sola a reirte con amigos, prefieres escribirle que hablarme, prefieres encerrarte y luego sales a lucirte...
Lo siento, NO PUEDO EVITARLO. Pero....te quiero.
Mentira.
domingo, 11 de septiembre de 2011
Vínculo
Madi Ju
La precisión de las palabras.
Algunas son realmente elocuentes y consiguen, como el buen poeta, expresar realidades universales aunque sean sentidas por individuos individuales.
El sonido de las palabras.
Algunas abaten con su sonoridad: frustración, abandono, mediocridad...Otras parecen silbar en vez de sonar; son preciosas pero de significado duro: apatía, soledad, éxodo...
La profundidad de las palabras.
Algunas están vacías: casuística, priorizar...
A ella le gustan las bellas y eficaces; por eso vínculo es una de sus favoritas.
Abrió su abanico y pensó que quizás sería más preciso y precioso el lenguaje de los abanicos que el de las palabras. ¿Cómo se podría expresar con un abanico que se establecía un vínculo?
Aquella tarde estaba más cerca del otoño que del verano, pero el calor se empañaba en acompañarlos. Sentados en la terraza de un café miraba ella a los patos del estanque, se fijaba él en los pavos reales. Observaban a los animales, se olvidaban de sí mismos. Otras veces se sentaban en los parques mirando a los niños. Si lograban entender el comportamiento de los otros puede que llegaran a entenderse. Se abanicó con fuerza ella, le molestó a él. Colocó luego el abanico al lado de sus gafas, medio apoyado sobre ellas, como queriendo recostarse o yacer juntos. Con un gesto brusco cogió él las gafas tirando el abanico al suelo. Ella se dio cuenta de lo fácil que era romper un vínculo. Indiferente, se puso él a leer la prensa, sin ni siquiera comentarle los titulares. El abanico yacía ahora en el suelo; el vínculo se había roto. Los patos se habían desbandado y ya no sabía distinguir el sexo de los pavos reales. Soledad ya no era sólo una palabra que silbara; pasaba a engrosar la lista de las que abatían por su sonoridad.
Precisión, sonido, profundidad, belleza y eficacia; requisitos del lenguaje de las palabras y presentes también en el simbólico de su abanico.
Aquella tarde se levantaron para volver a casa y caminaron silenciosos sin volver la vista atrás. El abanico yació para siempre inerte en el suelo; puede que sirviera de juguete picoteado a los pavos reales del parque.
domingo, 4 de septiembre de 2011
Tacones lejanos
Nathalie Doust
Candela Escorzo había oído hablar de la caja torácica y decidió que la suya fuese una caja fuerte. Desde siempre se había sentido fascinada por estos artilugios llegando una vez a contratar los servicios de una en una sucursal bancaria.El día que lo hizo se preparó a conciencia: americana blanca ceñida al cuerpo, falda negra ceñida al alma, tacones lejanos. Se maquilló de manera ligera y recordó a Sharon Stone. Sabía que estaba jugando a las películas, pero era verdad que necesitaba custodiar ciertos recuerdos bajo caja fuerte. Llegó al banco, esperó impaciente su turno para hablar con el director mientras imaginaba que todos aquéllos que estaban delante de ella rogaban por hipotecas, créditos o embargos. Se juró nunca rogar en un banco. Llegó su turno. Se sentó mientras el director la miraba atento y cruzó sus piernas con cierta dificultad; demasiado largas para una silla tan pegada a una mesa. Sin presentarse la comenzó llamando por su nombre, sin saber ella cómo dirigirse a él. Candela habló rápido, fue directa, concisa y se expresó con suma claridad. Le quitó toda la literatura a un acto como aquél que se convirtió en pura matemática de cifras desnudas. La condujo luego por los pasillos del local hasta llegar a una sala acorazada que parecía prometer los tesoros de alibabá. Lejos del cuento, una vez más, se encontró dentro con taquillas aceradas en forma de cajón. Un tanto perpleja le preguntó al director si eso eran las cajas fuertes a lo que él le dijo que sí y que si había algún problema. Candela se quedó callada pensando que sus recuerdos tenían una mayor dimensión. Desilusionada, guardó en la caja un paquete de cigarrillos una vez que se quedó allí sola y salió cabizbaja ante la mirada del director.
No había lugar donde guardar sus recuerdos.
jueves, 1 de septiembre de 2011
Fondo y forma
Michio Yamauchi
Hoy se ha vestido de blanco pese a que como casi siempre lo que le apetecía era negro. Hoy se ha recogido el cabello en un moño a pesar de llegarle hasta la cintura. Hoy ha maquillado sus ojos aunque refulgían chinos. Ha sonreído imparable para no mostrar amargura y casi no ha hablado para no delatarse. En ella los casis son mentira, porque tiene una rotundidad que anula cualquier medianía.
También tiene secretos que se esfuerza en ocultar por lo que a veces los grita dentro de cavidades que luego tapa con esmero. A veces los secretos fosilizan dentro y se endurecen, pero nunca se pudren; sólo pierden vigencia. Hoy en vez de secretos ha contado mentiras que en ella son palabras antónimas.
Hoy tiene motivos para ser feliz y eso no sabe si es un secreto o una mentira.
Hoy se ha vestido de blanco pese a que como casi siempre lo que le apetecía era negro. Hoy se ha recogido el cabello en un moño a pesar de llegarle hasta la cintura. Hoy ha maquillado sus ojos aunque refulgían chinos. Ha sonreído imparable para no mostrar amargura y casi no ha hablado para no delatarse. En ella los casis son mentira, porque tiene una rotundidad que anula cualquier medianía.
También tiene secretos que se esfuerza en ocultar por lo que a veces los grita dentro de cavidades que luego tapa con esmero. A veces los secretos fosilizan dentro y se endurecen, pero nunca se pudren; sólo pierden vigencia. Hoy en vez de secretos ha contado mentiras que en ella son palabras antónimas.
Hoy tiene motivos para ser feliz y eso no sabe si es un secreto o una mentira.
domingo, 28 de agosto de 2011
28 de diciembre
El broche final a sus vacaciones lo puso una broma.
Y no se trata del fin de las mismas...
A todas las víctimas les iguala su sentido de culpabilidad o responsabilidad al principio y tras el ataque. A la víctima de una broma también le ocurre. Ella se sintió avergonzada por su inocencia o credulidad al mismo tiempo que se sintió vulnerable por haber sido la elegida, la presa fácil.
Y fácil es enlazar el tema de las bromas con el de la venganza porque es instintivo tras una. Pocas novelas lo hacen porque los conflictos no suelen presentarse en formato broma. Restaría entidad, por ejemplo, a las tragedias griegas: ¿el Oráculo de Delfos bromeando sobre el parricidio y el incesto?
O desharía la tensión de cualquier novela negra: sabemos que el que quiere matar, mata; no bromea.
En una romántica nos parecería igual de cruel: el engaño cabe y da enjundia, la broma sobra por soez. Digamos que engañar es poético, mentir es inteligente y bromear puede llegar a ser demasiado cruel, porque al lector le gusta sentirse de todo menos estafado. Solucionar un conflicto con la respuesta no acertada de “era broma” es como hacerlo con “...y al final sonó el despertador y se dio cuenta de que todo era un sueño”. Soluciones fáciles que a nadie convencen.
Hace ya tiempo que sabe que su vida no es una novela y tampoco ella un personaje. Hace ya tiempo que en su vida no hay poesía; así que no debería extrañarse de ser la víctima de una broma. Parece una palabra pequeña, esa de broma, pero entraña otras de las grandes: manipulación, burla, crueldad, vacío, desazón...Porque una vez asimilada la farsa, toca reponerse del susto y una vez repuesta del susto, toca levantarse otra vez.
Tras haber sufrido una broma pesada no se ha resquebrajado su sentido del humor, si acaso un poco sus nervios. Lo mismo le habría pasado al padre de Edipo si tras ordenar su muerte se entera de que el Oráculo de Delfos bromeaba, o a la víctima que desespera en una cabaña oculta en el bosque si tras horas de suspense entra el asesino sonriendo y diciéndole que todo era broma.
Bromas y literatura no casan definitivamente.
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