domingo, 26 de diciembre de 2010

L'inspiration



La llamó musa, le dijo que su belleza era digna de ser exhibida, que nada en ella era casual, pero que todo parecía serlo. Le creó poemas, la dibujó, la elevó a los altares. La hizo diosa, sacrificó horas para ella, cortó flores, hizo ramos. Sufrió desvelos, se le cerró el apetito, tembló incluso de emoción. Nunca fue capaz de reír al verla, sentía la parálisis, la hemiplejia, la eyaculación interrumpida. Soñó con su rostro, con su gesto. Se ilusionó con su imagen, fantaseó con su deseo.
Padeció de idolatría; no se trató con el desdén de su mirada. Quiso contagiarla, inocularla, sólo tocarla. Alcanzó el roce de su piel, el fugaz perfume tras su paso, la leve brisa de sus andares.

Pequeños tesoros para el buscador.


1 comentario:

Mariette dijo...

Lo de ser musa es horrible si no eres capaz de mostrar indiferencia.


Siguiendo con Vitalic, muuucho mejor la de Extremoduro!