jueves, 2 de diciembre de 2010

Cabrée



Necesitaría ir a la compra, me falta un poco de orgullo.

También, de la que voy, me pararía por un poco de seguridad para aliñar una conciencia inquieta que se preocupa por todo.

Si vendiesen corazas, compraría una también, porque la mía se va desgastando.

Creo que alguien me está escondiendo las máscaras, porque ya son varios los días que salgo sin ellas a la calle.

No tengo el don de la palabra oportuna en el momento oportuno, así que tendré que comprar reflejos para cuando me noquean los que atacan diciendo no querer atacar.

Supongo que todo lo que me falta no se puede comprar.

Y me dicen que me sobra sensibilidad, susceptibilidad, mal genio...

Una joya





2 comentarios:

Agustín Ostos Robina dijo...

Me gustan las corazas y las máscaras para sitios llenos de hostilidad... vaya: el mundo. La vida en sí misma es la peor de las envenenadas flechas. A mí, hace tiempo que la coraza se me juntón con la piel y ahora es un injerto con el duermo, me ducho y todo de todo. Solo los que intentan atacar y ven que no caigo, se percatan de que algo llevo.
Saludos

Sara dijo...

Bienvenido al Club de la lucha.