jueves, 23 de diciembre de 2010

Le tunnel



Cuando ella abrió sus piernas, él entró en el túnel. Se sintió atrapado y entendió que no había ni posible vuelta atrás ni escapatoria posible. A veces había fantaseado con morir así, entre sus piernas, pero ahora que estaba allí sintió por vez primera la certeza de la muerte. Esa misma tarde la vio cruzar las piernas y la fascinación le perseguía desde ese momento. Ella no se percató del profundo impacto que le provocó. Se pasó el resto de la tarde sumido en el silencio y trastornado de pasión. Una y otra vez se le repetían esas piernas entreabriéndose; intuía el calor que desprenderían los muslos, la suavidad de la piel, el gusto delicioso...No sabía cómo la conseguiría y su mente estaba nublada de deseo. Los minutos corrían, y se acercaba la hora de salida. LLevaban dos semanas trabajando juntos en la biblioteca. Desde que la vio aparecer le turbó su figura, tan esbelta y elegante. Realmente parecía una bailarina rusa. Era también su frialdad disfrazada de timidez la que hacía crecer esa percepción. Se solía perder por los pasillos y cuando él iba en su busca, la encontraba sentada en uno de los ventales con algún libro de poemas entre las manos y los ojos brillando de emoción. Cuando ella lo veía, ni se inmutaba; levantaba la vista del libro y volvía a él con la tranquilidad que no mostraban sus ojos. Con los lectores era distante, apenas palabras. Con él era igual de silenciosa, hermosa. No se le ocurrió otra cosa que citarla en su casa a través de una nota escrita en su marcapáginas: venga, por favor, se lo suplico...(así terminaba). LLegó puntual y entró como brisa gélida. Tomaron una copa de vino tinto y cuando la terminó, pidió uno blanco. Su voz estaba rasgada. No se relajó en ningún momento. Después del blanco quiso volver al tinto. No le preguntó nada en ningún momento. Terminadas las dos botellas se permitió una sonrisa mientras muy lentamente iba bajando sus finas medias de cristal.

Cuando abrió las piernas, él entró en el tunel que llevaba a la auténtica muerte dulce y dolorosa a un tiempo, la del placer.




4 comentarios:

claudia dijo...

Yo conocía más la timidez disfrazada de frialdad, lo contrario es mucho más perverso.

Mariette dijo...

Estupendo. Es estupendo, te lo digo en serio.


En otro orden de cosas, he estado revisando tu blog. No me cuadra la canción de Vitalic "My friend Dario". Es tremendamente insoportable.

Nietzsche dijo...

Cómo puede llegar a obsesionar un cruce de piernas, una mirada fugaz. Cuántos gemelos y muslos recorridos con la mente.
Eres muy buena describiendo lo que a cualquiera atraparía.

Sara dijo...

Claudia, sí, perversidad, perversión...me gusta.

Mariette, gracias.
A mí la canción me resulta divertida y apropiada al texto. De todas formas he de decirte que fue segunda opción. Primero aparecía una de Extremoduro, del disco Yo, minoría absoluta. Te agradezco que te fijes en la música, parte tan fundamental como el texto o la imagen.

Nietzche, gracias. Sólo soy observaDora y sensible a la belleza y sugestión.

Una vez más, gracias por pasaros y comentar.