viernes, 10 de junio de 2011

Heterosexual





No le resulta fácil como mujer ponerse en la piel de un hombre, más que nada porque ha sentido cómo muchos se la han rasgado, marcando así no sólo su cuerpo sino también su vida.
Sherezade disfrazada moviéndose como un hombre por las calles de Bagdad, cofrades bajo capirucho escondiendo su femineidad, burkas, maquillaje...capas y capas que esconden una piel quizás más suave pero sin duda también resistente.
Hoy ella jugó a ser él, y lo primero que hizo fue pensar en cómo se comportaría con ellas, con todas; porque si de algo estaba segura siendo él, es que habría muchas ellas en su vida. Si ya siendo mujer se sentía seducida por la mirada de muchas, por la melena, por la sonrisa, por el cruce de piernas...o se quedaba prendada de un vestido, de unos andares o de la caída de una blusa sobre la piel; siendo hombre suponía que la afición se tornaría en obsesión. La belleza de las mujeres, en todos sus rituales, elevaba la mera observación a categoría artística.
No dependía de factores sincrónicos, de modas o tendencias; era algo esencial, algo intrínseco codificado en la piel.
Jugando a ser Él, paseaba por la calle fijando su mirada en los ojos de todas las mujeres con las que se cruzaba. Topó con algunos limpios, con otros camuflados bajo capas de rímel negro, con ojos miopes tras gafas de pasta, con ojos abiertos que no veían nada, y con los suyos...Los de ella eran de mora, o de china, o de gitana; eran raza. Parecían dibujados por un trazo firme, diseñados en época de cánones. Eran grandes para su cara, que era linda, de niña. Ella se movía con paso marcial y sus caderas ondulaban compases de valses o ritmos latinos; porque en ella había contradicción, había verdad. No vio a una mujer escondida tras inseguridades, transfigurada apenas por artificios. Pero vio a una mujer que seguro que tenía miedos, porque la belleza que irradia de la verdad es pura virtud.
Sólo pudo seguirla por varias calles atestadas de gente con prisa que no se para ante lo que a ella siendo ella o siendo él, la paraliza...y no olvidó su rastro de belleza, de virtud, de verdad imposible de ocultar

6 comentarios:

Ricardo Miñana dijo...

Escribes muy bien tus relatos.
es un grato placer leerte.
Que disfrutes el fin de semana.
un abrazo.

Mariette dijo...

Las chicas molamos más.

F. dijo...

Yo creo que si siendo mujer se quedaba prendada de las melenas y andares de las mujeres, siendo hombre se quedaría igual.... de obsesionado, no más. Porque estar prendado de las mujeres no es algo que tenga que ver con ser hombre o mujer...sino por ambos jaajajaj

muy bonito

kynikos dijo...

qué dificil no enamorarse de cada una de ellas, cada entrada.

FOLIE dijo...

Somos demasiado fetichistas con nosotras mismas. Con las iguales, con nuestro propio cuerpo, con las ellas de nuestras fantasías escondidas. Y demasiado objeto de admiración (porque todas hemos querido ser esa ella enigmática y sensual que se te perdió entre las calles).
Me da la impresión a veces de que mi heterosexualidad se sustenta también en fijarme en mujeres (digámosles femeninas o curvosas), aquéllas que no esconden un hombre bajo la piel.
No sé.

Un beso grande, Sarísima.

javier dijo...

Se acerca el verano. Espero que no caigas en la tentación de cerrar por vacaciones para dedicarte exclusivamente a la contemplación de belleza y de virtudes.
Muy bueno.