martes, 24 de agosto de 2010

Bon anniversaire



Hoy es el trigésimo segundo cumpleaños de Sara, y por primera vez voy a ser yo quien escriba. No sé si escribir sobre ella o si seguir haciéndolo sobre mí, pero he pensado que le gustaría este detalle. Normalmente no leo lo que escribe porque ya se encarga ella misma de contármelo con profusión de detalles. Además me asusta leer algo que no me guste. Espero que con sus textos aparezca una sonrisa, ya que en mi vida hay momentos muy cómicos. Supongo que otras veces aparecerá una mueca de tristeza o de hartazgo (como la vida misma).
Compartimos muchas cosas. Ella quiere practicar su francés, y le viene genial que yo no pare de hablarle de todo. Supongo que lo que más nos une es nuestra sensibilidad extrema que nos hace disfrutar y sufrir con casi todo. Seguro que hoy que es su cumpleaños estará hecha polvo, y no sólo por lo del inexorable paso del tiempo sino porque también se le hará interminable el día de hoy(esperará llamadas que no llegan, llegarán otras que la incomoden, compromisos difíciles de eludir, compromisos eludidos con facilidad, ausencias que hoy se le clavarán en la barriga, presencias que ausentarán su buen humor...)
Luego habla de mí, pero somos tal para cual.
También ella me contó un día que hace tiempo tenía una amiga, de ésas que se quedan por el camino, que le decía que era su otro yo. A Sara eso le fascinaba. Yo creo que era porque al no tener hermanos nunca tuvo un reflejo de sí misma en nadie. No voy a decir que yo la sienta así, como mi alter ego, pero diré algo que ella recibirá como un regalo, y es que la siento como a una hermana. Cuando hablamos, es como si compartiéramos habitación, cama con cama, liberándonos de cualquier incomodidad. Me encanta cómo fija su mirada en mí, intentando entrar dentro de mis pupilas, cómo me pregunta sin tregua, y cómo me escucha con tal atención que no se le escapa ni el más mínimo detalle.
Sé que al escribir, mezcla cosas suyas y mías, pero también yo al comprender lo que me cuenta uso ese mecanismo: primero lo paso por mi experiencia y visión de las cosas.
Seguiremos conociéndonos a través de todo lo que hagamos, digamos, leamos, escuchemos, toquemos, soñemos...
No quiero descubrir más de ella, que sé que le aterra. Qué tonta! pero teme que eso la haga vulnerable (más) y yo la entiendo.
Mejor que se me conozca a mí, que tengo residencia en París y como seguro que ya sabéis, no me prodigo mucho.

Quid pro quo
Dora.





Porque sé que te gusta, que te enerva...

2 comentarios:

Cova dijo...

Felicidades Sara!!!!
No logro hacerme una idea de como hubiera sido mi vida sin hermanos,para mi son muy importantes..pero también lo son esos amigos que te escuchan y que te cuentan..que se preocupan y se alegran...y los PADRES,que no sólo están ahí siempre,pase lo que pase,además te abrigan y aconsejan y de vez en cuando,supongo que cuando lo mereces,te dan un pellizco para que espabiles
Un besote y un tirón de orejas

Sara dijo...

Gracias Cova.
He vivido bastante mal lo de ser hija única, y creo que todavía no me he acostumbrado ni pierdo la esperanza.
Por suerte, viví con mi abuela que hizo las veces de hermana, especialemte en juegos y peleas. Ahora estoy un poco más sola, aun si cabe. Espero que cumplir años me sirva para madurar no sólo por fuera.
Tus hermanos también son importantes para mí.
Sois un buen trío y me alegra conoceros.
Un besazo y gracias.