sábado, 14 de agosto de 2010

Naufrages

Se fijó en aquella pareja que sentados frente a frente, mientras ella hacía girar su taza removiendo el contenido de la misma; él se dedicaba a apurarla tragándose hasta la última gota.
Parecía que quisiese ella encontrar respuestas en el reposo del café, y que quisiera él terminar rápido con aquellas preguntas de forma líquida.
Se descubrió a sí misma girando la cucharilla de forma rítmica y monótona mientras espiaba el comportamiento de aquella pareja. Bebió un sorbo de té y también comenzó a girar la taza como queriendo marearlo o como queriendo imprimirle ritmo. Le habían echado canela en polvo y no conseguía diluirla; la prefería en rama. Ver cómo flotaba le recordaba a los troncos naúfragos en las corrientes.
Cuando levantó la mirada, la extraña pareja se había marchado. Giró rápidamente la mirada, y llegó a tiempo de verlos en la calle. Parecían discutir. La cara de ella era de profunda decepción, de hastío. La de él emanaba tristeza. Pero el movimiento de sus manos y la actitud de sus cuerpos indicaban la discusión. A los pocos segundos se separaron y cada uno tomó una dirección.
Dora abrió el periódico al azar por una pág ina cualquiera; pasó la vista por los aciagos titulares y recaló en una fotografía. En ella aparecía la extraña pareja. Enterraban a su hija de cuatro años, muerta en el accidente de coche que tuvieron días antes. La noticia narraba todo tipo de detalles sobre el accidente y el funeral. Lo que no decía es que no sólo habían enterrado a su hija, sino que también el amor yacía bajo aquella tierra.
Dora quiso salir corriendo del café y llegar a la esquina donde confluyesen los caminos que tomaron, donde podían chocar el uno con la otra, de tal manera que tuviesen que abrazarse para no caerse; donde se tuviesen que volver a mirar a los ojos para ver que la unión la hace la fuerza contra la caída.
A Dora le invadió una profunda tristeza y cuando volvió a tomar un sorbo del té, no sólo se había quedado helado sino que también el polvo de la canela se había sumergido.

1 comentario:

javier dijo...

Me sobrecoge esta nueva versión de enterra-DORA. Prefiero la de aquella dulce y maquiavélica encanta-DORA, provoca-DORA, arrolla-DORA, ...