domingo, 5 de septiembre de 2010

Folie


Hablando de genes...¿Por qué los malos tienen tanta fuerza que perduran generación tras generación haciéndose incluso la marca de la casa, la denominación de origen?

Cuando se dice que todo se hereda menos la hermosura, Dora supone que se refieren a eso.

¿Qué hace que lo malo se traspase con tanta facilidad y toque a casi todos los implicados, y lo bueno sea sólo la fortuna de unos pocos elegidos?

Contra ese tipo de determinismo, ¿se puede hacer algo?

En su familia paterna había un mal y desgraciadamente lo sigue habiendo. Pocos eran los que perteneciendo a esa rama no estaban tocados, y ella creía que lo que pasaba es que lo disimulaban, no que no lo padecieran; porque mientras uno es joven se disimula todo mejor.

Y porque la locura en un joven incluso es atractiva.

El problema se acentúa cuando nos vamos haciendo mayores.

Y además no es sólo el problema de uno, sino de todos los que lo rodean.

Cuando mira los ojos de su abuelo, o los de su padre, no teme su locura; teme su propio interior palpitante.

La palabra "control" se torna obsesión, y sólo se permite perderlo por rachas.

Se autoimpone un control sobre su cuerpo y mente digno de un asceta o de un espartano.

Las barreras de contención están a punto de ceder.

Y tiene miedo, porque le asusta mucho de dónde viene y a dónde puede llegar.

Por suerte no cree demasiado en los determinismos, pero por desgracia sí en la fatalidad.




6 comentarios:

javier dijo...

La locura es otro de los inventos de esta sociedad judeocristiana que trata de castrar nuestros deseos y nuestros pálpitos.

La verdadera locura es la automutilación del pensamiento, la inhibición de nuestras conductas y el sometimiento a las normas. Y es ,además, una locura imperdonable.

Ha llegado el momento de autoproclamarnos locos antes de que otros lo hagan por nosotros, pero locos de pasión. Que nuestra locura no sea un estigma sino una dicha.

FOLIE dijo...

No todo lo que heredamos está en los genes, también se imitan y reproducen fielmente maneras de sentir, comportamientos, afrontamientos vitales, maneras de comunicar o de no hacerlo, manías y fobias... Son aprendizajes cruciales que seguro no nos parecen tan subyugados por el determinismo genético, aunque habría que estar muy pendiente si no los queremos repetir, pues pueden ser mucho más perversos.
En cada familia hay secretos y tabúes, sombras amenazantes. La locura forma parte del ser humano (que levante la mano quien esté cuerdo), pero siempre parece que los demás vinieron con menos defectos de fábrica que nosotros. La otra locura, la más enferma, la que me gusta denominar Sufrimiento, está regida por tal multitud de factores que no cabe el determinismo tampoco (al menos no se ha descubierto).
Dora podría aferrarse, cuando sienta miedo, a la mitad de su código genético, al que le transmitió su madre, y condimentar con la otra mitad los días que se vuelvan demasiado cuerdos.

javier dijo...

Para ser artista hay que estar un poco loco. Ole tu arte.

FOLIE dijo...

Querría añadir una curiosidad más de la locura (en realidad podría perderme hablando de este tema... ya que soy Folie...):

A los que se saben locos les ofende ese adjetivo. A los que pretendemos serlo nos enorgullece.

Qué vida loca ésta...

Sara dijo...

Mal de muchos...
Gracias por vuestras palabras.

Nietzsche dijo...

Modernizando las palabras de Shakespeare: La genética es la que baraja las cartas, pero nosotros somos los que jugamos.

La locura significa que te ha tocado un comodín. Para nada implica una mano peor, simplemente será mucho más interesante. Algunos, ante tantas posibilidades de juego, tuvieron que tirar los naipes. Otros hicieron mesa limpia gracias a esa carta.

Juguemos.