domingo, 26 de septiembre de 2010

Quelle coïncidence




LLoraba cuando pensaba que no volvería a ver a aquel hombre que había amado.

Dando una vuelta en autobús se encontró frente a aquel edificio en el que había gozado haciendo el amor cuando a los 17 años ya pensaba que los placeres carnales no habían sido creados para ella.

Ya en aquellos tiempos se imaginaba que sólo podría llegar a enamorarse de aquél que la hiciera disfrutar de amor.

Encontró sin quererlo un denominador común entre aquel chico de sus 17 que tanto la hizo llorar y aquél último de sus 30 que ídem de lo mismo. Con ellos se había reconciliado con el sexo.

Desde la ventana del autobús miraba aquella ventana de una casa que distaba apenas 15 minutos de la suya y recordó aquélla otra en la que también había amado a 1000 kilómetros.

No volvería a ver a aquél del que le separaba tierra por el medio igual que no había vuelto a ver a aquél que había sido su vecino.

Si Dora fuese una persona positiva y optimista vería en la no visión una ventaja para ayudar al olvido. Pero Dora no sólo no es así sino que además es romántica y sentimental, y siente dolor al pensar en no volver a cruzarse nunca con la cara y la mirada de aquél que un día la hizo sentir mujer entre sus brazos mientras ella sollozaba tras haber explotado de placer.

Las casualidades no existen para ella, y no se volverá a encontrar con ellos porque aunque son distancias diferentes vuelven a tener un denominador común que los iguala: ambos se distanciaron de ella para siempre alejándose hasta desaparecer.

Y si en un arranque de infantilismo mira la lista de chicos, de hombres...que pasaron por su lado, se dará cuenta de que sólo lamenta no volver a ver a aquéllos con los que disfrutó del sexo, es decir, aquéllos a quien amó. Verá entonces cómo esa lista empequeñece hasta lo mínimo y no sabrá si alegrarse o apenarse por no saber lo que es amar.

2 comentarios:

FOLIE dijo...

Desearía comentarte mil cosas sobre las casualidades. Podría haberte escrito mil palabras sobre lo que creo de la indispensable titulación CCC (cabeza-corazón-clítoris). Te diría que da igual si las esperas o no, siempre llegan las casualidades. Pero me quedo con la casualidad (que me escuece) de ese número, esos mil kilómetros...

Clara dijo...

Nos equivocamos a menudo en el amor, a menudo herido, a menudo infeliz, pero soy yo quien vivió, y no un ser ficticio, creado por mi orgullo.

George Sand (1804-1876) Escritora francesa.