martes, 30 de noviembre de 2010

Bar à hôtesses



Giró su vaso y miró cómo la piedra de hielo daba vueltas manteniéndose a flote. Contó las burbujas que se habían formado: 27. No le gustaba; paradójicamente prefería los números pares. Le dio otra vuelta y volvió a contar: 49. El juego iba perdiendo su gracia. Levantó la vista de la copa y buscó clavarla en alguien, pero ni el barman parecía preocuparse de ella. Entonces se levantó y más seseante que zigzagueante se dirigió al aseo. Sentada, bajó su cabeza y se peinó con las manos. La levantó de golpe. Parecía una leona. Tras tirar de la cisterna, salió y se paró frente al espejo. Se vio sus dos lunares debajo de sus dos ojos y se le antojaron el par de lágrimas de un payaso. Era una simetría perfectamente triste. Ya de vuelta, observó que pegada a su butaca había otra. Se fijó que parecían un ying-yang con su blanco y negro. Se sentó no sin cierta dificultad, esperando a quien ocupase su lado derecho. Cansada de esperar, tomó su vaso y le dio una vuelta seca; luego un trago, un suspiro, un cigarrillo, una mirada al reloj...Notó un empujón. Era el barman. Barría el bar. Cerraba...