martes, 19 de abril de 2011

Hérédité






Las dos hermanas vuelven a encontrarse tras meses de desencuentro. La hermana mayor le ha tendido la mano; es su obligación, es la mayor-piensa. Lo ha hecho por responsabilidad y por conciencia. Ha renunciado a su orgullo, como siempre. La hermana pequeña mantiene el papel de hermana pequeña: caprichosa, consentida, tirana. La pequeña ha estudiado, es lista, independiente. La mayor los ha cuidado a todos, es abnegada, humilde, resignada.



Quedan para comer en territorio no neutral. La que invita elige campo. La mayor cocina sin ser navidad: entradas, pescado, carne...que todos puedan ser complacidos. La pequeña lleva ricos postres de rica pastelería. Comen, todos menos la mayor que sirve y apenas come. Hablan, banalidades siempre polemizables. No ríen, tensiones no resueltas. Sobremesa y se quedan solas. No hay momento para homenajes a los que ya no están. Hay que hablar de negocios. Porque la herencia es un negocio y la culpa no es del capitalismo. La culpa es del egoísmo. Piensan los padres en dejar como herencia la educación de sus hijos, los principios por los regirán su vida, los buenos sentimientos. Se preocupan y se ocupan para que sus hijos se desarrollen, se formen, encuentren algo sobre lo que poder sustentarse. Y llegan las hijas y parece que se aferran al recuerdo paterno en forma de billetes. Los principios se convierten en dinero. Y eso sí parece capitalismo. Son hijas de la postguerra, nietas de una guerra y no aceptan el armisticio. Vergüenza siente la mayor, sinvergüenza ha llamado a la pequeña.



Nunca creyeron que les pasaría a ellas, y seguro que hoy alguien se remueve en su tumba.



Dioses y héroes clásicos intervendrían en estos conflictos; pero no hay dios ni hay héroes. Hay villanos enfermos de dinero y de envidias.



Las dos hermanas se alejan tras el reencuentro. Llora la mayor de pena, de rabia la pequeña.



10 comentarios:

Diego VOLIANIHIL dijo...

Prohibiría las herencias, sobre todo los bienes inmuebles. He visto familias al borde de Puerto Hurraco por alguna vieja villa, caserio o chalet, en particiones extrañas de habitaciones y vacaciones, en debates prologados sobre la venta o no. La herencia es, en muchos casos, una bomba fatal.

joplin dijo...

Inmensamente triste y brutalmente real.
Que eso no nos puede pasar a nosotros(hermanos)es algo que siempre digo...
Desgraciadamente es algo que se vive a diario, unas veces por necesidad y otras por codicia.
Beso.

Clara dijo...

Yo tambien he visto familias desmigadas por repartos. Quiza no sabemos recibir la herencia de ser familia.

Luis Chacón dijo...

La mayor necesita dejar de dejarse pisotear... La peqeña necesita un buen pisoton...

Son al fin y al cabo, las dos caras de cada uno...

trapecista dijo...

lo has retratado a la perfección. No sé por qué se repiten esos roles familiares con tanta frecuencia. Hablamos del capitalismo como algo abstracto y lejano y sin embargo está tan presente como un cancer en nuestras conciencias, que las va pudriendo a medida que envejecemos

Sara dijo...

Tema éste que afecta a todos por igual.
Aparentemente todos lo tenemos claro, pero qué pasa luego?
Un beso, y gracias por pasar.

disancor dijo...

Te deseo felices días de Semana Santa.
Un saludo.

Sara dijo...

Muchas gracias, hombre.
Espero que sean días de pasión.

Layla dijo...

el dolor mercantilizado y negociado...si que parece capitalismo

disancor dijo...

Con las herencias como con los divorcios, todo va, más o menos, bien, hasta que empieza el reparto de los bienes.
Un saludo.