domingo, 7 de noviembre de 2010

L'historienne



Érase una vez una niña que tiraba botellas al mar con un mensaje dentro, y otra que miraba la luna desde su ventana todas las noches; había otra que escribía cartas y las guardaba en un cajón, y otra que gritaba al mar desde los acantilados.


Había un vez un niño que gritaba en la playa llamando a su mamá, y otro que se subía a los árboles para ver más allá; érase un vez un niño que mirando dentro de un pozo decidió saltar, y otro que partía los bichos en dos cachos.


Un día la niña de los mensajes en la botella se encontró con el niño que llamaba a su madre; los dos ya eran mayores y chocaron caminando por la playa. Se miraron y se dieron cuenta de que los dos iban buscando algo en su paseo por el arenal. Se dijeron:

-Hola, disculpa mi despiste, iba pensando en otra cosa.

-Sí, yo también. Camino mirando al suelo por si aparece algún tesoro.

-Yo miro siempre al frente por si encuentro lo que busco.

-¿Qué buscas?

-Respuestas

-Y tú, ¿qué tesoros esperas encontrar?

-Respuestas también.


Otro día la niña que de pequeña miraba la luna y ya se había convertido en una mujer, miraba por la ventana de su nuevo piso alquilado en el centro. No se veía ni un árbol; pero en la azotea de un edificio cualquiera vislumbró a un hombre tras un telescopio. Era el niño que de pequeño se subía a los árboles para ver más allá. Cuando él giró su telescopio, se encontró con la mirada de aquella niña alzándose hacia la luna llena, y cuando bajó, se clavó la mirada de la mujer en los ojos del hombre. Todas las noches se siguieron encontrando.


Un día la niña que escribía cartas que iban al cajón escribió un libro; se titulaba Escaleras para un pozo, y narraba la historia de un niño que jugando se había caído en un pozo, y cómo fue tallando en la piedra unos escalones durante años. En cada escalón escribía una palabra cuyo resultado final fue:

Guarda

Secretos

En el fondo

Que

Te llevarán

A la superficie.


Cierto día la niña que gritaba desde los acantilados al mar, decidió tirarse en acto consciente.

Aquella tarde el niño que disfrutaba abriendo bichos, convertido ya en un hombre, se enfrentó a la autopsia de una mujer bellísima que habían encontrado muerta flotando en el mar.


Y colorín colorado, el cuento de los cuatro niños ¿¿se ha acabado??


4 comentarios:

javier dijo...

La verdad es que uno en ocasiones no sabe si su destino lo dirige el azar o la razón.
Es cierto que podemos acabar practicando esa autopsia, o ser la desdichada suicida...

Podrían haberse dado otras realidades. Me imagino a los dos trabajando juntos en la sala de necropsias y quedando para tomar cafés.Pero también soy capaz de visualizarlos saltando al abismo juntos, cogidos de la mano...

Da igual lo que imaginemos... al final la puta realidad nos pone en el sitio menos deseado. Ojalá uno pudiera reescribir muchas cosas y planificar uno de esos reencuentros. Yo, por si acaso, sigo pensando en el mío. No quiero que se llegue a producir y me pille desprevenido.

Espero que sigas escribiendo con el corazón, Dora. Yo al menos siento el mío cuando entro aquí.

la chica de las biscotelas dijo...

es precioso, me encantan las historias norias!

Alicia Alina dijo...

Muy buen blog, me gusta y te leo de cerquiita.O.O
Una invitación al mío: globosagua.blogspot.com

Besos de purpurina, ali.

Sara dijo...

Bienvenida Alicia Alina. Muchas gracias por tu comentario; me pasaré por globosasgua y seguro que me apetece quedarme un buen rato.
CHica de las biscotelas,qué bueno volver a verte.
Javier,gracias por todo.