lunes, 18 de octubre de 2010

Escalier en colimaçon


Dora subió las escaleras sin mirar atrás. Se contoneaba a sabiendas de que aquellos ojos, y sobretodo aquella mirada, se habían posado en su culo desde el mismo momento en que la dejó pasar. Cuando llegó arriba, movió ligeramente el cuello amagando volverlo, pero como arrepentida, sólo tocó su pelo, colocándolo tras su pequeña oreja.


Cuando ya había decidido renunciar al coqueteo, sintió que él estaba tras ella. Era una presencia mayor que la de una sombra. Invadía su espalda, y abarcaba el espacio. Debió subir rápido aquellas escaleras, porque notaba su repiración sofocada. Disimuló su quietud mirando el mural imponente que coronaba la escalinata, y disfrutó pensando en ese hombre ahí parado; un hombre que podía cubrirla sólo con acercarse un poco más, un hombre al que darle la espalda para que respirara sobre su nuca, un hombre-manta para abrigarse, para resguardarse, para escondidos, pasar calor juntos.


Aguardaba el tacto de su mano. La pensaba sobre su hombro, fuerte; como la invitación callada a un irse juntos. Sin querer, o sin poder evitarlo, levantó el mentón alzando levementela cabeza y entrecerrando los ojos. Acompasó su respiración una, dos, tres...


- Se te ha caído el pañuelo- Le dijo con su voz ronca.


Dora entonces se volvió y el rubor subió a su cara.


-Ah, muchas gracias, soy un desasatre y siempre ando perdiendo cosas- Le contestó.


-Es precioso. A punto estuve de no decirte nada. No pude evitar olerlo y desear quedármelo.


-Ah, será mi perfume...


-Sí. Y ahora tengo la necesidad de olerlo sobre tu piel.


Sin mediar más palabra, Dora le ofreció la palma de su mano. Su dedo corazón en la mitad de su nariz, y la palma apretándole levemente los labios. Él hundió su cara en ella y la deslizó hasta la muñeca. Ahí posó la nariz y la punta de la lengua, provocándole un ligero escalofrío. Respiró profundamente. Dora alejó la mano y buscó su mirada.


-Me encanta.


-Gracias.


-Ha sido un placer.


El perfume embriaga los sentidos y provoca a las sensaciones.


Querría volver a olerte.


-Mejor quédate con mi pañuelo. Adiós.


Y así se fue, con el paso acelerado, sin el pañuelo y muy excitada.





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