domingo, 24 de octubre de 2010

Étiquettes.

Mala suerte.
Es lo que le dicen que tiene.

Ella al principio también lo creía, pero ahora ya cree que hay algo en ella que falla; es algo así como un imán invertido: al principio atrae fuertemente, pero una vez superado ese primer momento, provoca el efecto contrario (repulsión?).

Me estuvo contando historias, romances, relaciones...Se le ocurrió que podía etiquetarlas y clasificarlas como las entradas de los blogs. Había un grupo que le daba especialmente por el...

y es el grupo de los de "¿Puedo llamarte? te dicen una noche, y todavía estás esperando a que te llamen". Una vez que tienes claro que les gustas (porque eso se nota) ya te puedes empezar a romper la cabeza. Me hace gracia su orden de ideas:


  1. Anoté mal mi número de teléfono.

  2. Perdió el teléfono.

  3. Le ha ocurrido algo.

  4. Tenía novia y con la luz del nuevo día lo recordó.

  5. ¿Asusto?

Acumula varias historias de éstas y cuando nos las cuenta, hay gente que se ríe. Realmente ella lo cuenta con gracia, pero se nota que le jode. Por lo demás, ¿dónde está la gracia en que te generen una expectativa que no demandas y no la cumplan?


Cuando conoce a un chico, puede que al principio no se sienta fuertemente atraída hacia él, pero si él muestra interés, consigue que el de ella crezca. Siente una ilusión. Y esa noche o madrugada, cuando se acuesta sola, hace planes románticos.


Conoció a un inglés: alto, rubio, fuerte, joven...Fue dulce con ella, y al mismo tiempo supo aplicar la fuerza suficiente como para conseguir engancharla. Recuerda cómo la besó en la frente con ternura, y cómo la empotraba contra la pared con la fuerza de su pelvis. Se despidió preguntándole si podía llamarla. Ella marcó su número en su teléfono para que él lo guardara, él escribió su nombre y eso es lo último que recuerda. Esa madrugada, tumbada en la cama, se vio cruzando la campiña inglesa en un coche. Imaginó la mejor luna de miel: kilómetros y kilómetros viajados en coche, atravesando bellos parajes, escuchando viejas y nuevas melodías, cantando, charlando, jugando, deslumbrándose ante todo lo nuevo que aparecía ante sus ojos, aprendiendo inglés, haciendo paradas obligatorias para satisfacerse, durmiendo en viejos moteles de carretera, disfrutando de la única compañía del otro...


Se pasó siete noches pensando en la luna de miel en carretera.


La octava se fue acompañada a otra cama. El problema es que de ésa, sí se llevó un número de teléfono que ella no pidió. Se llevó un número y ninguna ilusión.


3 comentarios:

FOLIE dijo...

Me haces pensar en que quizás sea la etiqueta la que falla: objeto de deseo. Si en vez de ella nos pensaran y nos sintiéramos sujetos deseantes, creo que se escribirían de otro modo las esperas expectantes, la pasividad que sólo sabe de pestañeo provocativo, las ensoñaciones asomadas a la torre del castillo.

No sé si el inglés era más deseable que el de la octava noche... porque quiero pensar que no alimenta más la ilusión el hecho de esperar a ser ll-amada que el hecho de ser ll-amante.

El género humano tiende a despreciar un pelín los éxitos fáciles.
Yo siento, para rizar el rizo aún más, que a muchos hombres les atraen las mujeres que saben lo que desean y se mueven para satisfacerse. Pero a la mayoría, éstas mismas, les acojonan.

Me dan ganas de escribir sobre ello. Siempre me aguijoneas las ganas de reflexionar y escribir, qué maravilla...

linterna roja dijo...

Yo no sé si te he leído bien o como dice Oscar Wilde: “Las cosas son porque las vemos y lo que vemos y cómo lo vemos depende de las artes que hayan influido en nosotros"... pero qué penita.

Sara dijo...

Seguramente si la hubiese llamado también estaría decepcionada con algo; porque Dora ya no está segura de que haya hombre en el mundo para ella.
No deja de ser una cría que quiere y no quiere y que tiene mucho miedo.
No deja de ser una soñadora: koalas, lunas de miel sobre ruedas, submarinistas...
Y en el fondo creo que tampoco se resigna a su mala suerte y que seguirá intentándolo.
Un beso grande, y gracias, gracias...