viernes, 29 de octubre de 2010

Rompre le silence



Se hizo amiga de un niño autista. Ella sabe que es imposible una amistad convencional, pero sabe que son amigos. Siempre eligió sus amistades. Personas de amplia sonrisa, personas de lengua afilada, personas incombustibles para la marcha, personas de mirada limpia, personas con vida vivida, personas que saben escuchar, que quieren oír...Él cuando lo conoció era como una cría de pájaro; un niño que parecía vivir asustado y andaba de puntillas y de lado (con cuidado de no chocar con nadie ni de hacer ruido). De vez en cuando salmodiaba una canción, y de esa manera era la única de que asomara una sonrisa en su cara. Al reirse parecía una caricatura hermosa: su boca grande llena de dientes, sus ojos bizqueando, los mocos cayéndose. Decidió desde esa primera sonrisa, que ella se encargaría de provocarle más. Vio tantas cosas apretadas, escondidas pero cómodas, sin querer salir de ese cuerpo y de esa cabecita que no paraba de girar sobre sí misma con la misma canción.Deseaba ser conocedora de todo lo que pensaba, pero sobretodo deseaba saber lo que sentía.

El niño fue creciendo. Al principio de su amistad le tocó hacer de poli mala, preocuparse por sus estudios, que hiciera los deberes...Él le hacía el caso justo ( a veces ninguno). Después fue dejando que se preocupasen tanto otros, y ella pudo intentar ser más cómplice. Entonces empezó a tocarle; consiguió que "chocaran" como los americanos y comenzó a llamarle George. Él iba a buscarla todos los días. Se acercaba a ella y la saludaba mirando siempre al suelo, ella le preguntaba cualquier cosa´, él rápidamente respondía y ya se alejaba pero no mucho. Se mantenía cerca, y si alguien se acercaba a ella a preguntarle cualquier cosa o demandaba su atención, entonces George aparecía en un segundo plano; luego quería saber qué le habían dicho.

Llegó a la adolescencia y Dora lloró pensando en él, pero pudo ver cómo su vida se iba normalizando, cómo salía con algunos chicos,cómo algunas chicas lo cuidaban, cómo seguía canturreando.

Después de unos meses sin verse, donde supo que George había sido feliz viajando a Londres, llegó el reencuentro. Él apareció sigilosamente y acercándose con el mismo sigilo le dio dos besos.

Esos dos besos quedarán para siempre grabados en su alma. Son la expresión de la expresión. Son la prueba de su amistad junto con esa mirada que sabe que a veces le busca.

Querría poder evitarle todo el sufrimiento del mundo. Le gustaría que hubiera sido capaz de gritar cuando sus padres se separaron, que hubiese mandado a la mierda a aquéllos imbéciles que un día se metieron y se meterán con él, que aquella niña a la que un día hacía rabiar, le hubiera sonreido, que se fume su primercigarro con ella.

George va a ser un genio

pero George ya es genial.