domingo, 31 de octubre de 2010

Réciproque




Cuando la profundidad del beso hubo terminado y sus labios comenzaban a separarse, abrió los ojos. Lo hizo lentamente, como quien se despierta de un dulce sueño. Clavó su mirada en sus pupilas y quiso entrar en ellas.



Cuando después de hacer el amor se fundieron en un largo abrazo para perpetuar la unión habida, quiso dejar de apretar para sentirse apretada, pero no podía aflojar la tensión. Quiso amarle con los brazos.



Cuando aquella caricia se posó en su pecho, quiso ser dulce como la caricia, pero despertó su instinto más salvaje. Reaccionó como si lo recibido fuese un bofetón. Le mordió la boca. Quiso que también corriera su sangre como lo hacía la de ella.



Cuando queriendo sorprenderla tapó sus ojos y rozó los labios con su cuello, sintió que querían asfixiarla. Volvió el rostro. Quiso darle la espalda y se encontró con su cara.



Quizás entenderse no era cosa de dos. Quizás primero debía entenderse a sí misma.



viernes, 29 de octubre de 2010

Rompre le silence



Se hizo amiga de un niño autista. Ella sabe que es imposible una amistad convencional, pero sabe que son amigos. Siempre eligió sus amistades. Personas de amplia sonrisa, personas de lengua afilada, personas incombustibles para la marcha, personas de mirada limpia, personas con vida vivida, personas que saben escuchar, que quieren oír...Él cuando lo conoció era como una cría de pájaro; un niño que parecía vivir asustado y andaba de puntillas y de lado (con cuidado de no chocar con nadie ni de hacer ruido). De vez en cuando salmodiaba una canción, y de esa manera era la única de que asomara una sonrisa en su cara. Al reirse parecía una caricatura hermosa: su boca grande llena de dientes, sus ojos bizqueando, los mocos cayéndose. Decidió desde esa primera sonrisa, que ella se encargaría de provocarle más. Vio tantas cosas apretadas, escondidas pero cómodas, sin querer salir de ese cuerpo y de esa cabecita que no paraba de girar sobre sí misma con la misma canción.Deseaba ser conocedora de todo lo que pensaba, pero sobretodo deseaba saber lo que sentía.

El niño fue creciendo. Al principio de su amistad le tocó hacer de poli mala, preocuparse por sus estudios, que hiciera los deberes...Él le hacía el caso justo ( a veces ninguno). Después fue dejando que se preocupasen tanto otros, y ella pudo intentar ser más cómplice. Entonces empezó a tocarle; consiguió que "chocaran" como los americanos y comenzó a llamarle George. Él iba a buscarla todos los días. Se acercaba a ella y la saludaba mirando siempre al suelo, ella le preguntaba cualquier cosa´, él rápidamente respondía y ya se alejaba pero no mucho. Se mantenía cerca, y si alguien se acercaba a ella a preguntarle cualquier cosa o demandaba su atención, entonces George aparecía en un segundo plano; luego quería saber qué le habían dicho.

Llegó a la adolescencia y Dora lloró pensando en él, pero pudo ver cómo su vida se iba normalizando, cómo salía con algunos chicos,cómo algunas chicas lo cuidaban, cómo seguía canturreando.

Después de unos meses sin verse, donde supo que George había sido feliz viajando a Londres, llegó el reencuentro. Él apareció sigilosamente y acercándose con el mismo sigilo le dio dos besos.

Esos dos besos quedarán para siempre grabados en su alma. Son la expresión de la expresión. Son la prueba de su amistad junto con esa mirada que sabe que a veces le busca.

Querría poder evitarle todo el sufrimiento del mundo. Le gustaría que hubiera sido capaz de gritar cuando sus padres se separaron, que hubiese mandado a la mierda a aquéllos imbéciles que un día se metieron y se meterán con él, que aquella niña a la que un día hacía rabiar, le hubiera sonreido, que se fume su primercigarro con ella.

George va a ser un genio

pero George ya es genial.



miércoles, 27 de octubre de 2010

Rouge à lèvre



De la importancia de los gestos.

Si hay uno que le produce fascinación es correrse todo el carmín de los labios a la cara con la fuerza arrebatada y cerrando los ojos de pura concentración.

¿Por qué?



domingo, 24 de octubre de 2010

Étiquettes.

Mala suerte.
Es lo que le dicen que tiene.

Ella al principio también lo creía, pero ahora ya cree que hay algo en ella que falla; es algo así como un imán invertido: al principio atrae fuertemente, pero una vez superado ese primer momento, provoca el efecto contrario (repulsión?).

Me estuvo contando historias, romances, relaciones...Se le ocurrió que podía etiquetarlas y clasificarlas como las entradas de los blogs. Había un grupo que le daba especialmente por el...

y es el grupo de los de "¿Puedo llamarte? te dicen una noche, y todavía estás esperando a que te llamen". Una vez que tienes claro que les gustas (porque eso se nota) ya te puedes empezar a romper la cabeza. Me hace gracia su orden de ideas:


  1. Anoté mal mi número de teléfono.

  2. Perdió el teléfono.

  3. Le ha ocurrido algo.

  4. Tenía novia y con la luz del nuevo día lo recordó.

  5. ¿Asusto?

Acumula varias historias de éstas y cuando nos las cuenta, hay gente que se ríe. Realmente ella lo cuenta con gracia, pero se nota que le jode. Por lo demás, ¿dónde está la gracia en que te generen una expectativa que no demandas y no la cumplan?


Cuando conoce a un chico, puede que al principio no se sienta fuertemente atraída hacia él, pero si él muestra interés, consigue que el de ella crezca. Siente una ilusión. Y esa noche o madrugada, cuando se acuesta sola, hace planes románticos.


Conoció a un inglés: alto, rubio, fuerte, joven...Fue dulce con ella, y al mismo tiempo supo aplicar la fuerza suficiente como para conseguir engancharla. Recuerda cómo la besó en la frente con ternura, y cómo la empotraba contra la pared con la fuerza de su pelvis. Se despidió preguntándole si podía llamarla. Ella marcó su número en su teléfono para que él lo guardara, él escribió su nombre y eso es lo último que recuerda. Esa madrugada, tumbada en la cama, se vio cruzando la campiña inglesa en un coche. Imaginó la mejor luna de miel: kilómetros y kilómetros viajados en coche, atravesando bellos parajes, escuchando viejas y nuevas melodías, cantando, charlando, jugando, deslumbrándose ante todo lo nuevo que aparecía ante sus ojos, aprendiendo inglés, haciendo paradas obligatorias para satisfacerse, durmiendo en viejos moteles de carretera, disfrutando de la única compañía del otro...


Se pasó siete noches pensando en la luna de miel en carretera.


La octava se fue acompañada a otra cama. El problema es que de ésa, sí se llevó un número de teléfono que ella no pidió. Se llevó un número y ninguna ilusión.


miércoles, 20 de octubre de 2010

La Femme



No tuvo conciencia de femenina hasta la adolescencia, pero tuvo conciencia feminista desde pequeña. Por épocas potencia su femineidad, y hay momentos en los que no la siente como suya. Parece vivir siempre en la transición de niña a mujer, y no encuentra su sitio.

Tiene sonrisa de niña y mirada de mujer.

Siente como una niña y vive como una mujer.

Me contaba que tenía la regla, y que no necesitaba ni una compresa, que con un salvaslip le servía. Le dije que eso era una suerte, y que muchas mujeres la envidiarían por ello. Me contestó que ella quería sentirse mujer, y que con tan poca regla se sentía medio mujer. Una tercera persona se rió, y la llamó dramática y exagerada. Yo le dije que me contara por qué...

-Sara, me vino la regla a los 13 años y fue una fiesta. Me moría de ganas de tenerla y ser como las demás. Quería tener algo que contar como:" a quién se lo había dicho primero". Me inventé una historia ante las chicas del colegio. Les dije que se lo había contado a mi padre porque tenía más confianza con él que con mi madre. Una mentira más. Se lo dije a un padre que me miró y me dijo "eh?". Tardó tres meses en volverme, y cuando lo hizo era la víspera de un viaje a la montaña con campamento incluído. Bajamos un río en piragua. Gané, pero perdí mi regla por tres meses más. Luego empezaron las relaciones sexuales y los embarazos psicológicos. Entonces apareció la píldora. Con ella llegó la regularidad a mi vida. Aparecía la regla y desaparecía el sexo. La historia se repite durante años hasta que tras mi última ruptura decido dejar la píldora. No es que sea una suicida camicace, pero lo parezco. Aparecen los tests de embarazo y las pruebas médicas. Necesito explicar porqué soy una mujer sin regla. Estoy sana (por lo menos de eso, ¿qué es eso?), pero no sangro por ahí.

Quizás es que yo sea una mujer que sangre por otro sitio, Sara.


lunes, 18 de octubre de 2010

Escalier en colimaçon


Dora subió las escaleras sin mirar atrás. Se contoneaba a sabiendas de que aquellos ojos, y sobretodo aquella mirada, se habían posado en su culo desde el mismo momento en que la dejó pasar. Cuando llegó arriba, movió ligeramente el cuello amagando volverlo, pero como arrepentida, sólo tocó su pelo, colocándolo tras su pequeña oreja.


Cuando ya había decidido renunciar al coqueteo, sintió que él estaba tras ella. Era una presencia mayor que la de una sombra. Invadía su espalda, y abarcaba el espacio. Debió subir rápido aquellas escaleras, porque notaba su repiración sofocada. Disimuló su quietud mirando el mural imponente que coronaba la escalinata, y disfrutó pensando en ese hombre ahí parado; un hombre que podía cubrirla sólo con acercarse un poco más, un hombre al que darle la espalda para que respirara sobre su nuca, un hombre-manta para abrigarse, para resguardarse, para escondidos, pasar calor juntos.


Aguardaba el tacto de su mano. La pensaba sobre su hombro, fuerte; como la invitación callada a un irse juntos. Sin querer, o sin poder evitarlo, levantó el mentón alzando levementela cabeza y entrecerrando los ojos. Acompasó su respiración una, dos, tres...


- Se te ha caído el pañuelo- Le dijo con su voz ronca.


Dora entonces se volvió y el rubor subió a su cara.


-Ah, muchas gracias, soy un desasatre y siempre ando perdiendo cosas- Le contestó.


-Es precioso. A punto estuve de no decirte nada. No pude evitar olerlo y desear quedármelo.


-Ah, será mi perfume...


-Sí. Y ahora tengo la necesidad de olerlo sobre tu piel.


Sin mediar más palabra, Dora le ofreció la palma de su mano. Su dedo corazón en la mitad de su nariz, y la palma apretándole levemente los labios. Él hundió su cara en ella y la deslizó hasta la muñeca. Ahí posó la nariz y la punta de la lengua, provocándole un ligero escalofrío. Respiró profundamente. Dora alejó la mano y buscó su mirada.


-Me encanta.


-Gracias.


-Ha sido un placer.


El perfume embriaga los sentidos y provoca a las sensaciones.


Querría volver a olerte.


-Mejor quédate con mi pañuelo. Adiós.


Y así se fue, con el paso acelerado, sin el pañuelo y muy excitada.





domingo, 17 de octubre de 2010

C'est dégoûtant


Llevo días queriendo escribir algo bello, y no puedo. Me siento, me tumbo, cierro los ojos, miro por la ventana...y sólo hay una palabra que se me viene a la cabeza: "asco". Cuando una quiere escribir algo bello, y la única palabra que la envuelve es "asco", mejor no escribir.


Hubo una tentativa:

"Asco. Le confesó que había deseado que ella fuera la madre de sus hijos sabiendo que su mujer ya estaba embarazada. Asco. Pensó que era lo que ella sentía hacia él cuando le dijo que no quería tener sexo. Asco. Por aquél que no entiende nada, y que lo lía todo. Asco. Por no cuidarla, por asustarla, por perderla".


Me gustan las historias bonitas aunque sean tristes, pero destesto todo aquello que se convierte feo de puro real.

Nadie tiene derecho a apagar sonrisas

a generar muecas

a cortar alas

a llenar de sombras días de luz

a encerrar pasiones, a manchar inocencias, a sembrar desconfianzas.

Nadie debe engendrar sus demonios en el otro.


Encontré a Dora temerosa, hundida, angustiada...queriendo encerrarse para aislarse de los peligros que ella misma sentía provocar. Me dijo que sentía asco de sí misma y de su vanidad. Asco de necesitar la adulación.

Y yo, sin poder evitarlo, me he contagiado de asco.

Y no sé qué decirle...

domingo, 10 de octubre de 2010

Le mythe de la caverne



Un día cualquiera de otoño...


-Quítate las botas.

-No.

-Por favor, quítate las botas.

-No. Y luego, ¿qué querrás que me quite?

-Los pantalones.

-¿Y luego?

-Las bragas.


Una semana después en otro paisaje otoñal...


-¿Qué quieres que me quite?

-Los zapatos.

-¿Y luego?

-Los pantalones y las bragas.


No me voy a quitar nunca las botas, Sara, ni los zapatos. No voy a despejar el camino hacia su placer, mientras no encuentren las palabras que como las de AliBaba lograron abrir la cueva del tesoro. Las botas son como el escudo del guerrero que llevo en esos momentos, y que me protege de la agresión que me puede suponer un cuerpo extraño con palabras manidas.

Y eso es lo peor, lo que hace que no te llegues a sentir especial ni única; unas palabras formuladas, un texto aprendido, una receta, un salmo, una blasfemia contra la magia.

Qué graciosos los fetichistas del zapato, los adoradores nocturnos del pie, los amigos del ritual...

No creo que existan, Sara.

Son fetichistas de lo fácil, hedonistas de su pene y no son amigos míos...







martes, 5 de octubre de 2010

Squelette



En el cuerpo a cuerpo se sentía como una destripadora. Diseccionaba visual y mentalmente todas las partes de su cuerpo y las del otro.

Focalizaba la atención en los genitales y a veces perdía la concentración.

Un torso peludo en el que se pierde adivinando canas.

Unos hombros objeto del fetichismo.

Un ombligo en el que indagar intimidades.

Unas caderas en las que dibujar ángulos.

Unos muslos a los que retar en fuerza.

Unos pies para comparar.

Unas manos que atar.

Unos párpados para besar.

Una nariz en la que hurgar.

Y un perfil por el que pasear.

Unas ingles que acariciar.

Unas nalgas a prueba de confortabilidad.

Una espalda y a traición.

Unas rodillas casi siempre frías.

La vista panorámica y cenital de una cabeza entre sus piernas.

Unos ojos que se fijan en una mirada.

Unas uñas dispuestas para una garra.

Un costado que ofrece bienestar.

Un cuello que se ofrece dilatado.

Bocas hambrientas, sedientas, secas, tristes...

Dientes que escarban

Lenguas que buscan


Pensaba que pocas veces había encontrado poesía en el sexo, pese a lo desnudo de los cuerpos.


Pensaba que su voz no sonaba poética.







domingo, 3 de octubre de 2010

Curiosité



Se despertó con una sonrisa. Hacía tiempo que no le pasaba, y eso que la noche anterior había tenido un escarceo; que lejos de sacarle una sonrisa le colocó una mueca. Ya lo contará cuando lo encuentre gracioso.

Había soñado con el nacimiento de su hijo. Curiosamente el parto había sido asistido dentro de un coche por su padre (de ella que no de la criatura que obviamente sería hijo de madre soltera). Un parto que curiosamente no dolió; al recordarlo, lo rememora como si de tirar un pedo se hubiese tratado. Que su padre fuera la comadrona, que el parto no doliera , que hubiera parido a un niño con nombre propio y que pariera en un coche (escenario último del escarceo) le sorprendía poderosamente. Se alejaba de todo lo previsible.

Pero lo que hizo que se enganchara al sueño y que evitara despertarse fue que Antonio (nombre propio del niño) era un niño-koala. Un bebé pelón que se abrazó a ella desde que nació y que permació así durante todo el sueño, despertándole una sensación preciosa. Curiosamente no le molestaba, ni le pesaba, ni le impedía ir a ningún sitio. Fue en ese sueño donde se compró su primera moto, en la que montaba para ir a la playa con su madre y el niño-koala. Recuerda decir "ves mamá cómo me la tenía que haber comprado antes". También fue a un circo sin carpa, al aire libre, donde se sentía muy ágil con Antonio pegado a ella, pero sobre todo donde se sentía feliz. Recuerda también marcharse de vacaciones con unas amigas en furgoneta y su niño enganchado a ella como el koala al tronco.

No cree que sea la primera vez que sueñe con un parto, o con un hijo, o con su padre...pero sí es la primera vez que lo hace con un koala de nombre Antonio.

Fue un sueño lleno de ternura donde sintió el tacto como el sentido primordial y la unión y la fusión y la protección y el aferrarse en vez de abrazarse...




viernes, 1 de octubre de 2010

Lexique


¡Cuánto trabajo tienen los profesores de Lengua!

El desuso, el mal uso, el abuso...

¡Qué poco se aprovechan sus clases cuando se tiene oportunidad y cuánto se extrañan luego, cuando faltan!

Con qué desprecio se habla de las lenguas muertas (a excepción del griego).

Y qué poco se valoran las minoritarias.

Arduo trabajo el del profesor de Lengua.

Ella hacía tiempo que no utilizaba la suya para otra cosa que no fuera lamer sus propios labios, casi siempre resecos. También hurgaba en las oquedades que oradaban sus muelas. En su lengua, cuando alguien apretaba los dientes al dormir, le decían "rucar los dientes". Pues ella rucaba los dientes. No se enteró porque se lo dijera ningún amante; se lo dijo el dentista. La solución pasaba por disfrazarse de boxeadora para dormir apretando un molde. Vería inexorablemente ir menguando su dentadura día tras día.

No hacía mucho tiempo alguien le había dicho que le parecía que había crecido. Ella se sorprendió porque entendía que ya estaba en edad de empezar a menguar. En una muestra de lo relativo de la vida, no hacía mucho tiempo también alguien le había dicho que últimamente la veía como encogida sobre sí misma. Finalmente acusó a los tacones y a su potente efecto óptico.
Y precisamente escogió unos altísimos para ir a cenar con aquel profesor de Lengua que también debía saber latín.


Quizás esa noche se usara, se abusara...