jueves, 29 de julio de 2010

Enflammer



A las niñas con abrigo rojo siempre les ocurre algo trágico.

A las chicas de ropa interior roja siempre les pasa algo emocionante.

A las mujeres con vestido rojo siempre les silba un albañil.



A las abuelas no les gusta el rojo.

A Dora le gusta el abrigo de letras que cubre de sombra su cuerpo mientras toma el sol desnuda.

Le gusta que sea la suave brisa que trae el mar su ropa interior.

Espera que su vestido sea la caricia

Y anhela un baño de lengua

Y secarse con el calor de la respiración en su nuca.
Y peinarse con Sus dedos y mirarse en el espejo de sus ojos.

Y pintarse los labios con el rojo de los besos

Y en los ojos el velo de la mora de la morería

Y en las uñas el rojo de la sangre que yace con el magma de los confines

Y las mejillas del rubor que enciende la mecha que detona de fuegos artificiales el abrir de sus ojos tras el batir de emociones.


A Dora le gustan las abuelas a las que no se les puede hablar de sexo






3 comentarios:

javier dijo...

Tienes razón. A las niñas de rojo pueden pasarles cosas terribles, pero también tremendamente absurdas como a Caperucita. El caso es que yo creo que ese cuento no nos lo han contado como pudo haber sucedido. Versiones tiene la Literatura con desenlaces más propios de estos meses de tórrido calor o, sin echarle la culpa al clima, de la tórrida mente humana.

En otras ocasiones lo absurdo se torna trágico. Recordemos uno de los momentos más conmovedores de “La lista de Schindler”, cuando entre el caos aparece una niña, cuyo vestido destaca por ser de color rojo, y no estar en blanco y negro como el resto de la película. Vemos cómo la niña pasa entre soldados y judíos, entre balas y cadáveres, representando la inocencia e insignificancia. Después nos impacta ver a la niña de la chaqueta roja muerta, quemada, en una carretilla.

Bueno, volvamos a lo tórrido. Yo hubiese empleado el término lencería en vez de ropa interior. El primero está cargado de erotismo, de víscera, de pasión. Nos evoca escenas y situaciones de fogosidad y de placer. El segundo carece de lujuria o de frenesí. Suena más bien a sección de textil en Carrefour.

Solucionado este punto, aún seguimos con dilemas irresolubles como el de lencería fina negra o roja. Dice la Moda que las chicas más atrevidas apuestan por el negro, al ser el color del erotismo y de la femme fatale que seduce y atrapa. Joder que equivocada está la moda en ocasiones. Dice la Moda también que el rojo es el símbolo de la pasión y que es la elección más generalizada cuando se desea despertar el instinto sexual de la pareja. ¿Pero quién tiene dormido ese instinto? Resultará al final que la Moda no está tan enterada o que tiene una vida sexual aburrida o más centrada en los tópicos.
Los daltónicos del sexo disfrutan más de la suavidad de la piel, de las fragancias, de las miradas pícaras e insinuantes, del latir de un corazón, de la respiración jadeante…

No me quiero alargar ahora con si es mejor la seda, el encaje, el raso o el algodón; o con si no hay nada mejor que la postura del loto o un ambiente de espejos. Lo que es cierto, y no está sujeto a discusión, es que merecemos cumplir todos nuestros anhelos, que nos merecemos todos los besos que hemos soñado, que si hay que sufrir sea por disfrutar, que la vida hay que llenarla de color, pero también de calor.

Anónimo dijo...

Pourquoi donc le rouge..? parceque comme tu dis si bien dans le titre de ton récit, chère Dora, tout ce qui s´enflamme vire au rouge, tout ce qui pique,tout ce qui vit, tout ce qui palpite en fin de compte.

Sara dijo...

Dora est rouge.
Sara est rouge aussi.