miércoles, 7 de julio de 2010

Une mauvaisse plaisanterie




Dicen que el sentido común es el menos común de los sentidos, pero ella pensaba que era el del humor.

No podía presumir de tener un buen carácter, ni de ser la más estable del mundo, ni la más fácil.

Tampoco es que fuera la alegría de la huerta ni que una sonrisa iluminara constantemente su cara. Su humor muchos días era de perros; sobretodo cuando dormía mal, no hacía sol, no se cumplían sus planes, tenía que esperar, la insultaban al volante, le dolía la barriga o la cabeza, o el cuello o la garganta...

Definitivamente no podía presumir de su sentido del humor.

Pero le gustaba mucho reirse. Quizás fuese de las cosas que más le gustaban en la vida. Reirse a mandíbula batiente, reirse hasta que se tuviese que frotar las mejillas y la cuenca de la boca de lo que le dolía, reirse hasta que se le marcaran bien las arrugas...
Un día, de bien jovencita, cuando el maquillaje sobra pero nunca es suficiente, se rió mucho. Tanto que uno que no sabía si tenía sentido del humor pero que sí gracia, al ver la marca que había producido la mezcla de risa y maquillaje, la llamó Joker.
Y colorín colorado esta historia...Porque...se podía haber enrollado con el simpático,no?
Pero le demostró que no tenía sentido del humor alguno cuando ella a su gracia le respondió con un...Sí, claro, tengo su mismo culo...Y él lejos de querer apreciarlo, se marchó todavía enfadado.