jueves, 7 de julio de 2011

Sexe estival


Capítulo aparte merecen todos aquéllos que disfrazados de caballeros no dudan en eyacular dentro de la boca de una mujer sin previo aviso; amparándose luego en una advertencia no advertida por la entregada dama.
Ni que decir tiene el caso de aquéllos que parecen dormir como troncos en la cama de ellas. Ante tamaña injusticia, ellas dan pataditas, patadones, culazos o incluso besos aparentemente cariñosos que intentan despertar a las marmotas. Una vez conseguido que se desplacen queda por lograr que se despierten para que se larguen:
-mmm, oye,  creo que te están llamando al móvil...
-mmm, creo que estoy oyendo ladrar a tu perro; pobre, solito en casa...
-¿no extrañas tu cama y tu almohada?
Para otro capítulo darían aquéllos que quizás todavía medio dormidos, olvidan casualmente alguna de sus cosas en las casas de las susodichas...

Compartir intimidad sobre un colchón no siempre es fácil y compartir el colchón, menos.

9 comentarios:

José Luis Moreno-Ruiz dijo...

Excelente taxonomía, Sara.
Eso es ir a la raíz de las cosas en vez de andarse por las ramas retóricas de un cierto feminismo melifluo y de cuota de poder, o monjil-marxista-leninista del Niño Jesús y de la Virgen.
Confieso que muchas veces, oyendo conversaciones masculinas de vestuario deportivo (me he jactado siempre de no participar en ellas, ahí queda eso), he tenido la sensación de que ser hombre puede ser, equivalentemente, tantas veces, ser un cerdo. Y conste que por nada del mundo quisiera ser tenido por eso que llaman "un hombre solidario con las mujeres".
JL

sara dijo...

Las que para unos son feministas, para otros son pringadas(nunca mejor dicho).
Gracias por comentar este texto.

Advenedizo. dijo...

Por muy dañino que sea para el romanticismo, el único modo coherente de dormir en condiciones es en soledad. Claro que, llegados a cierto punto, tanta soledad no compensa el infinito placer de contracturarte entero abrazado al cuerpo que adoras.

Otro día hablaremos del olor de las camas compartidas. Delicioso o pestilente en función de factores tanto orgánicos como afectivos.

Un cordial saludo.

Sara dijo...

Pues sí.

Un saludo cordial.

Javier dijo...

Dormir con otra persona es un coñazo.

Saludos.

sara dijo...

Eso decimos los que no dormimos bien...

Saludos.

Olalla H. Ranz dijo...

A mí me encanta dormir acompañada. Será que somos animales de costumbres

sara dijo...

Yo lo soy...
pero me acostumbro mejor a lo bueno que a lo menos bueno...
un beso

Rorschach dijo...

Nunca te llegas a acostumbrar, pero curiosamente después, en ciertas noches solitarias llenas de humo y secuelas, echas de menos alargar la mano y abrazar ese cuerpo incómodo y caliente que consume más de dos tercios de la cama.
Yo tampoco lo entiendo.
Beso.